El Franquismo S.A. (Parte 2): La Fortuna del Dictador y «La Collares»
En la primera parte de esta serie, desvelamos la arquitectura legal que el franquismo diseñó para ejecutar su gran expolio: la Ley de Responsabilidades Políticas. Una vez creada la herramienta, el saqueo necesitaba un beneficiario principal, un modelo a seguir para el resto del régimen. Ese modelo se estableció en la misma cúspide del poder: el Palacio de El Pardo.
Mientras la propaganda oficial construía la imagen de un Caudillo austero y sacrificado por la Patria, la realidad era muy distinta. Lejos de la sobriedad, Francisco Franco y su esposa, Carmen Polo, se convirtieron en el epicentro de una cleptocracia que amasó una de las mayores fortunas de Europa en un país devastado por el hambre.
El Caudillo Multimillonario: La «Operación Café» y Otros Negocios
El enriquecimiento de Franco fue meteórico. Las rigurosas investigaciones del historiador Ángel Viñas, basadas en documentación bancaria, son demoledoras: apenas un año después del fin de la guerra, en agosto de 1940, el dictador ya había acumulado en sus cuentas personales 34,3 millones de pesetas. Una cifra que, actualizada a día de hoy, equivale a unos 388 millones de euros.
¿Cómo se puede amasar semejante fortuna en solo cuatro años partiendo de un sueldo de general? Los mecanismos, que operaban al margen de cualquier legalidad o ética pública, fueron diversos:
- Negocios privados con bienes públicos: El caso más paradigmático es la llamada «Operación Café». En 1939, el dictador brasileño Getúlio Vargas donó a España 600 toneladas de café para aliviar las penurias de la posguerra. Franco, en lugar de destinarlo a la población, se apropió del cargamento y, a través de un testaferro, se lo vendió a un organismo del propio Estado. Se embolsó 7,5 millones de pesetas (unos 85,6 millones de euros actuales) que fueron a parar directamente a su cuenta personal.
- Comisiones y sobornos: Está documentado que grandes empresas le realizaban pagos regulares. La compañía Telefónica, por ejemplo, le abonaba una asignación mensual de 10.000 pesetas, una suma muy superior a su sueldo oficial como Jefe de Estado.
- «Regalos» forzosos: El caso del Pazo de Meirás es un microcosmos del método de expolio del régimen. La narrativa oficial lo vendió como una «donación voluntaria» del pueblo gallego. La realidad fue una extorsión a gran escala. Su compra se financió mediante descuentos forzosos en las nóminas de funcionarios y trabajadores, así como con aportaciones obligatorias exigidas a 93 ayuntamientos. Los testimonios de la época son claros sobre la coacción empleada: a quien se negaba a contribuir, «te mandaban a la secreta. Te agarraban y te pegaban una paliza».

Carmen Polo, «La Collares»: El Rostro de la Avaricia
Si Franco representaba la acumulación sistemática de capital, su esposa, Carmen Polo, se convirtió en el símbolo de la ostentación y la avaricia. Su apodo popular, «La Collares», aludía a su insaciable afición por las joyas de lujo. Su colección personal, descrita por su biógrafa como «una cosa como de Alí Babá y los 40 ladrones», incluía una cantidad ingente de rubíes, zafiros, brillantes y, sobre todo, perlas.
El valor de su joyero era astronómico. Para hacernos una idea, en una subasta reciente, solo tres de sus joyas alcanzaron un precio de salida de 400.000 euros. Otro de sus collares fue tasado en 250.000 euros.
Sus métodos de adquisición eran una forma de expolio directo. Durante sus viajes oficiales, era temida por los joyeros y anticuarios. La práctica era tan conocida que muchos optaban por cerrar sus establecimientos cuando se anunciaba su visita a la ciudad. El motivo era simple: entraba, se «encaprichaba» de las piezas más valiosas y los propietarios se veían obligados a «regalárselas» para evitar las graves consecuencias de una negativa. Además de joyas, acumuló una vasta colección de obras de arte y antigüedades, muchas de ellas procedentes de las familias desposeídas por el régimen.
El comportamiento de Franco y su esposa no fue una simple anécdota de corrupción personal. Al actuar como los principales cleptócratas, establecieron un modelo que se extendió por toda la estructura del poder. Su enriquecimiento legitimaba la corrupción en todos los niveles, estableciendo la norma no escrita de que el poder político era una licencia para el saqueo.
En la próxima entrega de «El Franquismo S.A.», analizaremos cómo este modelo de enriquecimiento se extendió a un círculo de familias leales al régimen, creando un «capitalismo de amiguetes» cuyas fortunas y apellidos siguen ocupando posiciones de poder en la España actual.
















