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La filoxera en Candelaria y su impacto vitivinícola

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La Amenaza Silenciosa Despierta en el Sur

Octubre de 2025 trajo consigo una noticia que cayó como un jarro de agua fría sobre el sector vitivinícola de Candelaria. En el municipio mariano, en una finca particular, se confirmaba el primer caso de filoxera en el sur de la isla. La alarma no es para menos. Hablamos de un enemigo microscópico con un historial de devastación continental.

La detección fue un ejemplo de manual de la importancia de la vigilancia. El 13 de octubre, técnicos del Cabildo de Tenerife identificaron síntomas sospechosos. De inmediato, se activó el protocolo: las muestras volaron al Laboratorio Nacional de Referencia, que no tardó en confirmar la presencia de Daktulosphaira vitifoliae.

Lo significativo de este foco, localizado fuera de las Denominaciones de Origen Protegidas (DOP), es su ubicación. Hasta ahora, los brotes se habían contenido en el norte (Tacoronte-Acentejo y La Orotava). Su aparición en Candelaria expande el mapa de riesgo y nos obliga a una reflexión profunda sobre la bioseguridad en un territorio insular.

El Enemigo Invisible: ¿Qué es Exactamente la Filoxera?

Para entender la gravedad de la alerta, debemos comprender a qué nos enfrentamos. La filoxera no es una plaga común; es, literalmente, la plaga que reescribió la historia del vino. Fue la responsable del colapso casi total de la vitivinicultura europea en el siglo XIX, un evento que transformó paisajes, economías y culturas.

Este insecto, emparentado con los pulgones y de tamaño minúsculo (apenas supera el milímetro), es un parásito exclusivo de la vid. Su ciclo de vida es de una complejidad y eficacia asombrosas, llegando a reproducirse masivamente por partenogénesis (hembras que generan más hembras sin necesidad de machos) en cuestión de días.

Existen varias formas, pero la más temida en Europa es la radicícola, la que vive bajo tierra. Esta forma ataca lo que no vemos: las raíces. Con su aparato bucal, succiona la savia de la planta, provocando tumores y agallas. Estas heridas son la puerta de entrada para hongos y bacterias que aceleran la pudrición del sistema radicular. El resultado es una muerte lenta pero inexorable: la planta pierde vigor, sus hojas amarillean y, finalmente, la cepa colapsa.

Originaria de América del Norte, llegó a Europa a mediados del siglo XIX camuflada en esquejes. Su expansión fue catastrófica. La única solución viable, que perdura hasta hoy, fue una lección de humildad y adaptación: injertar las preciadas variedades europeas sobre «pies» o portainjertos de vides americanas, que habían coevolucionado con el insecto y desarrollado resistencia a sus ataques en la raíz.

La filoxera en Candelaria

La Respuesta: Cuando las Instituciones Funcionan

Ante una amenaza de este calibre, la inacción no es una opción. Y aquí, debemos reconocerlo, la respuesta en Candelaria ha sido ejemplar y contundente, demostrando que la coordinación entre administraciones (Gobierno de Canarias, Cabildo de Tenerife y Ayuntamiento de Candelaria) es la primera línea de defensa.

Las medidas adoptadas fueron inmediatas y drásticas, como exige el protocolo fitosanitario:

  1. Erradicación: Arranque y quema controlada de todas las viñas afectadas en la finca. Es una medida dolorosa, pero absolutamente necesaria para eliminar el foco.
  2. Contención: Se estableció un perímetro de seguridad de 500 metros, donde se aplicaron tratamientos fitosanitarios y se intensificó la prospección.
  3. Vigilancia: Afortunadamente, las inspecciones posteriores no han revelado más plantas afectadas, lo que sugiere una detección muy temprana.
  4. Transparencia: La reunión informativa del 21 de octubre con el sector vitivinícola local no es un detalle menor. En una crisis, la información veraz y la pedagogía son fundamentales para garantizar la colaboración ciudadana y evitar el pánico.

Esta respuesta coordinada es un éxito de la gobernanza pública. Es la demostración de que las instituciones, cuando están alerta y dotadas de medios técnicos (como el Laboratorio Nacional), pueden actuar como un dique de contención eficaz.

Conclusión: De la Vulnerabilidad a la Resiliencia Colectiva

Lo sucedido en Candelaria debe ser analizado más allá de la anécdota agrícola. Es un recordatorio de nuestra profunda vulnerabilidad. En un mundo hiperconectado, las barreras naturales (como el océano que rodea a Canarias) son cada vez más permeables. Un insecto diminuto puede viajar miles de kilómetros y poner en jaque un patrimonio cultural y económico vital.

Canarias, además, posee un tesoro único: viñedos «prefiloxéricos» o de «pie franco» (no injertados), que sobrevivieron a la gran plaga del siglo XIX. La llegada de la filoxera a la isla pone este patrimonio genético, de un valor incalculable, en un riesgo existencial.

Este episodio es también un espejo de los retos que impone la crisis climática. Aunque este brote no se pueda atribuir directamente al cambio climático, sí sabemos que el aumento de las temperaturas y la alteración de los regímenes de lluvias estresan nuestros ecosistemas y pueden modificar el comportamiento y la virulencia de las plagas. La fragilidad biológica y la fragilidad climática van de la mano.

Pero el mensaje final no debe ser de temor, sino de esperanza y acción. La rápida detección en Candelaria es, en sí misma, una historia de éxito. Demuestra que los sistemas de vigilancia funcionan. Demuestra que, cuando la ciencia y la política colaboran, la respuesta es eficaz.

Este «simulacro» real nos obliga a reforzar la vigilancia, a invertir en investigación y a apoyar a nuestro sector primario. La solución histórica a la filoxera fue la adaptación y la ciencia (el injerto). La solución a nuestras crisis actuales –sean biológicas, energéticas o climáticas– sigue siendo la misma: adaptación, ciencia, transición ecológica y una fuerte acción colectiva. La defensa de nuestro territorio empieza bajo tierra, en las raíces de una vid, pero se gana en la conciencia y el compromiso de toda la sociedad.

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