El Espectáculo del Aislamiento: Netanyahu, Trump y el Ocaso del Multilateralismo en la ONU
La reciente Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York no será recordada por sus avances en la paz mundial o la acción climática. Al contrario, ha quedado marcada en la memoria colectiva como el escenario de un bochornoso ejercicio de aislacionismo y desprecio por la legalidad internacional. Este escenario ha sido protagonizado por dos figuras que han hecho del anacronismo su bandera: Benjamin Netanyahu y Donald Trump. Sus intervenciones, lejos de ofrecer soluciones a un mundo en crisis, han ahondado las brechas. Además han supuesto un insulto a la inteligencia y la dignidad de la comunidad global.
Netanyahu: La Soberbia ante un Plenario Vacío
La intervención del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, fue un acto de soberbia que se encontró con elocuentes asientos vacíos y el abandaje de la sala por parte de decenas de delegaciones. No es para menos. En un momento en que el mundo observa con horror la catástrofe humanitaria en Gaza, Netanyahu utilizó el mayor foro mundial no para buscar la paz, sino para justificar lo injustificable y desafiar cualquier atisbo de solución dialogada.
Su rechazo frontal a la solución de los dos Estados, la única vía viable para una paz justa y duradera, y su burda comparación de las críticas a sus políticas con el antisemitismo nazi, no solo son falacias históricas, sino una estrategia deliberada para eludir su responsabilidad ante el derecho internacional. La imagen de un líder hablando ante una sala semivacía, entre abucheos de los presentes, es la metáfora perfecta de su actual posición en el mundo. Un líder aislado, aplaudido únicamente por los sectores más ultras y alejado de cualquier consenso democrático. Agradecer a Trump su apoyo no hizo más que subrayar la naturaleza de una alianza basada en el desdén por las instituciones globales.
Trump y el Negacionismo Climático como Arma Geopolítica
Por su parte, Donald Trump regresó al podio de la ONU con un discurso que mezclaba la autopromoción más descarnada con un peligroso ataque a la realidad científica. Calificar la crisis climática como «la mayor estafa de la historia» no es una simple opinión excéntrica. Es una declaración de guerra contra el futuro del planeta y contra las naciones más vulnerables que ya sufren sus devastadoras consecuencias.
Este negacionismo climático militante es la piedra angular de su visión del mundo. Una en la que la cooperación es signo de debilidad y la explotación de combustibles fósiles, un símbolo de fortaleza nacional. Al atacar a la ONU por su «ineficacia» y, simultáneamente, presumir de haber resuelto conflictos internacionales de forma unilateral, Trump revela su profundo desprecio por la diplomacia y el multilateralismo. Su discurso no busca construir puentes, sino dinamitarlos. Reforzar una agenda nacionalista que ignora deliberadamente que los mayores desafíos de nuestro tiempo —desde las pandemias hasta el calentamiento global— no entienden de fronteras.

Reacciones Internacionales: Entre la Indignación y la Preocupación
La reacción del resto de líderes mundiales no se hizo esperar. La firmeza del presidente chileno, Gabriel Boric, al calificar el negacionismo de Trump como «una mentira que hay que enfrentar», encapsula el sentir de una mayoría de naciones. El abandono de la sala durante la intervención de Netanyahu es un gesto diplomático de una contundencia inusual. Evidencia que la paciencia de la comunidad internacional con sus políticas de ocupación y castigo colectivo se ha agotado.
La Unión Europea, a través de sus representantes, ha mostrado una profunda preocupación por el debilitamiento del orden internacional basado en reglas. El espectáculo ofrecido por Trump y Netanyahu confirma los peores temores. El eje del populismo ultra y el nacionalismo aislacionista no solo no ha desaparecido, sino que se enorgullece de su desprecio por la paz, los derechos humanos y la sostenibilidad del planeta.
Una Encrucijada para la Humanidad
Lo visto en Nueva York es más que una anécdota vergonzosa. Es un síntoma de la grave encrucijada en la que nos encontramos. Por un lado, una visión del mundo que nos arrastra hacia el pasado, basada en la ley del más fuerte, el desprecio por la ciencia y la perpetuación de conflictos. Por otro, la urgente necesidad de reforzar la cooperación, acelerar la transición energética y defender un sistema donde los derechos humanos sean universales y la paz, el objetivo prioritario.
El bochorno de Trump y Netanyahu en la ONU debe servir como una llamada de atención. La indiferencia es cómplice. Es hora de que las fuerzas progresistas, la sociedad civil y los gobiernos democráticos del mundo redoblen sus esfuerzos para construir un futuro de justicia social, climática y paz. El planeta y la dignidad de sus pueblos dependen de ello.
















