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Eólica marina en Canarias: una oportunidad demasiado seria

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Eólica marina en Canarias: una oportunidad demasiado seria para convertirla en propaganda

Canarias vuelve a mirar al mar. Esta vez no para vender otra postal turística, ni para envolver en azul brillante el viejo discurso de siempre, sino para algo bastante más serio: producir energía limpia, generar industria, crear empleo cualificado y reducir una dependencia fósil que sigue siendo una anomalía económica, climática y política en pleno siglo XXI.

La presentación del proyecto europeo WHEEL en el Puerto de Las Palmas coloca a Gran Canaria en el mapa de la eólica marina flotante. No estamos hablando de una ocurrencia, ni de una maqueta para una feria institucional. El proyecto prevé un prototipo flotante de 6 MW, desarrollado por ESTEYCO junto a un consorcio internacional, con apoyo europeo del programa Horizon Europe y participación de empresas tecnológicas e industriales. La instalación se plantea en la zona de ensayos de PLOCAN, en aguas profundas, previsiblemente entre finales de 2026 y comienzos de 2027. (Cadena SER)

La noticia merece atención. Pero también merece algo más que aplausos automáticos.

Porque Canarias necesita renovables. Muchas. Con urgencia. Pero también necesita rigor, planificación, red eléctrica, consenso social, protección ambiental, retorno industrial y honestidad política. Lo que no necesita es que cada nuevo proyecto energético se convierta en una bandera partidista, en una foto de inauguración o en otra promesa inflada que después se estrelle contra la realidad administrativa, territorial o técnica.

Una tecnología pensada para aguas profundas

La eólica marina flotante tiene una particularidad esencial: permite instalar aerogeneradores en zonas donde la profundidad del mar hace inviable o muy difícil la cimentación fija tradicional. Esto es especialmente relevante en Canarias, donde la plataforma continental cae con rapidez y las soluciones convencionales de eólica marina tienen menos recorrido que en otros territorios europeos.

El proyecto WHEEL busca demostrar una tecnología flotante para aguas profundas y llevarla a un nivel precomercial. Según PLOCAN, la unidad piloto será de 6 MW y servirá para validar ventajas en reducción de costes y huella de carbono. CORDIS, el portal de proyectos de investigación de la Unión Europea, describe el objetivo como una demostración de tecnología flotante orientada a reducir costes, mejorar la industrialización y minimizar la huella de carbono. (PLOCAN)

Traducido al lenguaje cotidiano: no se trata solo de poner un molino en el mar. Se trata de probar si una determinada solución tecnológica puede fabricarse, instalarse, operar y mantenerse de forma competitiva. Y eso, en una economía insular como la canaria, puede tener una importancia estratégica.

Canarias no puede descarbonizarse de espaldas al mar

Canarias tiene sol, viento, conocimiento técnico, puertos, experiencia logística y una ubicación atlántica privilegiada. Sin embargo, sigue arrastrando una dependencia energética exterior difícilmente defendible. Quemamos combustibles importados para sostener sistemas eléctricos insulares que, por su propia naturaleza, son más vulnerables, más caros y más exigentes desde el punto de vista operativo.

La eólica marina en Canarias no resolverá todo. Conviene decirlo desde el principio. No sustituye por sí sola a la planificación energética, ni elimina la necesidad de almacenamiento, redes robustas, generación gestionable, servicios de ajuste, control de tensión, potencia de cortocircuito y estabilidad del sistema.

Pero puede ser una pieza importante.

Especialmente en islas donde el territorio disponible para renovables terrestres es limitado, tensionado y socialmente disputado. La eólica marina flotante abre una vía complementaria: producir energía renovable aprovechando el recurso marítimo, reduciendo presión sobre el suelo y vinculando la transición energética a sectores industriales de mayor valor añadido.

Ahora bien, “complementaria” no significa “mágica”. El mar tampoco es un solar vacío. Hay biodiversidad, pesca, paisaje, navegación, usos portuarios y sensibilidades legítimas. La transición ecológica no puede repetir los vicios del viejo desarrollismo: decidir primero, explicar después y llamar progreso a cualquier cosa que venga envuelta en tecnología.

La parte industrial: aquí está una de las claves

Uno de los datos más interesantes del proyecto WHEEL es su posible impacto sobre la industria local. Las informaciones publicadas señalan que más del 80% del presupuesto asociado al demostrador, excluida la turbina, se ejecutaría en Canarias, con participación de empresas locales vinculadas a trabajos navales, logística y actividad portuaria. (Cadena SER)

Ese dato es relevante porque la transición energética no puede limitarse a cambiar el combustible. Si Canarias solo importa tecnología, instala equipos y paga facturas, habrá reducido emisiones, pero habrá perdido una parte enorme de la oportunidad histórica.

La verdadera transformación consiste en capturar valor: ingeniería, montaje, mantenimiento, formación profesional, investigación, actividad portuaria, servicios auxiliares, empleo técnico y cadenas industriales. Ahí es donde una región periférica puede dejar de comportarse como simple consumidora de soluciones externas y empezar a actuar como plataforma atlántica de innovación energética.

Gran Canaria, con el Puerto de Las Palmas, PLOCAN y un tejido industrial vinculado al ámbito naval y logístico, tiene condiciones para jugar esa partida. Pero las condiciones no bastan. Hace falta estrategia pública sostenida, coordinación institucional y una política industrial que piense a diez o veinte años, no al próximo titular.

El riesgo de vender futuro sin construir presente

Hay una tentación muy canaria, y muy española, de celebrar cada anuncio como si ya fuera una realidad consolidada. Conviene evitarla.

