La central de Candelaria encara su cierre: qué significa realmente para Tenerife
La central térmica de Candelaria ha regresado al centro del debate energético en Tenerife. Y no por casualidad. Las decisiones oficiales adoptadas en los últimos meses permiten afirmar que su continuidad ya no se plantea como hasta hace poco. Pero conviene empezar con una advertencia elemental: una cosa es que su cierre quede encauzado y otra muy distinta que la central esté ya apagada, clausurada y fuera del sistema.
Ese matiz no es menor. De hecho, es el núcleo del debate. Porque Candelaria no ha sido solo una instalación industrial incómoda desde el punto de vista territorial y paisajístico. También ha formado parte del respaldo gestionable del sistema eléctrico insular. Por eso, la cuestión seria no es únicamente si debe desaparecer. La cuestión seria es con qué se sustituye su función y en qué calendario real. El propio MITECO justificó en 2024 un concurso específico para reforzar a largo plazo los sistemas eléctricos aislados, con 1.361 MW para territorios no peninsulares y una reserva de 370 MW para Tenerife.
Qué ha ocurrido de verdad con la central de Candelaria
El hecho más relevante es la Resolución de 3 de febrero de 2026 de la Dirección General de Política Energética y Minas, publicada en el BOE el 24 de febrero. Esa resolución resuelve el procedimiento de concurrencia competitiva para el otorgamiento de la compatibilidad retributiva en territorios no peninsulares y deja fuera a las solicitudes previstas en el emplazamiento de Candelaria. El BOE identifica, además, restricciones urbanísticas para TF-CA-01 y TF-CA-02, así como el desistimiento de TF-CA-03 y TF-CA-04.
A partir de ahí, el Gobierno de Canarias hizo una lectura política muy clara. El 5 de febrero de 2026, el consejero Mariano H. Zapata afirmó públicamente que la resolución “declare el cierre” de las centrales de El Charco y Candelaria. Esa declaración existe y forma parte de la noticia. Pero sigue siendo una interpretación política de una resolución administrativa que no fija, por sí sola, una fecha pública de apagado definitivo de la instalación.
Por tanto, a 25 de marzo de 2026 sí puede afirmarse con rigor que el hecho de que Candelaria encara su cierre ha quedado encaminado en el plano político y regulatorio. Lo que no puede afirmarse con el mismo rigor es que la central haya desaparecido ya del mapa operativo de Tenerife.
Por qué el cierre de la central de Candelaria no significa un apagado inmediato
El mejor antídoto contra el triunfalismo apresurado está en otra fuente oficial reciente. El BOC de 25 de marzo de 2026 publica el anuncio de 20 de febrero por el que se da publicidad a la Resolución de 19 de febrero de 2026 que modifica la autorización ambiental integrada de la instalación denominada “Central Térmica de Candelaria”. Es decir, la central sigue existiendo administrativamente como instalación activa y sujeta a regulación ambiental.
Ese documento no retrata una central normalizada y expansiva, sino una central restringida y en retirada. La resolución publicada describe grupos de vapor, motores diésel y turbinas de gas, y recoge limitaciones de funcionamiento ya vigentes para varias unidades. El cuadro que dibuja es el de una instalación cada vez más arrinconada, pero no todavía el de una instalación extinguida.
En un sistema eléctrico insular, además, estas diferencias semánticas no son un lujo académico. Son una necesidad operativa. “Cierre” puede significar muchas cosas en el plano político. En operación de sistema, en cambio, cerrar una central significa poder prescindir realmente de ella sin comprometer cobertura, reservas ni seguridad de suministro. Ese salto entre el titular y la realidad física nunca es automático.

Qué función ha cumplido la central térmica de Candelaria en Tenerife
La central de Candelaria ha sido durante años una pieza del soporte térmico gestionable de Tenerife. No se trata solo de energía producida, sino de capacidad de respaldo en un sistema aislado donde la firmeza y la respuesta operativa siguen siendo esenciales. Esa es precisamente la lógica que explica que el Estado haya impulsado un concurso específico para reforzar la potencia firme en territorios no peninsulares.
Por eso, desmontar su papel no equivale simplemente a celebrar su retirada. Hay que sustituir técnicamente su función. Y eso exige nueva potencia gestionable, respaldo de emergencia, mayor flexibilidad del sistema y una transición renovable capaz de integrarse con seguridad. En otras palabras: una central no se sustituye solo retirando chimeneas. Se sustituye cuando el sistema puede absorber su salida sin volverse más frágil. Esta conclusión se desprende del propio diseño del refuerzo estatal para sistemas aislados y de las actuaciones posteriores en Tenerife.
