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Canarias frente al espejo de la inejecución presupuestaria

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El abismo entre el papel y la calle en la ejecución presupuestaria

Hoy quiero invitarte a mirar detrás del telón de la administración canaria. Las cifras macroeconómicas suelen ser áridas. Sin embargo, narran la historia más íntima de nuestra sociedad. Las decisiones presupuestarias determinan quién recibe ayuda y quién queda a la intemperie. Es un termómetro moral absoluto. ¿Te has preguntado alguna vez adónde va el dinero que se promete pero nunca se gasta?

La cronificación de un letargo institucional

El año 2024 nos dejó una radiografía desoladora del Gobierno de Canarias. Los datos son, francamente, un golpe al estómago. La ejecución presupuestaria cayó a un pírrico 89,8%. Este es el nivel más bajo registrado en los últimos doce años en el archipiélago. Se dejaron en el cajón nada menos que 1.289 millones de euros. Imagina esa magnitud. Hablamos de dinero disponible, asignado y recaudado, que jamás llegó a pisar la calle.

Excusas burocráticas para realidades asfixiantes

Desde la Consejería de Hacienda justificaron este descalabro aludiendo a la incertidumbre. Señalaron la prórroga de los Presupuestos Generales del Estado. Culparon al retraso en las entregas a cuenta. Suena razonable desde la quietud de un despacho cerrado, ¿verdad? Pero la calle no entiende de prórrogas legislativas cuando la urgencia aprieta. Es difícil explicar los bloqueos de la burocracia a una familia que espera meses por una valoración de dependencia. La falta de agilidad institucional se traduce en dolor cotidiano. Un gobierno con vocación progresista debería usar cada céntimo disponible para blindar derechos. Aquí, paradójicamente, la hucha contable está llena mientras los servicios públicos agonizan.

2025: El espejismo de una recuperación cosmética

Podríamos pensar que el severo susto de 2024 serviría como un revulsivo definitivo. Se nos anunció a bombo y platillo que 2025 marcaría un punto de inflexión estructural. La retórica oficial celebró alcanzar un 92,6% de ejecución presupuestaria. Lo vendieron como el mayor avance porcentual reciente. Cierto. Hubo un ligero despertar administrativo. Las operaciones corrientes experimentaron cierta fluidez.

El peso aplastante de la letra pequeña

Sin embargo, el Ministerio de Hacienda español ha rebajado drásticamente esa euforia institucional. Sus datos recientes constatan que el Ejecutivo autonómico dejó de gastar 1.051 millones de euros en 2025. En tan solo tres años, más de 3.400 millones de euros se han quedado en el limbo. Es una anomalía democrática insostenible. Se trata de recursos vitales sustraídos del flujo social. Las inversiones directas del gobierno en 2025 disminuyeron en 78 millones respecto a 2023. La mejora es, en gran medida, un mero trampantojo financiero.

Los fondos europeos en la cuerda floja

El drama se intensifica radicalmente al mirar hacia Europa. Los fondos Next Generation representaban una oportunidad histórica para democratizar la economía canaria. Era el momento exacto para apostar por una transición ecológica justa y una digitalización verdaderamente inclusiva. ¿Qué ha ocurrido en realidad? Las proyecciones actuales indican que se podrían perder alrededor de 528 millones de estos fondos por falta de ejecución. Es un tren que pasa una sola vez en la vida de una generación. Perderlo significa renunciar a modernizar nuestro tejido productivo. Significa, sobre todo, abandonar a las clases trabajadoras dentro de un modelo económico altamente precario y caduco.

¿Incompetencia técnica o manual de demolición ideológica?

Llegados a este punto, necesitamos hacernos una pregunta muy incómoda. Una duda razonable que flota en el aire de las asambleas ciudadanas y los pasillos sindicales. Ante tal magnitud de fondos no ejecutados reiteradamente, ¿estamos ante un simple problema de gestión técnica? Resulta sumamente difícil creer que una estructura autonómica tan amplia sufra de semejante ineptitud continuada. Los funcionarios públicos canarios son profesionales altamente cualificados. El embudo, por pura lógica, se sitúa en la cúspide de la toma de decisiones políticas.

La doctrina de asfixiar lo público

Existe una estrategia política bien documentada en ciertas corrientes del pensamiento conservador contemporáneo. Consiste en no alimentar la maquinaria estatal de manera deliberada. Si tú dejas el dinero inmovilizado sistemáticamente, el servicio público colapsa lentamente por pura inanición. Las listas de espera sanitarias se vuelven inasumibles para la ciudadanía. La educación pública pierde competitividad frente a los centros privados. Entonces, como por arte de magia, emerge el discurso salvador de los mercados. Se argumenta que lo público es inherentemente ineficiente. Se abren las puertas de par en par a las externalizaciones y a los lucrativos conciertos privados.

Piénsalo un momento con detenimiento. Quizás esos miles de millones inejecutados no sean un simple accidente administrativo. Tal vez sean el combustible invisible de una transición hacia un modelo social mucho menos solidario. Una ortodoxia fiscal encubierta que prioriza la contracción del Estado del Bienestar frente a la equidad ciudadana. Gobernar no es solo legislar en el parlamento. Gobernar es ejecutar el gasto para redistribuir la riqueza. Cuando decides no gastar, estás tomando una decisión ideológica fortísima. Estás diciendo que el libre mercado, y no la comunidad, debe suplir las carencias sociales.

