CIS junio 2026: una carrera más estrecha y una ciudadanía cansada
El CIS junio 2026 no ofrece una fotografía cómoda para nadie. El PSOE continúa siendo la primera fuerza política, pero pierde buena parte de la amplia ventaja que conservaba en mayo. El PP recupera terreno, Vox se mantiene en niveles elevados y el espacio situado a la izquierda del Partido Socialista sigue fragmentado.
Sin embargo, reducir el barómetro a una carrera entre siglas sería quedarse en la superficie. Bajo la estimación electoral aparece una ciudadanía preocupada por la vivienda, la economía, el empleo y la sanidad. Al mismo tiempo, crecen con fuerza la corrupción y el deterioro de la política como problemas nacionales.
La encuesta fue realizada entre el 1 y el 4 de junio de 2026 mediante 4.024 entrevistas telefónicas. Su margen de error muestral es de ±1,6 puntos para el conjunto de la muestra. El avance oficial fue publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas el 11 de junio. (Liferay)
Conviene recordar otra cautela importante. La estimación del CIS describe el escenario existente durante el trabajo de campo. No es una predicción de lo que ocurriría necesariamente en unas elecciones futuras. El propio organismo define su método como una medición por escenarios sin intención prospectiva.
CIS junio 2026: la ventaja socialista se reduce
La estimación electoral coloca al PSOE en el 31,3 %, seguido del PP con un 27,1 %. Vox alcanza el 15,8 %, Sumar obtiene un 6,4 % y Podemos se sitúa en el 2,8 %. (Liferay)
| Partido | Junio 2026 | Mayo 2026 | Variación |
|---|---|---|---|
| PSOE | 31,3 % | 36,2 % | −4,9 |
| PP | 27,1 % | 24,9 % | +2,2 |
| Vox | 15,8 % | 16,2 % | −0,4 |
| Sumar | 6,4 % | 5,7 % | +0,7 |
| Podemos | 2,8 % | 2,5 % | +0,3 |
La distancia entre PSOE y PP baja así de 11,3 puntos en mayo a 4,2 en junio. El cambio es demasiado amplio para ignorarlo, aunque tampoco debería interpretarse como una tendencia irreversible a partir de un solo barómetro. Los datos de mayo situaban al PSOE en el 36,2 %, al PP en el 24,9 % y a Vox en el 16,2 %.
El movimiento más relevante no es solo la subida del Partido Popular. La caída socialista, de casi cinco puntos, resulta bastante mayor que el crecimiento del PP. Una parte del retroceso parece dirigirse hacia la indecisión, no necesariamente hacia la oposición.
Así lo muestra el voto directo. El PSOE pasa del 28,5 % registrado en mayo al 23 % de junio, mientras el PP sube del 18 % al 19,3 %. A la vez, quienes todavía no saben qué votar aumentan del 11,9 % al 15,4 %. Los datos reflejan un debilitamiento socialista, pero también una bolsa creciente de electores sin decisión cerrada.
Una aritmética de bloques que cambia de signo
La suma simple de PP y Vox alcanza el 42,9 %. PSOE, Sumar y Podemos reúnen conjuntamente un 40,5 %. Un mes antes, estas tres fuerzas progresistas sumaban el 44,4 %, frente al 41,1 % de PP y Vox.
No se trata de una proyección parlamentaria. Los escaños dependen de las circunscripciones, la distribución territorial del voto y los resultados de las fuerzas nacionalistas y regionalistas. Tampoco todas las formaciones pueden agregarse automáticamente como si constituyeran bloques homogéneos.
Aun con esas reservas, el cambio tiene relevancia política. En mayo, la suma de las principales fuerzas progresistas superaba a la derecha y la extrema derecha. En junio sucede lo contrario.
Para el PSOE, mantenerse en primera posición no debería ocultar la advertencia. Para el PP, recortar distancias tampoco equivale a disponer de una mayoría social suficiente. Vox conserva una fuerza considerable y continúa condicionando cualquier escenario de gobierno de la derecha.

Ningún dirigente consigue aprobar
La crisis de confianza política aparece con claridad en la valoración de los líderes. Pedro Sánchez obtiene una media de 4,21 puntos sobre diez; Yolanda Díaz, 4,05; Alberto Núñez Feijóo, 3,79; y Santiago Abascal, 2,99.
Ninguno alcanza el aprobado.
Sánchez sigue siendo el dirigente mejor valorado, pero baja desde el 4,59 de mayo. Yolanda Díaz también retrocede, mientras Feijóo y Abascal apenas mejoran unas centésimas. La conclusión no es que haya aparecido un liderazgo alternativo capaz de generar una adhesión mayoritaria. Lo que se consolida es una valoración negativa del conjunto.
La preferencia para presidir el Gobierno refuerza esta lectura. Pedro Sánchez es mencionado espontáneamente por el 25 % de los entrevistados; Alberto Núñez Feijóo, por el 13,4 %; Santiago Abascal, por el 9,5 %; y Gabriel Rufián, por el 5 %.
Pero existe un dato todavía más expresivo: el 23,7 % responde que no prefiere a ninguno. Esa opción queda prácticamente empatada con Sánchez y muy por encima de Feijóo.
Entre quienes sí mencionan a una persona concreta, Sánchez alcanza el 39,2 %, Feijóo el 20,9 % y Abascal el 14,9 %. El presidente conserva una ventaja notable, aunque pierde apoyo respecto a mayo, cuando llegaba al 42,8 % entre quienes elegían un dirigente.
