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Pseudomedios y deterioro democrático en Canarias

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Dinero público, pseudomedios y deterioro democrático: el caso de EDATV, Vito Quiles y Canarias

La polémica sobre la financiación pública de determinados medios de comunicación ha dejado de ser un asunto menor. Ya no hablamos solo de campañas institucionales, banners, contratos menores o planes de medios. Hablamos de algo bastante más serio. La posible conversión del dinero público en combustible para una maquinaria de agitación política, señalamiento personal y deterioro deliberado del debate democrático.

En Canarias, esta discusión ha estallado con fuerza tras conocerse que la Viceconsejería de Comunicación y Relaciones con los Medios del Gobierno de Canarias adjudicó a EdaTV Consulting, S.L., empresa vinculada a Estado de Alarma TV, un contrato menor de 14.995 euros, que con impuestos alcanzó los 16.044,65 euros. El objeto del contrato fue una “campaña divulgativa de información e interés para la ciudadanía”, sin mayor concreción pública en la información conocida. Según la respuesta ofrecida por el propio Gobierno canario al medio que publicó la investigación, se trataba de la puesta a disposición de un banner fijo durante un periodo determinado para insertar campañas divulgativas o mensajes de interés ciudadano. (elDiario.es)

Conviene precisar desde el principio una cuestión importante. No estamos ante “el medio de Vito Quiles” en sentido societario estricto. EDATV es el proyecto mediático de Javier Negre, gestionado a través de EdaTV Consulting, S.L. Lo relevante, políticamente, es que en ese ecosistema trabaja y se proyecta Vito Quiles, uno de los rostros más conocidos de la extrema derecha mediática española, caracterizado por un estilo de intervención pública basado en la provocación, la persecución con cámara y el señalamiento de adversarios políticos, periodistas o personas vinculadas al espacio progresista. Esa distinción es importante porque evita una imprecisión formal, pero no suaviza el problema de fondo.

El contrato del Gobierno de Canarias: legalidad formal y problema democrático

Legalidad formal

El contrato del Gobierno de Canarias se sitúa, según la información publicada, justo por debajo del límite habitual del contrato menor de servicios. No es un detalle irrelevante. En la contratación pública española, los contratos menores de servicios se mueven en el entorno de los 15.000 euros de valor estimado, sin IVA. Esa modalidad permite una tramitación más ágil, pero también exige una especial prudencia cuando se utiliza para financiar campañas de comunicación, porque reduce la concurrencia competitiva y puede facilitar adjudicaciones discrecionales si no existe una motivación robusta.

Problema democrático

El problema no consiste únicamente en si el expediente se ajusta formalmente a la norma. Puede que lo haga. El verdadero asunto es otro: ¿qué criterio objetivo justifica que una administración pública canaria destine dinero de la ciudadanía a un soporte informativo cuya línea editorial se asocia a la desinformación, la polarización extrema y el acoso político? La Ley estatal de Publicidad y Comunicación Institucional exige que los contratos vinculados a campañas institucionales respeten los principios de publicidad y concurrencia, y atiendan a criterios objetivos como el coste económico y la eficacia prevista del plan de medios. (BOE)

En Canarias existe además una ley específica, la Ley 2/2007, reguladora de las campañas institucionales del sector público autonómico. Esa norma establece que las campañas deben responder a razones de interés público, desarrollarse dentro de competencias propias y ajustarse a principios de interés general, lealtad institucional, veracidad, transparencia, eficacia, responsabilidad, eficiencia y austeridad en el gasto. (BOE)

Por tanto, la cuestión democrática es inevitable. Si una campaña institucional se contrata para informar a la ciudadanía, la administración debe poder explicar con claridad qué campaña se difundió, durante cuánto tiempo, con qué métricas, a qué público se dirigía y por qué ese soporte resultaba adecuado frente a otros medios con implantación real en Canarias. Sin esa explicación, la legalidad formal puede quedar intacta, pero la confianza pública queda seriamente dañada.

Santa Cruz de Tenerife: otro contrato bajo sospecha política

El caso del Gobierno autonómico no aparece aislado. El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife también ha sido señalado por pagar 5.000 euros a EDATV para la divulgación del Carnaval de Santa Cruz vinculado a Fitur. Según la información publicada por Canarias Ahora, la propuesta habría llegado cuando Fitur 2026 ya había concluido y el Carnaval ya estaba iniciado, lo que abre una duda bastante evidente sobre la utilidad real de la actuación contratada. (elDiario.es)

Este extremo es políticamente muy sensible. Una administración puede promocionar el Carnaval de Santa Cruz en medios nacionales, por supuesto. Nadie discute que una fiesta de esa relevancia merezca difusión exterior. Lo discutible es contratar una acción publicitaria relacionada con Fitur cuando la feria ya ha finalizado. Si el objetivo era promocionar la ciudad en el gran escaparate turístico de España, la cronología del expediente debería ser impecable. Y, según lo publicado, no lo parece.

