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La retórica hueca como estrategia en política exterior

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La retórica hueca como estrategia: la intervención de Feijóo y el descrédito parlamentario


Una intervención marcada por el oportunismo

La comparecencia de Alberto Núñez Feijóo ha vuelto a ilustrar, con meridiana claridad, la deriva de la oposición conservadora hacia un oportunismo sistemático que confunde la crítica legítima con la erosión permanente de la confianza ciudadana. Si algo caracterizó su intervención fue la incapacidad de presentar una propuesta constructiva o un mínimo análisis riguroso de la agenda internacional que el Gobierno de España ha desplegado en las últimas semanas.

Convertir los tres encuentros internacionales en un mero pretexto para insinuar conspiraciones y ridículos imaginarios no es solo una muestra de mezquindad política, sino una irresponsabilidad que degrada el debate público y abona el descrédito de las instituciones.


El abuso del adjetivo como sustitutivo del argumento

Feijóo dedicó buena parte de su intervención a calificar al presidente de farsante, menos leal, aislado y carente de credibilidad, pero no ofreció un solo dato verificable que sostuviera esas afirmaciones. La insistencia en describir la Cumbre de la OTAN como un “ridículo internacional” contrasta con la realidad de un Gobierno que ha defendido con claridad una postura prudente sobre el gasto en defensa y que, lejos de aislarse, ha sumado posiciones con otros socios europeos que también entienden que la seguridad no puede ser incompatible con la cohesión social.

La retórica de Feijóo, basada en el abuso del adjetivo como sustitutivo del argumento, evidencia la pobreza intelectual de su propuesta exterior, que reduce la política internacional a un simple decorado donde proyectar frustraciones domésticas.


La hipocresía fiscal y la doble vara de medir

Resulta paradójico que quien más critica la supuesta irresponsabilidad presupuestaria del Gobierno sea el mismo dirigente que rehúsa mencionar que España cerrará 2024 con uno de los mayores crecimientos económicos de Europa y que ha logrado movilizar un volumen histórico de fondos europeos. La referencia obsesiva a la deuda pública omite que gran parte del aumento procede de la respuesta a la pandemia y de medidas de protección social que contaron, en su día, con un amplio consenso parlamentario.

El argumento de Feijóo cae, por tanto, en una doble vara de medir: cuando la deuda crece por recortes fiscales a los más ricos, se presenta como dinamismo económico; cuando crece por proteger salarios y empresas, se convierte en prueba de supuesta incompetencia.


El desprecio por la acción exterior como coartada partidista

Otro de los pasajes más reveladores fue la descalificación de la Conferencia de Financiación para el Desarrollo en Sevilla, presentada como un intento de “tapar la corrupción” mientras se celebraba un encuentro histórico con 192 países. Esta lectura mezquina y provinciana olvida que la política exterior es un compromiso de Estado y que España no puede permitirse la frivolidad de despreciar foros internacionales que contribuyen a reforzar su posición en un mundo convulso.

La crítica permanente a la acción exterior, en clave exclusivamente partidista, demuestra que Feijoo no comprende, o no quiere comprender, que la presencia internacional no es un lujo, sino una responsabilidad inherente al liderazgo democrático.


Una retórica de la sospecha que degrada la política

Quizá el rasgo más inquietante de la intervención fue la forma en que el líder del Partido Popular convirtió la tribuna parlamentaria en una suerte de foro de desconfianza generalizada, donde toda palabra del presidente era presuntamente falsa y todo compromiso internacional, una maniobra opaca. Esa retórica de la sospecha permanente, en la que se mezclan titulares sensacionalistas con medias verdades, erosiona la credibilidad no solo del Gobierno, sino de la democracia representativa en su conjunto.

Si la oposición aspira a ser una alternativa seria, debería abandonar esta pulsión de descrédito absoluto que solo alimenta el cinismo ciudadano y fortalece los discursos populistas.


La ausencia de proyecto frente a la necesidad de altura de miras

La intervención de Feijóo confirmó, en suma, que el Partido Popular carece de un proyecto internacional coherente. Ni una propuesta concreta sobre el futuro de la defensa europea, ni una visión articulada sobre cómo conjugar seguridad y Estado del Bienestar, ni una sola idea para construir alianzas en un mundo fragmentado. Solo una secuencia de reproches, hipérboles y descalificaciones que delatan una pobreza de ambición política.

Frente a un mundo que exige altura de miras, cooperación y sentido de Estado, la intervención de Feijóo ha sido el reflejo de un líder encerrado en la táctica, incapaz de ofrecer un horizonte a la ciudadanía y prisionero de la necesidad constante de denigrar al adversario.


En democracia, la crítica es imprescindible. Pero la crítica sin alternativas es solo ruido que empobrece la conversación pública. Y en esa deriva, la oposición conservadora vuelve a mostrar que, por ahora, su único plan es impugnarlo todo sin proponer nada.

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