La confianza tampoco acompaña a la oposición
El 31 % declara sentir mucha o bastante confianza en Pedro Sánchez. En sentido contrario, el 68 % responde que le inspira poca o ninguna.
Los resultados del CIS de junio de 2026 de Feijóo son todavía más débiles. Solo un 20,3 % expresa mucha o bastante confianza en él, frente al 78,4 % que manifiesta poca o ninguna.
Esta diferencia resulta políticamente relevante. El desgaste del Gobierno existe y se aprecia tanto en la estimación electoral como en la valoración de Sánchez. Sin embargo, el líder del PP continúa sin transformar ese desgaste en una confianza personal sólida.
La oposición mejora electoralmente, pero no consigue construir una alternativa ampliamente reconocida. De hecho, Feijóo obtiene menos confianza que apoyo estimado para su partido. El PP parece beneficiarse en parte del rechazo al Gobierno, no únicamente de una adhesión entusiasta a su liderazgo.
La vivienda sigue en cabeza, pero irrumpe la corrupción
La vivienda continúa siendo el principal problema de España para el 41,5 % de los encuestados. Baja desde el 48,8 % de mayo, pero mantiene una distancia considerable sobre el resto. La crisis económica aparece con un 19,2 % y la inmigración con un 18,9 %.
La principal novedad de este CIS de Junio del 2026 se encuentra en las preocupaciones políticas. La corrupción y el fraude suben hasta el 18,4 %, frente al 9,1 % del mes anterior. Los problemas políticos en general aumentan del 12,1 % al 18,3 %. También crecen las menciones al Gobierno, los partidos o dirigentes concretos, que alcanzan el 14,4 %.
No parece prudente atribuir toda esta variación a un único acontecimiento. El barómetro no demuestra por sí mismo las razones causales del cambio. Sí permite afirmar que, durante los primeros días de junio, la preocupación por la corrupción y la calidad de la política adquirió una presencia mucho mayor.
Aquí aparece una diferencia interesante entre lo que se percibe como problema del país y lo que afecta personalmente. Cuando los entrevistados hablan de su vida cotidiana, las prioridades son mucho más materiales: la crisis económica alcanza el 28,4 %, la vivienda el 27,4 %, la sanidad el 21,7 % y la calidad del empleo el 15,3 %.
La corrupción preocupa como deterioro colectivo. El coste de la vivienda, los ingresos, el empleo y los servicios públicos se viven directamente en los hogares.
Mi economía está mejor que la economía del país
El 68,4 % considera que su situación económica personal es buena o muy buena. Solo el 22,4 % la califica como mala o muy mala.
La percepción cambia cuando se pregunta por España. Apenas el 35,7 % juzga buena o muy buena la situación económica general, mientras un 56,6 % la ve mala o muy mala.
La brecha no debería despacharse diciendo que una de las dos respuestas es falsa. Los ciudadanos pueden valorar razonablemente su situación familiar y, al mismo tiempo, observar dificultades de acceso a la vivienda, precariedad laboral, desigualdad o incertidumbre en su entorno.
También influye la manera en que se construye la conversación pública. La economía personal se percibe mediante el salario, la pensión, el empleo y las facturas. La economía nacional llega además filtrada por discursos políticos, titulares informativos y expectativas sobre el futuro.

El cambio climático preocupa, aunque no lidere la conversación
Casi el 70 % de los entrevistados afirma estar mucho o bastante preocupado por el cambio climático. Un 17,2 % dice estar poco preocupado y un 10,7 % reconoce que no le preocupa nada.
Sin embargo, solo un 3,1 % lo menciona espontáneamente entre los tres principales problemas de España. No existe necesariamente una contradicción. Cuando se obliga a seleccionar unas pocas preocupaciones, cuestiones inmediatas como la vivienda, la economía o la corrupción desplazan a problemas que también se consideran graves.
Este matiz importa. La baja presencia espontánea del cambio climático no permite concluir que la sociedad sea indiferente. Existe una preocupación amplia, aunque compite con necesidades cotidianas que reclaman atención urgente.
La transición ecológica deberá entender esa realidad. No basta con explicar la gravedad del calentamiento global. Las políticas climáticas necesitan vincularse con vivienda asequible, transporte público, empleo de calidad, reducción de la factura energética y protección frente a fenómenos extremos.
Una advertencia para todos
El barómetro del CIS de junio de 2026 no concede cheques en blanco. El PSOE conserva el primer puesto, pero su retroceso es evidente. El PP avanza, aunque Feijóo continúa generando escasa confianza. Vox se mantiene como una fuerza poderosa y el espacio progresista situado a la izquierda del PSOE sigue sin recuperar suficiente capacidad electoral.
Por debajo de esas cifras se encuentra el mensaje más importante. La ciudadanía quiere poder acceder a una vivienda, afrontar el coste de la vida, disponer de un empleo digno y confiar en la sanidad. También exige una política menos degradada por la corrupción, la crispación y la permanente lucha partidista.
Un sondeo mensual no dicta el futuro. Puede cambiar con rapidez y siempre debe leerse con prudencia. Pero tampoco conviene ignorar su advertencia: cuando la política se aleja durante demasiado tiempo de los problemas reales, crecen al mismo tiempo la desconfianza, la indecisión y el espacio para quienes convierten el malestar en resentimiento.
La respuesta democrática no puede consistir en producir más ruido. Debe ofrecer soluciones, honestidad institucional y una esperanza que resulte creíble en la vida cotidiana.
