Aquí aparece una pauta inquietante: contratos de importes relativamente modestos, adjudicaciones de comunicación, medios ideológicamente muy marcados y explicaciones administrativas que no siempre despejan la pregunta principal. ¿Se está comprando audiencia útil para campañas públicas o se está irrigando con dinero público a un ecosistema mediático afín a determinadas estrategias políticas?

El patrón estatal: contratos menores y financiación de ecosistemas de agitación

La dimensión estatal del asunto agrava el diagnóstico. El Salto publicó en noviembre de 2025 una investigación según la cual administraciones gobernadas por el Partido Popular habrían adjudicado al menos 172 contratos a EDATV, por un importe total contabilizado de 681.420,56 euros en cinco años. La investigación señalaba contratos menores de publicidad institucional procedentes de administraciones autonómicas, provinciales y locales. (El Salto Diario)

La lista citada por esa investigación incluye comunidades autónomas como Madrid, Castilla y León, Murcia, Extremadura, Galicia, Aragón o Canarias, además de diputaciones y ayuntamientos. Según ese mismo trabajo, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid figuran entre las administraciones con importes más destacados, con numerosos contratos fraccionados en actuaciones publicitarias de menor cuantía. (El Salto Diario)

No estamos, por tanto, ante una anécdota canaria. Canarias aparece insertada en un fenómeno más amplio: el uso de publicidad institucional, contratos menores y campañas de promoción para alimentar medios que no funcionan solo como empresas informativas, sino como plataformas de combate político. Esa es la clave. El dinero público no se limita a pagar un banner o un reportaje. También puede contribuir a sostener estructuras que luego intervienen en el debate público con una lógica de hostigamiento, polarización y producción de ruido.

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El caso Vito Quiles: cuando la provocación se convierte en modelo de negocio

La figura de Vito Quiles permite entender por qué este debate ha ganado tanta intensidad. Quiles no es simplemente un periodista incómodo, como sostienen sus defensores. Es un activista mediático que ha construido buena parte de su notoriedad mediante acciones de confrontación directa, grabaciones, persecuciones y piezas diseñadas para viralizarse en redes.

En abril de 2026, la acusación particular ejercida por Rubén Sánchez, secretario general de FACUA, pidió nueve años de prisión para Quiles por tres delitos continuados de calumnias con agravante de odio ideológico, además de injurias con publicidad, indemnización e inhabilitación para actividades vinculadas al periodismo durante un periodo determinado. La causa se refiere a mensajes difundidos contra Sánchez entre febrero y septiembre de 2022. (El País)

También en abril de 2026, Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, denunció a Quiles por un presunto episodio de agresión o acoso en un restaurante de Madrid. Según fuentes citadas por El País, Quiles la habría abordado e impedido salir del local; Quiles, por su parte, difundió su propia versión en redes y sostuvo que él había sido el agredido. (El País)

Este contexto no convierte automáticamente en ilegal ningún contrato público con EDATV. Pero sí obliga a elevar el nivel de exigencia. Una administración no puede comportarse como si contratara en el vacío. Cuando decide financiar un soporte comunicativo, debe valorar no solo la audiencia, sino también la naturaleza del medio, su práctica informativa, su fiabilidad, su adecuación a los fines institucionales y el impacto reputacional de asociar campañas públicas a ese ecosistema.

El riesgo de confundir libertad de prensa con derecho a ser financiado

Aquí conviene ser muy claro. La libertad de expresión protege incluso discursos incómodos, duros, provocadores o ideológicamente extremos. Eso es una garantía democrática básica. El Estado no debe decidir qué opiniones son aceptables y cuáles no. Tampoco debe utilizar la publicidad institucional para premiar la docilidad informativa.

Pero otra cosa muy distinta es afirmar que cualquier medio, por el simple hecho de existir, tiene derecho a recibir dinero público. No lo tiene. La publicidad institucional no es una subvención encubierta a líneas editoriales. Tampoco debería ser un mecanismo de recompensa política. Su finalidad legítima es informar a la ciudadanía sobre derechos, servicios, campañas de interés público o actuaciones institucionales relevantes.

Por eso, la pregunta no es si EDATV puede existir. Puede existir. La pregunta es si las instituciones canarias deben financiarla con dinero público cuando existen dudas razonables sobre su utilidad como soporte institucional, su contribución al pluralismo y su papel en la degradación del debate público.

