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El gobierno de Javier Milei (I)

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Desde que Javier Milei asumió la presidencia, Argentina ha sido escenario de un experimento político y económico que promete «libertad» pero que, en los hechos, ha profundizado la desigualdad, la precariedad y el sufrimiento de millones. No se puede hablar de libertad cuando las medidas implementadas benefician a una élite mientras el resto del país paga el costo. Aquí un repaso, breve pero contundente, de las políticas más polémicas de su gobierno y lo que han significado para los argentinos.

Eliminación del Salario Mínimo.

Con la excusa de fomentar el empleo, Milei eliminó el Salario Mínimo Interprofesional, dejando a los trabajadores expuestos a sueldos ínfimos que no alcanzan para cubrir lo básico. Esta medida no trajo más trabajo, solo más precariedad. Porque ¿qué «libertad» hay en aceptar un sueldo miserable para sobrevivir?

Dolarización.

La dolarización fue vendida como la solución mágica a la inflación, pero lo que realmente hizo fue entregar el control de la economía al extranjero. Ahora, el futuro del país depende de lo que decida la Reserva Federal de Estados Unidos, no de lo que necesiten los argentinos. ¿Eso es libertad? No. Es dependencia.

Subida de la edad de jubilación.

En un país con altos niveles de informalidad y trabajos precarios, Milei decidió que los argentinos deben trabajar más años antes de jubilarse. Esto condena a los sectores más vulnerables a seguir en el mercado laboral hasta que sus cuerpos no den más, mientras una minoría privilegiada disfruta de sus años dorados sin preocupación.

Salarios en especies.

Milei permitió que los empleadores puedan pagar a los trabajadores con productos o servicios en lugar de dinero. Una medida que parecía enterrada en el pasado más oscuro de la historia laboral volvió para quedarse. ¿Qué tipo de futuro construye un país que permite este nivel de humillación a quienes trabajan día a día para salir adelante?

Contratos sin formalización.

Para empleadores con menos de cinco trabajadores, Milei eliminó la obligatoriedad de formalizar contratos. Esto no fomenta el empleo, solo legaliza la explotación. Los trabajadores quedan sin derechos, sin aportes previsionales y sin seguridad laboral. Una medida que beneficia solo a quienes quieren aprovecharse de la necesidad ajena.

Eliminación de subsidios.

Con la quita de subsidios a la energía, el transporte y los alimentos, Milei hizo que la vida diaria sea más cara para millones de familias. Mientras el gobierno recorta, los hogares más vulnerables cargan con el peso del ajuste. Todo esto, mientras los sectores más ricos continúan gozando de beneficios fiscales.

Privatización de empresas estratégicas.

Empresas como YPF y Aerolíneas Argentinas, además de servicios esenciales, fueron privatizadas bajo la promesa de «eficiencia». Pero lo único que ha aumentado son las tarifas, dejando a muchas personas sin acceso a servicios básicos. El patrimonio nacional no debería ser un botín para unos pocos.

Reforma educativa.

El sistema de «vouchers» educativos y los recortes a la educación pública han profundizado las desigualdades en el acceso al conocimiento. Mientras las familias de menores recursos ven cómo las escuelas públicas pierden calidad, las instituciones privadas florecen para quienes pueden pagar. La educación dejó de ser un derecho y pasó a ser un lujo.

Privatización del sistema previsional.

El gobierno trasladó las jubilaciones al sector privado, exponiendo los ahorros de los trabajadores a los vaivenes del mercado financiero. Esto no garantiza pensiones dignas, solo mayores ganancias para los administradores de fondos, dejando a los jubilados con menos y a las empresas privadas con más.

Política exterior.

La salida del BRICS y el alineamiento total con Estados Unidos han debilitado la posición estratégica de Argentina. En lugar de diversificar relaciones y fortalecer su soberanía, el país se ha subordinado a intereses extranjeros, abandonando alianzas clave con socios como Brasil y China.

Un modelo de privilegio.

El gobierno de Milei no ha sido un proyecto de libertad, como se prometió, sino uno de exclusión y retroceso. Bajo su mandato, las políticas han priorizado el beneficio de unos pocos mientras millones enfrentan la precarización, el empobrecimiento y la pérdida de derechos. Libertad para los ricos, miseria para los demás. Argentina no puede ni debe resignarse a este modelo. El futuro del país no está en manos de un mercado desregulado ni en la eliminación de derechos fundamentales. Está en construir un modelo inclusivo, solidario y justo, donde el bienestar de todos sea la prioridad. La verdadera libertad no es privilegio; es justicia.

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