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Ocaso de un referente: el caso Felipe González

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El Ocaso de un Referente: Felipe González y la Deplorable Senectud del Jarrón Chino

Hay figuras políticas cuya trayectoria se consagra con el tiempo, convirtiéndose en faros de sabiduría y prudencia. Se espera que, una vez abandonada la primera línea, su voz sirva para atemperar. Para ofrecer perspectiva y para defender con serenidad los valores que un día encarnaron. Y luego está Felipe González o el ocaso de un referente. El expresidente del Gobierno, figura clave de la Transición y de la modernización de España, parece empeñado en dilapidar su capital político en una senectud marcada por declaraciones cada vez más erráticas, reaccionarias y, en definitiva, decepcionantes. Su transformación en lo que él mismo definió como un «jarrón chino» –una figura valiosa pero que nadie sabe dónde poner– ha devenido en una presencia incómoda, cuyas intervenciones públicas a menudo generan más sonrojo que reflexión.

Un Historial de Desencuentros: De la Puerta Giratoria al Desdén Climático

El viraje de Felipe González no es reciente. Es el resultado de un goteo incesante de polémicas que han ido erosionando su imagen como referente de la socialdemocracia. Su célebre paso por el consejo de administración de Gas Natural Fenosa fue el epítome de las «puertas giratorias». Una práctica que él, lejos de lamentar, ha defendido con un desdén impropio de quien debería ser ejemplo de servicio público. Este episodio no fue una anécdota, sino el síntoma de un alejamiento de las preocupaciones ciudadanas. Además de un acercamiento a las élites económicas que hoy condicionan su discurso.

Desde esa atalaya, González no ha dudado en pontificar sobre lo divino y lo humano, a menudo en contradicción directa con los principios que un progresismo moderno debe defender. Sus cuestionamientos a las energías renovables, tildándolas de no ser «limpias» y poniendo en duda su viabilidad, resuenan más con los lobbies de los combustibles fósiles que con la urgencia ineludible de la transición energética para combatir el cambio climático antropogénico. En un momento crítico para el planeta, que la voz de un supuesto referente socialista siembre dudas sobre la principal herramienta para la descarbonización es, sencillamente, irresponsable.

Su brújula en política internacional también parece haber perdido el norte. El hombre que se comprometió «hasta la victoria final» con el pueblo saharaui, hoy defiende la «integridad territorial» de Marruecos. Asumiendo las tesis de una monarquía absolutista en detrimento del derecho a la autodeterminación amparado por la legalidad internacional. En Latinoamérica, su fijación con Venezuela le ha llevado a simplificaciones y a un activismo que, en ocasiones, ha obviado la complejidad de los conflictos y la necesidad de soluciones dialogadas.

Ocaso de un referente

La Indignidad de Gaza: La Gota que Colma el Vaso

Sin embargo, ha sido su reciente intervención sobre la masacre en Gaza la que ha cruzado una línea inaceptable. Sugerir, como hizo, que si Hamás no quiere que mueran niños y mujeres, lo que debe hacer es liberar a los rehenes. («¿Quiere quitarle totalmente la razón a Netanyahu? Muy bien: suelte a los rehenes»), es una falacia cruel y una equidistancia moralmente insostenible. Esta declaración no solo blanquea la desproporcionada y brutal respuesta del gobierno de Netanyahu, calificada por organismos internacionales como limpieza étnica, sino que pone una carga de responsabilidad inaceptable sobre las víctimas civiles de un asedio inhumano.

Las palabras importan, y las de un expresidente resuenan con especial fuerza. Colocar en una misma balanza las acciones de un grupo terrorista con el bombardeo sistemático e indiscriminado de una población civil por parte de un Estado es una distorsión de la realidad. Ignora el derecho internacional humanitario, la ocupación ilegal de territorios y las décadas de opresión que sufre el pueblo palestino.

La posterior «matización», en la que condenó la «limpieza étnica» como «insoportable», no borra la indecencia de sus primeras palabras. Más bien, parece una maniobra de control de daños ante el aluvión de críticas recibidas, incluso desde sus propias filas. No es una rectificación sincera. Es el reflejo de quien ha perdido el pulso de la realidad y de los principios más básicos de los derechos humanos.

El Deber de la Coherencia

Nadie niega la importancia histórica de Felipe González. Pero el respeto a su legado no puede ser una carta blanca para justificar un presente deplorable. Su deriva evidencia una desconexión preocupante con los valores de igualdad, justicia social y defensa de los derechos humanos que deberían ser el pilar de cualquier pensamiento progresista.

Desde josereflexiona.es, creemos firmemente que las figuras públicas, y más aún las que han ostentado las más altas responsabilidades, tienen un deber de coherencia y ejemplaridad. La vejez no puede ser un salvoconducto para el exabrupto reaccionario ni para el abandono de los principios. La voz de Felipe González, lejos de ser un faro, se ha convertido en una sombra que oscurece el camino. Y es nuestro deber, como analistas y como ciudadanos, señalarlo con la misma contundencia con la que un día se aplaudieron sus aciertos. Porque la defensa de la democracia y la dignidad humana no admite jubilaciones.


En el siguiente video, se puede escuchar al expresidente del Gobierno español, Felipe González, hablar sobre la complejidad del conflicto en Gaza y la posición del Gobierno actual.

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