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El gobierno de Javier Milei (III)

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Javier Milei lo ha vuelto a hacer. Esta vez no solo se ha dedicado a dinamitar la economía argentina con su circo ultraliberal, sino que ahora también ha decidido jugar a ser el profeta de las criptomonedas con $LIBRA, una maravillosa «oportunidad de inversión» que en menos de 24 horas pasó de ser el futuro financiero de Argentina a una monumental estafa de la que, por supuesto, él no tiene ni idea. Milei, el libertario infalible, el economista supremo, el genio de las finanzas, resulta que ahora tampoco sabía que estaba promocionando una criptomoneda fraudulenta que se desplomaría en cuestión de horas y desaparecería con más de 4.000 millones de dólares. Pero tranquilos, argentinos, que él ya borró su tuit, así que problema resuelto.

No es que sea la primera vez que Milei juega a ser el oráculo del desastre financiero. Ya lo hizo con CoinX, otra «gran oportunidad» que terminó con miles de argentinos estafados y con él lavándose las manos como si su rostro y su nombre no hubieran sido la garantía para que incautos depositaran sus ahorros en el esquema. Pero claro, el problema nunca es él, el problema son los demás: los argentinos no deberían ser tan ingenuos, deberían haber sabido que, si Milei recomienda algo, lo más probable es que sea un fraude. Al fin y al cabo, en su mundo la estafa no es un problema, el problema es el «estatismo», la «cultura del pobrismo» y los «zurditos» que insisten en que un presidente debería, por lo menos, evitar hundir a su propia gente en fraudes multimillonarios.

Pero, ¿qué se podía esperar de un hombre que dice que recibe consejos de su perro muerto? No es broma, no es exageración, no es una metáfora. Javier Milei toma decisiones basándose en lo que le dice su perro Conan desde el más allá, a través de una médium que, suponemos, le cobra en «libertad financiera» y en dogecoin. Y esta es la persona que maneja la economía de un país, la misma que decide si los jubilados pueden comer, si los trabajadores pueden tener un salario digno o si los enfermos pueden acceder a un hospital. Un tipo que literalmente cree que su difunto perro le dicta la política de Estado. El perrito le debe haber dicho que era buena idea promocionar una criptomoneda fraudulenta. Tal vez también fue Conan quien le sugirió que el comercio de órganos humanos debería estar regulado por el mercado, como si vender un riñón fuera igual que vender una tostadora usada en Mercado Libre.

Porque claro, en la mente de Milei no existe la dignidad humana, solo la oferta y la demanda. Si un pobre quiere seguir viviendo, que se venda un riñón. Si un jubilado no llega a fin de mes, que busque más libertad. Si el costo de la electricidad se dispara porque eliminó los subsidios, pues que el mercado lo solucione. Porque, según él, la libertad es absoluta… salvo cuando se trata de la libertad de exigir un salario justo, la libertad de tener un retiro digno o la libertad de vivir en un planeta habitable, porque también niega el cambio climático. Sí, el mismo tipo que habla con su perro muerto y que promociona estafas financieras también cree que el calentamiento global es un invento de la izquierda internacional para oprimir a los empresarios.

Pero no se preocupen, que Milei tiene las soluciones. Y entre ellas está legalizar todas las drogas, porque qué mejor forma de fomentar la «libertad individual» que permitir que los mercados vendan heroína en un kiosco. ¿Problemas de salud pública? ¿Criminalidad asociada? ¿Impacto social? No importa, porque todo se resuelve con más mercado. Aunque si el plan falla y la gente se queda sin un peso para comer, tal vez el próximo gran negocio libertario será una nueva criptomoneda con la cara de su perro Conan, para que el ciclo de estafas continúe mientras él sigue gritándole a los periodistas, negando la realidad y recortando todos los derechos sociales en nombre de una «libertad» que solo beneficia a los más ricos.

Porque eso es lo que realmente hace Milei. Su gobierno no es más que una gran estafa piramidal donde los de abajo siempre pierden. Los trabajadores pierden cuando elimina el salario mínimo. Los jubilados pierden cuando sube la edad de retiro. Los estudiantes pierden cuando privatiza la educación. Los enfermos pierden cuando desmantela la salud pública. Y ahora, los ciudadanos pierden sus ahorros en estafas criptográficas que él mismo promociona y de las que después se desentiende con la velocidad con la que borra un tuit.

Este es el hombre que gobierna Argentina. Un hombre que ha convertido la política en un show de insultos y teorías conspiranoicas, que en lugar de liderar un país actúa como si fuera un influencer de YouTube promoviendo inversiones dudosas. Un presidente que vive atrapado en su propia burbuja de delirio y que, mientras habla con su perro muerto, deja a millones de argentinos sin futuro. Argentina no está gobernada, está a la deriva, con un hombre al timón que prefiere jugar al gurú financiero antes que asumir la responsabilidad de ser jefe de Estado. Y mientras tanto, el país se hunde, los estafados se multiplican y el próximo desastre está a la vuelta de la esquina. Porque si algo ha demostrado Milei es que, cuando se trata de destruir un país, siempre se puede ir más lejos.

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