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El informe del IPCC sobre el cambio climático

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El informe del IPCC no es una alarma más: es el mapa de riesgos de un planeta que ya ha cambiado

Qué es el IPCC y por qué importa

El IPCC, siglas en inglés del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, es el organismo de Naciones Unidas encargado de evaluar el conocimiento científico disponible sobre el cambio climático. No es una ONG ecologista, ni un partido político, ni un laboratorio que realice investigaciones propias. Su función es distinta y mucho más sólida: revisar, ordenar y sintetizar miles de estudios científicos publicados en todo el mundo para ofrecer a los gobiernos una base común de conocimiento.

Fue creado en 1988 por la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Su objetivo oficial es proporcionar a los gobiernos información científica que puedan utilizar para diseñar políticas climáticas. Además, sus informes son una referencia central en las negociaciones internacionales sobre cambio climático. El propio IPCC recuerda que no realiza investigación original, sino que evalúa la literatura científica existente mediante procesos de revisión abiertos a expertos y gobiernos. (IPCC)

Su estructura también explica su importancia. El IPCC está formado por 195 gobiernos miembros. Cada país designa un punto focal nacional, mientras que los expertos que elaboran los informes son propuestos por gobiernos y organizaciones observadoras y seleccionados por la Mesa del IPCC. Es decir, hablamos de una institución científica intergubernamental, no de un grupo privado de opinión. (IPCC)

El informe adjunto corresponde al Resumen Técnico del Grupo de Trabajo II del Sexto Informe de Evaluación del IPCC. Este grupo se ocupa de los impactos, la adaptación y la vulnerabilidad. Dicho de manera sencilla: analiza cómo está afectando ya el cambio climático a los ecosistemas, las ciudades, la salud, la economía, la agricultura, el agua y las comunidades humanas, y qué margen queda para adaptarse. El documento se apoya en literatura aceptada hasta el 1 de septiembre de 2021 y forma parte del ciclo AR6 del IPCC.

El mensaje de fondo: ya no hablamos solo del futuro

Durante muchos años, el cambio climático se explicó como una amenaza futura. Algo que podía ocurrir si no se actuaba a tiempo. Ese marco ya se ha quedado corto. El informe del IPCC deja claro que los impactos ya están ocurriendo, que son más extensos de lo previsto y que se están acumulando sobre sociedades profundamente desiguales.

La clave del documento es su enfoque de riesgo. El riesgo climático no depende solo de que aumente la temperatura. Depende de la combinación entre amenaza climática, exposición y vulnerabilidad. Una ola de calor no tiene el mismo efecto en un barrio con sombra, renta suficiente y viviendas bien aisladas que en una zona densamente urbanizada, con población envejecida, pobreza energética y mala calidad constructiva. Por eso el IPCC insiste en que la crisis climática es también una cuestión de justicia social.

El informe es muy claro en una idea: desde el anterior gran informe del IPCC, los riesgos climáticos están apareciendo más rápido y serán más graves antes de lo esperado. Además, sus impactos no se quedan encerrados en un sector. Una sequía afecta al agua, pero también a la agricultura, a la energía hidroeléctrica, al precio de los alimentos, a la salud, a los incendios y a la economía rural. Ese carácter encadenado es una de las grandes advertencias del documento.

Ecosistemas: la naturaleza ya está respondiendo

Uno de los capítulos más duros del informe del IPCC es el relativo a los ecosistemas. El IPCC afirma con muy alta confianza que el cambio climático ha alterado ecosistemas marinos, terrestres y de agua dulce en todo el planeta. Las especies se están desplazando hacia latitudes más frías o hacia zonas de mayor altitud. También se están modificando los ciclos biológicos: floraciones, migraciones, reproducción, aparición de plagas y distribución de enfermedades.

