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Pleno ordinario 24-06-2025 (mañana)

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Canarias entre luces y sombras: lo que nos deja el último pleno autonómico

La mañana del 24 de junio de 2024 nos regaló una sesión parlamentaria en Canarias repleta de matices, donde se entremezclaron promesas, reproches y algunas gotas de esperanza. Una sesión que, más allá de la retórica política, retrata fielmente la complejidad de los desafíos sociales, económicos y estructurales que atraviesa el archipiélago.

Una realidad que no se maquilla

El presidente del Gobierno reconoció lo que muchos hogares viven cada día: el crecimiento económico no ha llegado a todos. Mientras se presume de cifras macroeconómicas, el 65% de los trabajadores canarios continúa en situación de vulnerabilidad, y más del 10% sufre pobreza severa. Los factores son conocidos: emergencia habitacional, precariedad laboral y el alto coste de la vida. El Ejecutivo ha planteado medidas como el uso de la Reserva para Inversiones de Canarias (RIC) para vivienda asequible, una modificación que podría liberar más de 2.100 millones de euros para alquiler social. Una decisión que, si se implementa con justicia y transparencia, podría marcar un antes y un después.

Fiscalidad diferenciada y justicia territorial

Se habló también de medidas fiscales específicas para las islas no capitalinas, donde el PIB per cápita es más bajo. El Gobierno trabaja en bonificaciones y reivindicaciones ante el Estado, aunque los avances son aún tímidos. Mientras tanto, el malestar crece en islas como El Hierro o La Gomera, que siguen esperando inversiones sanitarias que se eternizan y promesas que no acaban de llegar.

La urgencia de lo social: entre el discurso y los hechos

Fue especialmente tenso el debate sobre el informe de la Diputación del Común, que denuncia dos años de abandono en políticas sociales. Las cifras son alarmantes: retrasos de hasta cinco años en valoraciones de discapacidad, dependencia sin atender, una sanidad que expulsa a los más vulnerables hacia el seguro privado y una administración incapaz de adaptarse a las necesidades reales. Se habló de digitalización, de eficiencia, pero también de “pobreza invisible”. Esa que no aparece en los telediarios, pero que condiciona la vida diaria de miles de personas.

Energía, migración y seguridad: los retos del presente

El debate energético pasó de puntillas por el pleno, a pesar de la creciente preocupación ciudadana. El Gobierno prometió generadores, baterías de emergencia y apoyo a la eólica marina, pero evitó un análisis profundo sobre el futuro del modelo energético canario. También preocupó la ruta migratoria atlántica y los acuerdos estratégicos entre Marruecos e Israel, un asunto geopolítico que afecta directamente al archipiélago y que, sin embargo, se despachó con escasa información.

En materia de seguridad, destacó la preocupación por la isla de La Palma, donde se están tomando medidas de refuerzo policial, aunque siguen siendo claramente insuficientes. Y en el ámbito educativo y de juventud, se plantearon ideas como la tarifa única de transporte interinsular o un modelo más transparente en los patrocinios públicos.

Cuando los derechos no pueden esperar

Hubo espacio también para hablar de violencia vicaria, de envejecimiento poblacional, de la urgencia por reforzar la Formación Profesional o de la reapertura de espacios públicos como Playa Jardín. Temas importantes, que exigen acción inmediata y no solo declaraciones bien intencionadas.

Y, quizá uno de los debates más humanos del pleno, fue el de la imposibilidad de acompañar a pacientes vulnerables en urgencias hospitalarias. Un diputado relató su experiencia personal, denunciando la deshumanización del sistema. La consejera de Sanidad habló de la “tarjeta doble A” como mecanismo de mejora, pero lo cierto es que la saturación, la falta de camas sociosanitarias y la precariedad de los recursos siguen sin resolverse.


En definitiva, esta sesión parlamentaria no fue una más. Fue un espejo. Uno que refleja, sin filtros, las contradicciones de un territorio que quiere avanzar, pero que carga con deudas históricas y desigualdades que siguen doliendo. La política tiene la palabra, pero la ciudadanía necesita hechos. Porque en Canarias, como en tantos otros lugares, las urgencias no están solo en los hospitales. Están en la calle, en los hogares, en los silencios de quienes ya han perdido la esperanza.


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