🟠 La comparación imposible: ¿por qué se le exige más a la izquierda que a la derecha?
En política, no hay neutralidad verdadera. Los medios no son neutrales. El poder judicial no es neutral. La opinión pública, cuando está moldeada por estructuras de influencia mediática e ideológica, tampoco lo es. Y aunque la democracia debería aspirar a ser un espacio donde todos los actores son evaluados con los mismos criterios, lo cierto es que a la izquierda —y especialmente al Gobierno progresista de Pedro Sánchez— se le exige mucho más que a la derecha.
Esa diferencia de rasero no es accidental. Es estructural. Tiene raíces históricas, intereses económicos detrás y una red de influencias conservadoras que operan desde las redacciones, los juzgados, los púlpitos mediáticos y los grandes despachos. La derecha ha construido su impunidad como quien construye una fortaleza: con paciencia, con poder y con mucho dinero.
📌 Escándalos que no escandalizan
Cuando el Partido Popular gobernaba, la corrupción era sistémica: tramas como Gürtel, Púnica, Lezo, Taula, los sobresueldos en B, la caja del partido, los discos duros destruidos con martillo, los SMS a Bárcenas, la policía patriótica… Y sin embargo, la palabra “dimisión” apenas se pronunciaba. Los medios lo trataban como “errores del pasado”. Y los votantes conservadores, en su mayoría, miraban para otro lado.
Hoy, basta que una persona del entorno del Gobierno sea investigada —ni siquiera imputada o condenada— para que se exija la dimisión inmediata del presidente, la repetición electoral y casi un estado de excepción.
¿Dónde está la coherencia? ¿Dónde está la proporcionalidad? ¿Dónde están las portadas cuando la derecha tropieza?
📌 Medios y poder judicial: la pinza del relato
El poder mediático en España sigue profundamente vinculado a intereses económicos conservadores. Las grandes cabeceras están dirigidas, financiadas o presionadas por grupos empresariales que temen un Estado fuerte, unos sindicatos con voz o una política fiscal redistributiva. Por eso, cuando gobierna la izquierda, todo es caos, desgobierno, radicalidad o peligro para la unidad de España. Y cuando gobierna la derecha, todo es moderación, estabilidad y sentido de Estado.
Y lo mismo ocurre con ciertos sectores del poder judicial, especialmente en las altas instancias: decisiones que afectan a ministros progresistas se filtran a los medios con días de antelación, los informes policiales se utilizan como arma política, y ciertos magistrados actúan como comentaristas editoriales con toga.
No es que todos los jueces o periodistas estén alineados con la derecha, pero sí existe una red de poder muy eficaz que sabe cuándo y cómo golpear. Y cuando se trata de un gobierno progresista, no hay clemencia.
📌 El precio de gobernar desde la ética
El progresismo se ha acostumbrado a una autoexigencia permanente. Dimisiones por sospechas, rendición de cuentas por detalles, explicaciones por cada matiz. Y eso está bien. De hecho, es lo que debería hacerse en cualquier democracia. Pero cuando eso solo se exige a un lado, se convierte en un arma de desgaste.
El problema no es la ética. El problema es que la ética solo se aplica a unos, mientras se permite la impunidad estructural de los otros.
Pedro Sánchez ha cometido errores, sí. Ha sido ambiguo en momentos clave. Ha tardado en reaccionar. Pero ha dimitido a más cargos por cuestiones éticas que ningún presidente anterior. ¿Puede decir lo mismo la derecha?
📌 ¿Y la ciudadanía?
Lo más doloroso no es la hipocresía del poder, sino la resignación de una parte de la ciudadanía, que ha interiorizado este doble rasero como algo inevitable. Como si la izquierda tuviera que ser siempre perfecta para merecer gobernar, mientras que la derecha solo necesita no robar demasiado.
Hay que romper con esa lógica. Hay que exigir coherencia, pero también justicia. Y eso empieza por reconocer que la vara de medir no puede ser más exigente con quienes legislan para la mayoría que con quienes gobiernan para las élites.
🟢 Conclusión: sin igualdad en la crítica, no hay igualdad democrática
Una democracia madura necesita instituciones que no midan según el color del gobierno. Necesita medios que investiguen con la misma intensidad a unos y a otros. Y necesita una ciudadanía que no confunda exigencia con persecución, ni autocrítica con autoflagelación.
A Pedro Sánchez se le puede —y se le debe— exigir más. Pero no se le puede exigir más solo porque es de izquierdas. Porque mientras la derecha siga blindada en su impunidad estructural, y la izquierda siga castigada por su propia honestidad, el sistema estará desequilibrado, y la democracia incompleta.
















