La guerra en el surtidor y el turismo intocable: las incoherencias del modelo fiscal canario
1. La guerra que pagas en la gasolinera
Es una escena cotidiana que se repite cada mañana en cualquier estación de servicio de las islas. Un conductor observa con resignación cómo los números del surtidor giran a una velocidad de vértigo. Mientras murmura que «otra vez han subido los precios por la guerra«. No le falta razón. Canarias, un territorio insular con una dependencia casi absoluta del transporte marítimo y de la energía de origen fósil, se ha convertido en una especie de rehén geopolítico.
En consecuencia, cuando la inestabilidad global encarece el barril de petróleo, en el archipiélago el impacto se multiplica. Golpeando con crueldad la cesta de la compra y la renta de las familias. Sin embargo, este escenario nos obliga a plantearnos una pregunta ineludible. ¿Por qué la única solución que pone sobre la mesa el Gobierno autonómico es rebajar los impuestos al combustible, mientras la industria del turismo masivo sigue operando sin aportar una ecotasa seria y estructural a las arcas públicas?
2. El eco de Oriente Medio: cómo nos golpea el petróleo
Para comprender la magnitud del problema, debemos mirar hacia el tablero internacional. El recrudecimiento del conflicto en Oriente Medio y la constante amenaza sobre el estrecho de Ormuz —por donde transita aproximadamente el 20 % del crudo mundial— se traducen de forma automática en inflación para Canarias.
El encarecimiento de los fletes marítimos y aéreos dispara los costes de los alimentos y asfixia a un sector primario que ya se encuentra al límite de su rentabilidad. De hecho, el propio presidente autonómico, Fernando Clavijo, ha reconocido recientemente la gravedad de la situación, advirtiendo de forma tajante que, si esta coyuntura se alarga unos meses, supondrá «un destrozo» para la economía de las islas. La vulnerabilidad es evidente, pero las soluciones propuestas merecen un análisis crítico riguroso.
3. La respuesta oficial: el parche de bajar impuestos a la gasolina
Ante este panorama inflacionista, la principal medida esgrimida desde el Ejecutivo autonómico es la bonificación o la reducción de la fiscalidad sobre los combustibles fósiles. Se argumenta que es el único margen de maniobra fiscal del que disponen a nivel local para aliviar el bolsillo ciudadano.
No obstante, desde una perspectiva progresista y de responsabilidad climática, esta medida presenta serias deficiencias. En primer lugar, es un parche temporal que no altera nuestra dependencia estructural del exterior. En segundo lugar, subvencionar la quema de hidrocarburos envía una señal de precios equivocada. Estimula las emisiones de gases de efecto invernadero y bloquea de facto la imprescindible transición energética. Además, esta política fiscal deja en la estacada a los sectores más vulnerables de la población que no poseen vehículo privado. Pero que sufren igualmente la inflación en los bienes de primera necesidad.
4. El elefante en la habitación: el turismo sin ecotasa en Canarias
Aquí es donde aflora la mayor contradicción del modelo fiscal canario. Mientras se destinan recursos públicos a abaratar la gasolina, el turismo masivo —un sector hiperconsumidor de energía, agua y territorio— sigue sin estar sujeto a una ecotasa autonómica general.
El debate sobre la implantación de un impuesto a las estancias turísticas lleva años sobre la mesa. Formaciones como el PSOE o Nueva Canarias han presentado propuestas legislativas sólidas para gravar las pernoctaciones. Pero Coalición Canaria y sus socios de gobierno han optado sistemáticamente por dilatar los plazos. Apelando a una «reflexión sosegada» o sugiriendo que «no es el momento». Es cierto que a partir de 2026 se ha puesto en marcha una tasa específica para acceder al Parque Nacional del Teide. Pero no nos equivoquemos. Esto constituye un peaje de conservación localizado, no un gravamen estructural que replantee nuestro modelo de desarrollo.

5. Datos que pican: 18 millones de turistas y cero tasa real
Las cifras exponen la magnitud de la oportunidad perdida. En el año 2025, Canarias alcanzó la abrumadora cifra de 18 millones de visitantes. Según las estimaciones de los impulsores de la ecotasa, aplicar un gravamen moderado (de entre 1 y 3,5 euros por noche, eximiendo a los residentes) generaría una recaudación anual cercana a los 250 millones de euros.
La disparidad es, cuanto menos, desconcertante. Resulta incomprensible que las instituciones discutan cada céntimo que se recauda en la gasolinera, mientras renuncian voluntariamente a cientos de millones de euros. Unos fondos que, gestionados con voluntad política, podrían destinarse de manera finalista a fortalecer el transporte público, promover la vivienda social y acelerar la descarbonización del archipiélago.
6. ¿Quién gana y quién pierde con este modelo?
Si seguimos el rastro del dinero, la radiografía social es evidente. Los grandes beneficiarios de esta inacción fiscal son las cadenas hoteleras internacionales, los grandes fondos de inversión y los turoperadores, que maximizan sus márgenes de beneficio sin compensar adecuadamente el desgaste que suponen para las infraestructuras locales. En el lado opuesto, los grandes perdedores son las familias trabajadoras y el pequeño comercio, que asumen en solitario el coste de la inflación y la precariedad de los servicios públicos.
Los lobbies turísticos suelen esgrimir el argumento del miedo, asegurando que cualquier tasa espantará a los visitantes. Sin embargo, la evidencia internacional y la experiencia de destinos maduros demuestran exactamente lo contrario: las ecotasas moderadas no merman la demanda, sino que dotan a la administración de herramientas financieras para modernizar y dignificar el entorno, beneficiando tanto al visitante como al residente.
7. El giro narrativo: ¿y si hiciéramos justo lo contrario?
Imaginemos por un momento un escenario en el que la racionalidad democrática y climática dictara la agenda. En lugar de quemar dinero público subvencionando energías del pasado, la recaudación de una ecotasa turística se inyectaría directamente en las venas de la sociedad canaria.
Con 250 millones de euros adicionales al año, se podría financiar la electrificación masiva del transporte público, garantizando bonos de guagua y tranvía verdaderamente asequibles o gratuitos para las rentas bajas. Se podrían rehabilitar edificios para hacerlos eficientes energéticamente e impulsar comunidades energéticas solares en todos los municipios. Este enfoque demuestra que la asfixia económica de las islas no es un problema técnico inevitable, sino una estricta cuestión de prioridades políticas.
8. La pregunta que se queda en la cabeza
Al final del día, la economía se reduce a las vidas de las personas. Quien hoy mira con angustia cómo sube el precio de la gasolina para ir a trabajar es, muy probablemente, la misma persona que limpia habitaciones de hotel a destajo, conduce una guagua turística o atiende mesas soportando la precariedad laboral.
Por tanto, debemos exigir un cambio de paradigma. Si la guerra global te vacía el bolsillo en el surtidor, que al menos el turismo deje en tu tierra algo más que salarios bajos, masificación y emisiones de CO₂. Ha llegado la hora de abrir un debate ciudadano, transparente y valiente sobre qué actividades estamos dispuestos a subvencionar y a quiénes debemos exigir que arrimen el hombro. La implantación de una ecotasa real, solidaria y finalista no es solo una herramienta económica; es un imperativo de justicia social y supervivencia climática para Canarias.



















