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Un experimento esclarecedor

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La problemática

Desde hace un tiempo para acá utilizo la inteligencia artificial (buenos las inteligencias artificiales porque en la actualidad utilizo cinco de pago y muchas más gratuitas) para realizar tareas de todo tipo, tanto en casa como en el trabajo, tanto para cuestiones domesticas, como profesionales o como lúdicas. Concretamente para muchas de las cuestiones que hago en las redes o en este blog, me apoyo en ellas y la verdad es que te potencian de una manera increíble.

Pero claro, cuando hablas de esto, todo el mundo tienen en mente lo que nos han contado en las películas a lo largo de todo este tiempo y surge el pensamiento simplista de «le pides a la IA un artículo, te lo hace, lo cuelgas y ya está. Eso no tiene ningún valor».

Lógicamente para poder entender lo falaz de este comentario, tendríamos que explicar como funciona realmente todo este mundo, pero creo haber encontrado un ejemplo más gráfico que lo puede expresar mucho mejor.

El experimento

He cogido un IA cualquiera, en esto caso fue Gemini de Google, le he dado el rol (puedes hacer que una IA se comporte como tu le digas) de un «analista político de corte liberal conservador» y le he pedido que me haga una valoración en 100 palabras de la última legislatura de Pedro Sánchez. EL resultado fue el siguiente:

«Desde una perspectiva liberal-conservadora, la legislatura 2020-2023 del gobierno de coalición de Pedro Sánchez se define por la debilidad estructural derivada de su dependencia parlamentaria del separatismo y la izquierda radical. Esta situación condujo a graves concesiones institucionales, como los indultos y la reforma del delito de sedición, que erosionaron el Estado de Derecho y el principio de igualdad. En el plano económico, se optó por un aumento desmedido del gasto y la deuda pública, evidenciando irresponsabilidad fiscal. Finalmente, la imposición de una agenda de leyes ideológicas generó una profunda polarización y fractura social».

Luego he cogido la misma IA y ahora le he dado el rol de un «analista político de corte progresista», pidiéndole lo mimo que la anterior. El resultado ha sido el siguiente:

«La XIV legislatura, la primera de coalición en la historia reciente de España, estuvo definida por la gestión de crisis sin precedentes como la pandemia y la guerra de Ucrania. Desde una óptica progresista, fue un periodo de avances notables. Se desplegó un «escudo social» para proteger el empleo y a las familias, se incrementó históricamente el Salario Mínimo Interprofesional y se revalorizaron las pensiones conforme al IPC. Además, se aprobó una ambiciosa agenda de derechos civiles, con leyes pioneras como la de eutanasia, la ley trans y de derechos LGTBI, y la ley de libertad sexual».

El análisis

Este experimento ha arrojado una luz certera sobre la naturaleza de la inteligencia artificial en el debate público. Al solicitar a la misma IA, configurada con perfiles ideológicos opuestos —uno liberal-conservador y otro progresista—, un resumen de la misma legislatura, los resultados fueron un reflejo perfecto de sus respectivas doctrinas.

La IA conservadora habló de «debilidad estructural», «concesiones al separatismo», «erosión del Estado de Derecho» y «gasto desmedido». La IA progresista, por su parte, destacó el «escudo social», los «avances notables» en derechos civiles, el «incremento histórico» del salario mínimo y la «protección» a las familias.

No analizaron hechos distintos. Analizaron los mismos hechos desde marcos valorativos radicalmente opuestos. La conservadora priorizó la unidad institucional y la austeridad fiscal; la progresista, la justicia social y la expansión de derechos.

Aquí reside la clave: la inteligencia artificial no es una fuente de verdad objetiva, sino un espejo de la intencionalidad humana. Es una herramienta de amplificación. Su valor o su peligro no reside en su código, sino en las convicciones —o la falta de ellas— de quien la utiliza.

Conclusiones

El experimento desmitifica la peligrosa fantasía de una IA «neutral» que pueda ofrecernos análisis políticos puros. La política no es una ciencia exacta; es la gestión de las tensiones sociales, la distribución de recursos y la definición de proyectos de sociedad. Es, en esencia, una disciplina de valores. Una IA sin una base ideológica explícita no sería «objetiva», simplemente ocultaría sus sesgos, probablemente replicando las narrativas dominantes.

Por tanto, el verdadero poder no está en la máquina, sino en la persona. Una IA en manos de alguien sin un proyecto claro o sin convicciones sólidas es, en el mejor de los casos, un generador de resúmenes estériles y, en el peor, un propagador de ruido y polarización. Sin embargo, para una persona o un movimiento con una visión definida —sea la defensa del Estado del bienestar, la lucha por la igualdad o la acción climática—, se convierte en una herramienta formidable para articular, argumentar y comunicar ese proyecto.

La lección es clara: no debemos delegar nuestro juicio político en algoritmos. Debemos afianzar nuestras convicciones y usar estas tecnologías como lo que son: instrumentos al servicio de un propósito. La pregunta fundamental no es qué dice la IA, sino qué queremos nosotros, como ciudadanos y ciudadanas, construir con ella.


Este es el verdadero debate que mi prueba pone sobre la mesa. No se trata de rechazar la tecnología, sino de someterla a un propósito humano y a valores progresistas. ¿Qué te parece esta reflexión? ¿Qué otros peligros o potencialidades ves en el uso de estas herramientas?

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