No es un cambio menor. Cuando una especie se desplaza, no se mueve sola. Cambia la relación con sus depredadores, sus presas, sus polinizadores y sus competidores. En territorios insulares, de montaña o con alto endemismo, el problema se agrava. Hay especies que simplemente no tienen a dónde ir. El informe advierte de pérdidas locales de poblaciones, mortalidades masivas y riesgos crecientes de extinción, especialmente en sistemas ya sometidos a otros impactos humanos.

Este punto conecta directamente con Canarias. Un archipiélago con una biodiversidad singular, una alta concentración de endemismos y ecosistemas escalonados por altitud es especialmente sensible a pequeños desplazamientos de temperatura, humedad y régimen de precipitaciones. En una isla, la montaña no es infinita. Cuando una especie sube buscando condiciones más frescas, tarde o temprano se queda sin territorio.

Agua, alimentos y salud: la vida cotidiana entra en la ecuación

El informe del IPCC también desmonta la idea de que el cambio climático sea solo un problema ambiental. El agua, la alimentación y la salud aparecen como ejes centrales. Según el documento, cerca de la mitad de la población mundial experimenta escasez severa de agua durante al menos un mes al año por factores climáticos y no climáticos. La intensificación del ciclo hidrológico aumenta al mismo tiempo los riesgos de sequía y de lluvias extremas.

La agricultura y la pesca tampoco quedan al margen. Las olas de calor, las sequías, las inundaciones y las olas de calor marinas están afectando a la productividad agrícola, forestal y pesquera. El IPCC advierte de impactos en disponibilidad de alimentos, precios, seguridad alimentaria y medios de vida, sobre todo en regiones vulnerables y en comunidades dependientes de sectores primarios.

En salud, la conclusión es igualmente contundente. El cambio climático ya ha dañado la salud física y mental de las personas. Aumentan los riesgos asociados al calor, las enfermedades transmitidas por vectores, las enfermedades relacionadas con el agua y los impactos psicológicos derivados de eventos extremos, pérdida de hogares, deterioro del entorno y ansiedad climática.

El informe del IPCC

España: país mediterráneo, país vulnerable

España aparece dentro de una de las regiones más sensibles del planeta: el Mediterráneo. La combinación de aumento de temperaturas, reducción de disponibilidad hídrica, sequías más intensas, incendios forestales, presión sobre costas y pérdida de biodiversidad sitúa a nuestro país en una posición delicada.

La actualización nacional confirma esa tendencia. La Evaluación de Riesgos e Impactos derivados del Cambio Climático en España, ERICC 2025, identifica 141 riesgos climáticos que afectan a la salud, la economía, los ecosistemas y la seguridad. Entre los 17 riesgos de baja reversibilidad destacan la pérdida de biodiversidad, la degradación de ecosistemas y suelos, la salinización de acuíferos costeros, la erosión y subida del nivel del mar, así como la destrucción de patrimonio natural y cultural. (Ministerio de Transición Ecológica)

Los escenarios nacionales son serios. En los peores supuestos, España podría registrar aumentos medios de temperatura de 2 a 3 ºC a mediados de siglo y de hasta 5 a 6 ºC a finales. La misma evaluación señala que los climas áridos ya ocupan más del 20% del territorio nacional y seguirán expandiéndose, con efectos directos sobre el agua, los suelos y la biodiversidad. También advierte de una posible subida del nivel del mar de entre 50 y 60 centímetros para 2100 y de un incremento de hasta el 30% del peligro de incendios forestales en la cuenca mediterránea. (Ministerio de Transición Ecológica)

Datos de Aemet

Los datos recientes de AEMET encajan con ese diagnóstico. El avance climático nacional de 2025 calificó el año como extremadamente cálido en la España peninsular, con una temperatura media de 15,0 ºC, 1,1 ºC por encima del periodo de referencia 1991-2020. Fue el tercer año más cálido desde 1961, empatado con 2024 y solo por detrás de 2022 y 2023. Además, los once años más cálidos de la serie corresponden todos al siglo XXI. (AEMET)