Canarias frente al espejo

La tecnología como excusa o como solución

A menudo nos dicen que el cuello de botella es estrictamente informático. Los dirigentes se escudan en la falta de herramientas digitales adecuadas para procesar subvenciones o adjudicar contratos. Es indudable que la administración canaria padece un rezago tecnológico histórico muy severo. Los sistemas de tramitación parecen anclados en décadas pasadas. Las plataformas fallan estrepitosamente cuando los ciudadanos intentan solicitar ayudas básicas.

El fracaso de la modernización administrativa

Sin embargo, esta profunda carencia técnica también es fruto directo de una inejecución previa. Si no se invierte el presupuesto en digitalización inclusiva a tiempo, el sistema colapsa cíclicamente. Es la pescadilla que se muerde la cola sin fin. En lugar de desarrollar interfaces amigables para la población, se perpetúa una burocracia digital profundamente hostil. Esta brecha tecnológica castiga desproporcionadamente a los sectores más vulnerables de nuestras islas. Las personas mayores y los hogares sin acceso estable a internet quedan excluidos del escaso reparto de recursos.

El coste humano del letargo presupuestario

Alejémonos de las calculadoras por un instante y bajemos a los barrios. Canarias sufre de forma crónica algunas de las tasas de riesgo de pobreza más alarmantes de todo el país. La emergencia habitacional es un clamor insoslayable en cada isla. Los jóvenes no pueden emanciparse porque el alquiler especulativo devora íntegramente sus precarios salarios. En este contexto de fragilidad sistémica, guardar el dinero en las arcas es una irresponsabilidad social mayúscula.

Canarias y la periferia del bienestar

Cada millón de euros no ejecutado es un retroceso directo en derechos civiles. Es un centro de salud que no se moderniza en las islas no capitalinas o una red de transporte público sostenible que jamás llega a las medianías. Es una política de conciliación familiar que se queda reducida a papel mojado en los boletines oficiales. La sostenibilidad no consiste únicamente en proteger espacios naturales. Consiste en crear una robusta red de seguridad que sostenga a las familias cuando la economía global tiembla. La inejecución ahonda la dolorosa brecha entre una élite que no depende de lo público y una mayoría que necesita ese escudo protector.

La parálisis frente al desafío climático

Además, la necesaria transición ecológica exige inversiones audaces, decididas y extraordinariamente rápidas. Canarias, por su frágil naturaleza insular, es un territorio extremadamente vulnerable a la actual crisis climática. El constante retraso en la aplicación de los fondos ambientales frena bruscamente la democratización energética. Seguimos dependiendo fatalmente de combustibles fósiles contaminantes mientras el sol y el viento nos rodean a diario. No invertir masivamente hoy es hipotecar irreversiblemente el futuro de las próximas generaciones. La justicia intergeneracional nos exige audacia financiera, no cobardía contable.

Sociología de la resignación ciudadana

Existe un fenómeno sociológico muy preocupante derivado de esta constante parálisis institucional. Se llama fatiga democrática. Cuando la ciudadanía comprueba que los presupuestos históricos nunca se traducen en mejoras tangibles en sus barrios, el cinismo florece irremediablemente. Nos acostumbramos, poco a poco, a la dolorosa precariedad de nuestros hospitales. Normalizamos el hecho inaceptable de estudiar en barracones prefabricados. Asumimos con tristeza que los trenes de la modernización social siempre pasarán de largo por nuestro archipiélago.

La normalización de la carencia

Esa resignación ciudadana silenciosa es oro molido para mantener intacto el statu quo. Un pueblo que no exige la ejecución íntegra y transparente de sus recursos es un pueblo fácilmente maleable. Desactivan nuestra capacidad de reivindicación legítima mediante la técnica del agotamiento burocrático. Luchar frontalmente contra esta desafección es el gran reto progresista de nuestra época contemporánea. Debemos politizar urgentemente la inejecución presupuestaria. Hay que convertir las hojas de balance olvidadas en potentes pancartas de protesta cívica.

Hacia una gobernanza de la empatía y la equidad radical

La política presupuestaria canaria debe recuperar cuanto antes su pulso humanista original. No podemos conformarnos con gobiernos que actúan como meros cajeros automáticos atascados de forma crónica. La inmensa riqueza generada por el esfuerzo diario de la sociedad canaria tiene que volver íntegramente a ella. Es urgente y vital exigir mecanismos de fiscalización ciudadana mucho más estrictos y punitivos. Si un gobierno no gasta lo pactado anualmente, debe rendir cuentas de forma inmediata ante la ciudadanía soberana.

Reinventar el contrato social

Necesitamos imperiosamente una administración que sienta una auténtica prisa por alcanzar la igualdad. Una burocracia ágil y empática que entienda que cada día de retraso administrativo tiene un altísimo coste humano incalculable. La riqueza pública existe para dinamizar la equidad sistémica de abajo hacia arriba. Nunca debe usarse para engordar los márgenes de un superávit estéril en tiempos de crisis social aguda. Te invito a cuestionar permanentemente las frías cifras oficiales que nos presentan. Preguntémonos qué intereses ocultos se benefician realmente cuando el Estado decide cruzarse de brazos. La verdadera prosperidad de Canarias no se medirá por el dinero que ahorra su gobierno en una cuenta bancaria. Se medirá, inevitable e irrevocablemente, por la dignidad que es capaz de garantizar a cada uno de sus habitantes.

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