Europa ya ha entendido el problema

Este debate no es exclusivamente español. La Unión Europea ha aprobado el Reglamento Europeo sobre la Libertad de los Medios de Comunicación, conocido como European Media Freedom Act. La Comisión Europea explica que esta norma busca proteger el pluralismo y la independencia de los medios, mejorar la transparencia sobre la propiedad mediática y garantizar transparencia en la publicidad estatal destinada a medios y plataformas. La norma entró en vigor el 7 de mayo de 2024 y la mayoría de sus disposiciones comenzaron a aplicarse el 8 de agosto de 2025. (European Commission)

España, por su parte, ha impulsado una nueva Ley de Publicidad del Sector Público que incluye la idea de limitar al 35% la financiación de medios mediante publicidad institucional, además de crear un registro público de medios bajo supervisión de la CNMC. Según explicó el Gobierno, el objetivo es evitar que la publicidad institucional se convierta en un mecanismo de compra o dependencia de medios. (Cadena SER)

La dirección europea y estatal es clara: más transparencia, más trazabilidad, más control sobre la propiedad de los medios y más información pública sobre quién recibe dinero institucional. No se trata de censurar. Se trata de impedir que el dinero de todos sea utilizado para construir aparatos de propaganda con apariencia periodística.

Las consecuencias para Canarias

En Canarias, este caso tiene varias consecuencias preocupantes.

La primera es la pérdida de confianza en la publicidad institucional. Cuando la ciudadanía percibe que el dinero público se reparte con criterios opacos o ideológicos, incluso las campañas legítimas quedan bajo sospecha. Eso perjudica a la propia administración y degrada una herramienta que puede ser muy útil en emergencias, salud pública, seguridad, turismo, derechos sociales o información de servicios.

La segunda consecuencia afecta al ecosistema mediático canario. Los medios locales que trabajan con redacciones, periodistas, presencia territorial y seguimiento de la realidad insular compiten en condiciones difíciles. Si una parte del dinero institucional se desvía hacia plataformas externas, polarizadas y con escasa vinculación real con Canarias, se debilita el pluralismo informativo del Archipiélago.

La tercera tiene que ver con la normalización del acoso como estilo comunicativo. Si las instituciones financian, aunque sea indirectamente, medios que amplifican prácticas de hostigamiento, el mensaje que se envía es demoledor: la bronca paga, el señalamiento renta y la política convertida en persecución con cámara puede terminar recibiendo apoyo público.

La cuarta consecuencia es reputacional. Un Gobierno autonómico que se presenta como gestor serio de los intereses generales no puede permitirse explicaciones vagas en materia de publicidad institucional. Si el contrato era correcto, debe acreditarlo con datos: campaña concreta, fechas, impactos, criterios de elección, tarifas, comparación con otros soportes y evaluación de resultados.

Qué debería hacerse ahora

La salida razonable no consiste en montar una hoguera política, sino en exigir transparencia radical. El Gobierno de Canarias debería publicar el expediente completo, el plan de medios, las piezas difundidas, las fechas efectivas de inserción, las métricas de audiencia, los criterios de selección y la evaluación de resultados. Lo mismo debería aplicarse al Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife y a cualquier otra administración canaria que haya contratado con EDATV o con medios de naturaleza similar.

Además, Canarias debería revisar sus criterios de publicidad institucional para que ningún contrato pueda justificarse con fórmulas genéricas como “campaña divulgativa de interés ciudadano” sin detallar objetivo, público destinatario, soporte, calendario y eficacia esperada. La Ley canaria ya habla de interés público, transparencia, eficacia, responsabilidad y austeridad. Ahora toca aplicar esos principios con rigor, no convertirlos en decoración normativa.

Conclusión: no es solo un contrato, es una frontera democrática

El caso EDATV, Vito Quiles y Canarias no debe reducirse a una cifra de 16.044,65 euros. Sería un error. La cifra es modesta en términos presupuestarios, pero enorme en términos simbólicos. Lo que está en juego es si las instituciones públicas van a utilizar la publicidad institucional para informar a la ciudadanía o para alimentar ecosistemas de propaganda emocional, polarización y acoso.

La democracia no se degrada solo con grandes escándalos. También se deteriora mediante pequeñas decisiones administrativas, contratos aparentemente menores, banners difíciles de rastrear y expedientes redactados con una vaguedad calculada. Cada euro público lleva detrás una responsabilidad pública. Y cuando ese euro termina reforzando espacios que viven de embarrar la conversación democrática, la ciudadanía tiene derecho a preguntar, fiscalizar y exigir explicaciones.

Canarias necesita medios libres, críticos y plurales. También necesita administraciones limpias, transparentes y prudentes en el uso de la publicidad institucional. Lo que no necesita es que el dinero público sirva para financiar la industria del ruido. Porque una democracia puede soportar opiniones duras, incluso muy duras. Lo que no debería aceptar es que sus propias instituciones paguen, con dinero de todos, a quienes convierten la convivencia democrática en un espectáculo de persecución permanente.

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