Sanidad Pública en la Diana: Cuando la Negligencia se Viste de «Insostenibilidad»
La sanidad pública andaluza se asoma a uno de sus abismos más oscuros, a un fracaso anunciado. El escándalo destapado en el programa de detección precoz del cáncer de mama no es un mero error técnico; es el síntoma lacerante de un sistema que lleva tiempo mostrando signos de agotamiento inducido. Que cerca de 2.000 mujeres hayan quedado en un limbo de incertidumbre, con diagnósticos vitales sin comunicar o retrasados, es una fractura moral y política de consecuencias incalculables. Detrás de cada cifra hay un nombre, una familia y una angustia que no admite excusas.
Lo más sangrante de esta crisis es que llueve sobre mojado. Hace apenas unas semanas, el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, preparaba el terreno discursivo advirtiendo que la sanidad pública, tal y como la conocemos, «no es sostenible». Una afirmación que, leída bajo la trágica luz de los acontecimientos actuales, resuena más a profecía autocumplida que a diagnóstico objetivo. ¿Es este el resultado inevitable de un sistema infrafinanciado o el prólogo de un desmantelamiento programado?
La Anatomía de un Fracaso Anunciado
El epicentro del desastre, el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, junto con otros centros en Málaga y Jerez, se ha convertido en el símbolo de una gestión deficiente. El fallo en el sistema automatizado que debía notificar mamografías «no concluyentes» para su repetición es la punta del iceberg de un problema estructural. La Asociación de Mujeres con Cáncer de Mama de Sevilla (Amama) no se ha cansado de repetirlo: llevaban años alertando de las grietas en el sistema. Sus advertencias fueron ignoradas hasta que el dique se rompió.
La dimisión de la consejera de Salud, Rocío Hernández, y la puesta en marcha de un «plan de choque» con una inversión de 12 millones de euros son respuestas políticas necesarias, pero insuficientes. Son medidas de contención, no de prevención. Apagan un fuego que nunca debió prenderse mientras la arquitectura del sistema sigue siendo inflamable. La Fiscalía investiga ahora posibles negligencias, pero la responsabilidad política va más allá del código penal: reside en la prioridad que se otorga a la salud pública en los presupuestos y en la estrategia de gobierno.

El Discurso de la «Insostenibilidad»: La Coartada Perfecta
Es aquí donde el análisis debe ser más incisivo. La narrativa de la insostenibilidad de los servicios públicos no es inocente. Es un marco ideológico diseñado para justificar recortes, externalizaciones y, en última instancia, la privatización de la gestión sanitaria. Cuando un sistema público falla de manera tan estrepitosa, se genera un clima de desconfianza que abona el terreno para las «soluciones» del sector privado.
La pregunta que debemos hacernos es si esta crisis sanitaria en el cribado de cáncer es una causa o una consecuencia. ¿Es la prueba de que el sistema público no funciona o es la demostración de lo que ocurre cuando se le abandona, se le descapitaliza y se le despoja de los recursos humanos y técnicos necesarios para operar con garantías? La respuesta parece evidente: un sistema debilitado deliberadamente está condenado a fallar.
Una Alarma que Resuena en Toda España
El Ministerio de Sanidad ha reaccionado con una auditoría nacional de todos los programas de cribado, no solo el de mama, sino también los de colon y cuello uterino. Es un reconocimiento implícito de que la vulnerabilidad no es exclusiva de Andalucía. La falta de transparencia en los tiempos de respuesta detectada en comunidades como Valencia, Baleares, Aragón o Navarra dibuja un mapa de riesgos sistémicos.
Los sistemas de detección precoz son uno de los pilares de la medicina moderna y un instrumento fundamental para la equidad en salud. Permiten salvar miles de vidas al año, especialmente entre poblaciones que no tienen acceso a seguros privados de alto coste. Dejar que estos programas se degraden por fallos de gestión, falta de personal o sistemas informáticos obsoletos es una traición al contrato social.
Conclusión: Defender lo Público como Única Garantía
Esta crisis no puede saldarse con un puñado de dimisiones y un plan de choque temporal. Exige una reflexión profunda y una enmienda total a las políticas que han conducido a la sanidad pública a este punto de quiebre. La confianza de la ciudadanía, una vez rota, es extraordinariamente difícil de restaurar.
La sanidad pública no es «insostenible». Lo que es verdaderamente insostenible es una gestión que la desprecia, una política que la ahoga financieramente y un discurso que busca su demolición para entregar los restos al mercado. La salud no es una mercancía y la vida de las personas no puede depender de un sistema informático sin supervisión o de la rentabilidad económica. La defensa de un sistema sanitario público, universal y de calidad no es una opción, es una obligación democrática y un imperativo moral.
















