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¿Israel Financió a Hamas?

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¿Israel Financió a Hamas? La Evidencia de una Estrategia Catastrófica

En el complejo tablero geopolítico de Oriente Próximo, pocas cuestiones están tan cargadas de polémica y consecuencias a largo plazo como la relación inicial entre el Estado de Israel y el movimiento islamista Hamas. No hablamos de una teoría de la conspiración. La afirmación de que Israel, en sus inicios, toleró e incluso apoyó a los precursores de Hamas para debilitar a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) se sustenta en una cantidad significativa de evidencia y testimonios de altos funcionarios israelíes. Este análisis no busca justificar la violencia de ninguna de las partes, sino comprender las raíces de un conflicto que hoy muestra su cara más devastadora. Se trata de una reflexión crítica sobre cómo las estrategias cínicas de «divide y vencerás» pueden engendrar monstruos incontrolables.


La Estrategia del «Divide y Vencerás»

A finales de la década de 1970 y durante los años 80, el principal adversario político y militar de Israel era la OLP de Yasser Arafat. Un movimiento predominantemente secular y nacionalista que gozaba de un amplio reconocimiento internacional como el único representante legítimo del pueblo palestino. La OLP, con su brazo político Fatah, representaba una amenaza directa a los objetivos estratégicos de Israel. Esto era debido a porque luchaba por la creación de un Estado palestino en los foros diplomáticos mundiales.

En este contexto, la aparición de un movimiento islamista radical en Gaza, centrado en la religión y los servicios sociales, fue vista por algunos estrategas israelíes no como una amenaza, sino como una oportunidad. La lógica era simple y atemporal: fracturar la unidad del adversario. Un movimiento islamista podría competir con la OLP por la lealtad de los palestinos. Dividir su base social y, en última instancia, socavar la legitimidad del proyecto nacionalista y secular de Arafat. La idea era crear un contrapeso que hiciera del enemigo un campo de batalla interno.

Israel financió a Hamas





Las Evidencias Sobre la Mesa: De la Tolerancia al Apoyo Tácito

El apoyo israelí no consistió, en aquellos primeros años, en entregar maletines de dinero o armas directamente. Fue una estrategia mucho más sutil. Se basaba en la tolerancia selectiva y el fomento de una infraestructura que, con el tiempo, se convertiría en la base de Hamas.

Reconocimiento y Legalización

Israel reconoció oficialmente como organización benéfica a la «Mujama al-Islamiya» (el Congreso Islámico), la organización precursora de Hamas, liderada por el jeque Ahmed Yassin. Mientras la represión sobre los miembros de la OLP y Fatah era implacable —con encarcelamientos, deportaciones y asesinatos—, a la organización de Yassin se le permitió operar, abrir mezquitas, escuelas, clínicas y guarderías. Esta infraestructura social fue clave para ganar una base popular sólida en Gaza.

Canalización de Fondos

Israel permitió que la Mujama recibiera importantes sumas de dinero de donantes de los países del Golfo. Estos fondos, nominalmente destinados a actividades sociales y religiosas, sirvieron para construir la red de influencia y lealtad que más tarde heredaría Hamas.

Testimonios de Oficiales Israelíes

La evidencia más contundente proviene de las propias voces de quienes implementaron esta política.

  • Brigadier General Yitzhak Segev, gobernador militar israelí en Gaza a principios de los 80. Este funcionario admitió en una entrevista con The New York Times que había ayudado a financiar el movimiento islamista como un «contrapeso» a la OLP. Segev afirmó que el gobierno israelí le había transferido fondos para este propósito.
  • Avner Cohen, exfuncionario israelí de asuntos religiosos que trabajó en Gaza durante más de dos décadas. Este señor fue aún más directo en declaraciones al Wall Street Journal en 2009: «Hamas, para mi gran pesar, es una creación de Israel». Cohen relató cómo él y otros advirtieron a sus superiores de los peligros de jugar a «divide y vencerás» en los territorios ocupados. Lamentablemente sus advertencias fueron ignoradas.

    Más recientemente, esta estrategia ha tenido ecos. En 2019, el propio Benjamín Netanyahu declaró en una reunión de su partido, el Likud: «Cualquiera que quiera frustrar el establecimiento de un Estado palestino tiene que apoyar el fortalecimiento de Hamas y transferirle dinero. Esto es parte de nuestra estrategia: aislar a los palestinos de Gaza de los palestinos de Cisjordania». Si bien se refería a una política posterior (permitir el flujo de dinero qatarí a Gaza), la lógica subyacente es idéntica a la de los años 80.


    De Herramienta a Némesis: Una Estrategia Fuera de Control

    La política de Israel, que parecía tácticamente astuta a corto plazo, demostró ser un error estratégico de proporciones históricas. El monstruo, para usar una analogía recurrente, se rebeló contra su creador.

    Con el estallido de la Primera Intifada en 1987, la Mujama al-Islamiya se transformó oficialmente en Hamas (Movimiento de Resistencia Islámica), publicando una carta fundacional que llamaba a la destrucción de Israel. La organización, que había sido tolerada por su aparente enfoque social, se reveló como una fuerza político-militar con una ideología mucho más intransigente que la de la OLP.

    Israel subestimó la capacidad del islamismo político para movilizar a una población desesperada por la ocupación y desilusionada con el liderazgo secular. Mientras la OLP buscaba una solución de dos Estados, Hamas ofrecía una visión de resistencia total. El «contrapeso» se había convertido en una amenaza existencial mucho más difícil de gestionar, una que no aspiraba a negociar un asiento en la mesa, sino a destruir la mesa por completo.


    Conclusión: Las Lecciones No Aprendidas de la Historia

    Analizar la implicación de Israel en el surgimiento de Hamas no es un ejercicio de justificación de las atrocidades cometidas por la organización islamista. Es, por el contrario, una obligación para comprender la genealogía del desastre actual. Es la crónica de cómo el cinismo geopolítico y las estrategias a corto plazo, que ignoran los derechos humanos y la dignidad de los pueblos, acaban por generar más violencia y sufrimiento.

    La historia demuestra que socavar a los interlocutores moderados o seculares para fomentar divisiones internas es una apuesta que casi siempre sale mal, con consecuencias devastadoras para todas las partes. La paz duradera en la región no vendrá de la mano de complejas y maquiavélicas maniobras de poder, sino del reconocimiento mutuo, el respeto al derecho internacional y la búsqueda de una solución justa que garantice los derechos y la seguridad tanto de palestinos como de israelíes. Ignorar las lecciones del pasado es condenarnos a repetirlo, y la espiral de violencia que hoy presenciamos es el trágico testimonio de ese fracaso.

    Este vídeo da un testimonio fehaciente.

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