Conviene no confundir lluvia puntual con seguridad climática. El año 2025 fue húmedo en conjunto en la España peninsular, con 696,1 mm de precipitación media, el 109% del valor normal, pero el propio registro anual muestra una fuerte irregularidad: primavera muy húmeda, verano seco y otoño seco. Esa alternancia entre extremos es precisamente una de las señales más preocupantes del nuevo clima. (AEMET)

Canarias: menos lluvia, más calor y un equilibrio frágil

Canarias merece una lectura específica. No es solo una región más dentro de España. Es un archipiélago subtropical, oceánico, con fuerte dependencia exterior, elevada presión territorial, ecosistemas únicos, vulnerabilidad hídrica y una economía muy apoyada en el turismo. Ese cóctel convierte al cambio climático en un problema estratégico.

El Gobierno de Canarias puso en marcha en marzo de 2026 un portal público para centralizar información científica sobre cambio climático en el archipiélago. La plataforma permite consultar proyecciones climáticas a mitad y final de siglo, así como datos sobre capacidad de absorción de carbono de comunidades vegetales canarias. También integra proyectos de investigación y adaptación impulsados por la Consejería en colaboración con universidades y entidades especializadas. (Gobierno de Canarias)

Proyecciones de la ULL

Las proyecciones explicadas desde la Universidad de La Laguna apuntan a un escenario de aumento de temperaturas, disminución de precipitaciones y mayor frecuencia de episodios de sequía. La combinación es especialmente delicada porque más temperatura implica más evaporación y, por tanto, menor disponibilidad de agua. (Universidad de La Laguna)

En Canarias, además, el cambio climático golpea de forma muy particular a las zonas altas. Investigadores de la ULL señalan que las temperaturas están subiendo de forma más acusada en la alta montaña que por debajo del mar de nubes. Esto puede afectar a ecosistemas de cumbre, laurisilva, pinares, matorral de alta montaña, captación de humedad y recarga de acuíferos. (Universidad de La Laguna)

También hay un impacto directo sobre la salud. Canarias registra temperaturas nocturnas muy elevadas, y el aumento de noches tropicales compromete el descanso, especialmente en personas mayores o vulnerables. Según la información divulgada por la ULL, a nivel del mar el número de noches tropicales se ha duplicado, mientras que por encima del mar de nubes se habría multiplicado por cinco o seis. (Universidad de La Laguna)

El turismo tampoco queda blindado. Las islas han basado buena parte de su atractivo en una temperatura agradable durante todo el año. Sin embargo, si el verano pierde confort climático, el modelo turístico puede verse presionado. Esto no significa que Canarias vaya a dejar de ser un destino turístico, pero sí que deberá adaptarse: más sombra urbana, mejor arquitectura climática, gestión del agua, protección de costas, prevención de incendios y planificación territorial seria.

La conclusión incómoda: adaptarse ya no basta si no se reducen emisiones

El informe del IPCC no invita al derrotismo. Invita a actuar con inteligencia. La adaptación es imprescindible, pero tiene límites. Hay impactos ante los que se puede ganar tiempo, reducir daños y proteger a la población. Otros, sin embargo, pueden hacerse irreversibles si se superan determinados umbrales.

Por eso la mitigación y la adaptación no pueden tratarse como políticas separadas. Reducir emisiones es evitar que los daños se disparen. Adaptarse es asumir que una parte del cambio ya está aquí. En España y en Canarias, esto exige abandonar la improvisación: ordenar el territorio con criterios climáticos, proteger los acuíferos, acelerar la transición energética, reforzar los sistemas de salud pública, adaptar los horarios laborales al calor, rediseñar ciudades y cuidar los ecosistemas que nos protegen.

El IPCC no dice que el futuro esté escrito. Dice algo más exigente: que todavía depende de lo que hagamos, pero cada año de retraso estrecha el margen de maniobra. Y esa es quizá la lectura más honesta del informe. El cambio climático ya no es una advertencia abstracta. Es una condición material de nuestro tiempo. En Canarias, en España y en el mundo, gobernar bien significará, cada vez más, gobernar con el clima dentro de la ecuación.

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