Cómo se está reorganizando el sistema eléctrico de Tenerife
La resolución estatal de febrero de 2026 muestra con bastante claridad que Tenerife no está cerrando Candelaria en el vacío. Lo que aparece es una reordenación del respaldo gestionable del sistema en otros emplazamientos. El BOE incorpora nuevas actuaciones en Granadilla, Los Realejos y Dique del Este, además de ampliaciones e inversiones en otras instalaciones de la isla.
A eso se suma la inauguración, el 13 de marzo de 2026, de la planta de emergencia de La Campana, con 9 MW de generación gestionable para respaldo del sistema Tenerife-La Gomera. El propio Gobierno de Canarias explicó que esta planta estará generalmente apagada y solo se activará en situaciones de emergencia para evitar un apagón. El dato es pequeño en potencia, pero enorme en significado: Tenerife sigue necesitando apoyos de seguridad mientras la transición no esté plenamente resuelta.
La lectura conjunta de estas decisiones es clara. Primero se reorganiza el soporte técnico del sistema. Después puede culminarse el cierre de centrales antiguas. Pensar lo contrario sería confundir deseo político con secuencia operativa.
La gran contradicción de la transición energética en Tenerife
Cerrar Candelaria es, desde muchos puntos de vista, una buena noticia. Lo es para el territorio. Lo es para el paisaje. Y lo es para una ciudadanía que lleva años viendo esa central como la imagen visible de un modelo energético envejecido. Además, el propio Gobierno canario ha presentado el desenlace regulatorio de febrero como un avance político relevante.
Pero no conviene engañarse. Cerrar una central antigua no equivale automáticamente a descarbonizar el sistema. El nuevo mapa de respaldo para Tenerife sigue incluyendo potencia gestionable convencional en varios emplazamientos. Puede ser más flexible, más moderna o mejor adaptada a un sistema con más renovables, pero eso no significa todavía que la isla haya resuelto su dependencia estructural de la generación fósil.
La transición energética seria no consiste en mover el fósil de sitio y dar el problema por resuelto. Consiste en reducir de verdad la dependencia estructural de la generación fósil mediante renovables útiles, almacenamiento, red, control y flexibilidad. Lo otro puede ser una mejora territorial o una victoria parcial. Pero no aún una descarbonización completa.
Qué se puede afirmar con rigor sobre el futuro de Candelaria
A 25 de marzo de 2026, el cierre de la central de Candelaria puede describirse con rigor como un proceso encauzado, no como un apagado inmediato consumado. Esa formulación encaja tanto con la resolución estatal de febrero como con la publicación, ese mismo 25 de marzo, del anuncio relativo a la modificación de su autorización ambiental integrada.
También puede afirmarse que Tenerife está reorganizando el respaldo de su sistema antes de culminar ese cierre. Lo demuestran tanto las actuaciones adjudicadas o previstas en otros emplazamientos como la puesta en servicio de la planta de emergencia de La Campana.
Lo que no sería riguroso es vender hoy el asunto como si todo estuviera ya resuelto. No lo está. El cierre de Candelaria no será plenamente real en términos energéticos hasta que Tenerife disponga de una alternativa suficiente, estable y coherente con una transición verdaderamente descarbonizada. Esa es la parte difícil. Y también la decisiva.
Conclusión: cerrar Candelaria bien será más importante que anunciarlo deprisa
La central de Candelaria sí encara su cierre. Negarlo ya no tendría sentido a la vista de las decisiones oficiales conocidas. Pero tampoco sería serio vender ese cierre como si fuera ya una realidad física consumada. Lo que hoy existe es una retirada encauzada y una reordenación paralela del sistema eléctrico de Tenerife.
La cuestión verdaderamente importante no es si Candelaria debe cerrarse. Debe cerrarse. La cuestión es si Tenerife está construyendo de verdad el sistema que permita cerrarla bien: sin improvisación, sin debilitar la seguridad de suministro y sin sustituir una dependencia fósil por otra con distinto decorado. Ahí es donde se medirá la seriedad de la transición energética en la isla.



















