El Franquismo S.A. (Parte 3): El Capitalismo de Amiguetes y los Apellidos del Poder
En las entregas anteriores de «El Franquismo S.A.» hemos visto cómo el régimen construyó una arquitectura legal para el expolio y cómo el propio dictador y su familia se enriquecieron hasta acumular una fortuna obscena. Pero el saqueo no se detuvo en El Pardo. Para consolidar su poder, Franco necesitaba crear una nueva oligarquía económica, una élite leal cuya fortuna dependiera directamente de su favor.
Así nació el «capitalismo de amiguetes», un sistema donde la frontera entre el poder político y el económico se borró por completo. El Estado no actuaba como un árbitro, sino como el consejo de administración de un selecto club de familias y empresarios afines. Se repartían monopolios, contratos públicos sin concurso y privilegios fiscales a cambio de una lealtad inquebrantable.
La fusión fue total. La práctica de las «puertas giratorias» era la norma: está documentado que hasta 43 ministros de la dictadura pasaron a ocupar altos cargos en la banca y en grandes empresas al dejar el gobierno. A su vez, los magnates de la industria se sentaban en las Cortes franquistas, moldeando las leyes a su antojo.
Para entender cómo funcionaba este sistema, nada mejor que analizar a dos de sus sagas más emblemáticas.
Caso 1: La Familia March, del Contrabando al Poder Financiero
Si hay un arquetipo del empresario del régimen, ese es Juan March. Sus orígenes se encuentran en el contrabando de tabaco en la Mallorca de principios del siglo XX. Perseguido por sus actividades ilícitas durante la Segunda República, March vio en el golpe de Estado de 1936 su gran oportunidad. Se convirtió en uno de los principales financiadores de la sublevación militar, aportando fondos cruciales y poniendo su red de influencias al servicio de Franco.
Su apoyo a la «Cruzada» fue generosamente recompensado. Durante la dictadura, la Banca March se consolidó como una de las instituciones financieras más poderosas del país. Actuaba como intermediario clave en las operaciones del Estado y expandió su imperio a sectores estratégicos como el naviero o el industrial. La relación entre Franco y March fue un «matrimonio de conveniencia»: el dictador obtenía financiación y un aliado poderoso, y el banquero obtenía la protección y los privilegios necesarios para multiplicar su fortuna. Cuando murió en 1962, era una de las personas más ricas del mundo.

Caso 2: La Familia Oriol y el Monopolio Eléctrico
Mientras los March dominaban las finanzas, la familia Oriol se hizo con el control de un sector estratégico: la energía eléctrica. A través de compañías clave como Hidroeléctrica Española (Hidrola) e Iberduero, los Oriol construyeron un dominio casi absoluto sobre la producción y distribución de electricidad en España.
José María de Oriol y Urquijo, cabeza de la familia, era una de las figuras más influyentes del régimen. Su cercanía a Franco era notoria, llegando a compartir travesías en el yate Azor del dictador. Desde su posición de poder como presidente de la patronal eléctrica (UNESA), dictó la política energética del país, asegurando un marco regulatorio que blindaba los beneficios de su oligopolio y bloqueaba cualquier intento de competencia.
El análisis de estas sagas, junto a otras como los Koplowitz, los Banús o los Meliá , revela una verdad incómoda. La posición dominante de muchas de las grandes corporaciones que hoy cotizan en el IBEX 35 no nació de la libre competencia, sino de un «pecado original»: los privilegios y monopolios otorgados por una dictadura a sus aliados más fieles. El poder de aquellos apellidos, forjado en los despachos de El Pardo, sigue muy presente en los consejos de administración de la España democrática.
En la próxima entrega de «El Franquismo S.A.», exploraremos la médula del sistema: la corrupción institucionalizada. Analizaremos por qué, bajo el franquismo, la corrupción no era una desviación, sino la norma, y cómo la frase «robar era obedecer» definía la lógica del poder.
