Un prototipo de 6 MW es importante, pero sigue siendo un prototipo. Sirve para aprender, validar, corregir, demostrar y atraer conocimiento. No convierte automáticamente a Canarias en potencia mundial de la eólica marina. Tampoco cambia de un día para otro el mix energético de las islas.

La diferencia entre un proyecto serio y la propaganda está en la continuidad. ¿Habrá planificación de red suficiente? ¿Se definirán zonas con rigor ambiental y social? ¿Se garantizará que los beneficios industriales se queden en Canarias? ¿Formarán personal técnico local? ¿Se coordinarán puertos, universidades, centros tecnológicos y empresas? ¿Se explicará bien a la ciudadanía qué se quiere hacer, dónde, por qué y con qué garantías?

Esas son las preguntas que separan la transición energética real del decorado institucional.

Porque la eólica marina flotante no puede convertirse en otro relato bonito mientras seguimos retrasando decisiones estructurales. Canarias no necesita discursos verdes de temporada. Necesita planificación energética, ejecución administrativa, transparencia y valentía.

eólica marina en Canarias

La red eléctrica también cuenta

En los sistemas eléctricos insulares, la generación renovable no puede analizarse como si se conectara a una red infinita. La red no es una simple autopista donde todo cabe. Es una infraestructura física compleja que debe mantener frecuencia, tensión, reservas, seguridad y estabilidad en cada instante.

Por eso, cualquier despliegue relevante de renovables, incluida la eólica marina, debe ir acompañado de inversiones en red, almacenamiento, sistemas de control, capacidad de evacuación y mecanismos de operación adecuados.

Este punto es fundamental. La transición energética no fracasa por falta de sol o de viento. Muchas veces se atasca porque no se planifican a tiempo las infraestructuras que permiten integrar esa energía con seguridad.

Canarias necesita renovables, sí. Pero necesita renovables integrables, gestionadas con inteligencia y conectadas a una red preparada. De lo contrario, corremos el riesgo de construir potencia nominal que después no pueda aprovecharse plenamente. Y eso sería un fracaso técnico, económico y político.

Una oportunidad para discutir con madurez

La eólica marina en Canarias debe debatirse sin fanatismos. Ni entusiasmo acrítico ni rechazo automático. Hay que evaluar proyectos concretos, ubicaciones concretas, impactos concretos y beneficios concretos.

Quien diga que toda eólica marina es buena por definición simplifica demasiado. Quien diga que toda intervención energética en el mar es inaceptable también. La política responsable consiste en comparar alternativas reales: seguir quemando combustibles fósiles importados, ocupar más suelo, reforzar redes, desarrollar almacenamiento, aprovechar el recurso marino o combinar todas esas piezas con inteligencia.

Lo cómodo es decir “sí” o “no” desde una pancarta. Lo difícil es construir una posición adulta.

Y Canarias necesita adultez.

Necesita entender que la transición ecológica no es una moda, sino una obligación climática y una oportunidad económica. También debe asumir que no hay transición sin conflictos, sin decisiones complejas y sin una pedagogía pública honesta.

Defender el territorio también es liberarlo del petróleo

Durante años se ha presentado la protección del territorio como si fuera incompatible con la transición energética. Es un error. Defender el territorio no significa dejarlo todo como está mientras seguimos importando combustibles fósiles. Defender el territorio también significa reducir emisiones, evitar contaminación, disminuir dependencia exterior y construir un modelo energético menos vulnerable.

Ahora bien, esa defensa exige coherencia. No se puede pedir sacrificios al territorio mientras se tolera la expansión turística descontrolada, el consumo energético creciente y la ocupación intensiva del litoral. Tampoco se puede exigir renovables sin explicar dónde, cómo y con qué compensaciones sociales.

La eólica marina flotante puede ayudar a aliviar parte de esa tensión, pero no elimina el debate. Lo desplaza hacia otro espacio: el mar. Y allí también hay que actuar con respeto, ciencia y prudencia.

La transición energética necesita menos foto y más Estado

El proyecto WHEEL es una buena noticia. Sería absurdo negarlo. Coloca a Canarias en una posición interesante dentro de una tecnología emergente, moviliza inversión, activa capacidades industriales y puede reforzar el papel de PLOCAN y del Puerto de Las Palmas como nodos estratégicos de innovación energética. (Radio Televisión Canaria)

Pero una buena noticia no basta.

La transición energética canaria no puede depender de proyectos aislados, por prometedores que sean. Necesita una visión de país. Necesita administraciones que no vayan a remolque. Planificación territorial seria, evaluación ambiental rigurosa, participación social real, agilidad administrativa y una red eléctrica preparada para el futuro.

También necesita algo que escasea: honestidad.

Honestidad para decir que las renovables son imprescindibles. Honestidad para reconocer que tienen impactos. Para explicar que el sistema eléctrico no funciona solo con buenas intenciones. Honestidad para admitir que la dependencia fósil es una hipoteca económica, climática y moral. Y honestidad para exigir que la riqueza generada por la transición energética no se escape de Canarias como tantas otras veces.

Conclusión: mirar al mar sin perder pie en tierra

Canarias lleva demasiado tiempo viviendo de espaldas a una evidencia: su futuro energético no puede seguir atado al petróleo. La eólica marina flotante no es la única respuesta, pero puede ser una de las respuestas importantes.

El proyecto WHEEL abre una puerta. Ahora toca decidir si Canarias quiere cruzarla con seriedad o limitarse a hacerse una foto delante.

Porque la transición ecológica no se mide por el número de discursos pronunciados, sino por la capacidad real de cambiar estructuras. Si la eólica marina sirve para reducir combustibles fósiles, crear industria local, reforzar conocimiento técnico y avanzar con respeto ambiental, bienvenida sea.

Pero que nadie la convierta en un eslogan.

El mar de Canarias merece algo mejor que propaganda. Y la transición energética también.


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