Encuestas electorales: cómo funcionan y qué es la «cocina»
Las encuestas electorales pueden dibujar panoramas muy distintos de un mismo país. Leemos una y parece que unas elecciones están decididas; abrimos otra y encontramos un resultado diferente. Antes de elegir la que más nos gusta, conviene entender cómo se construyen. Mi criterio es sencillo: debemos exigir que expliquen sus métodos y sus límites, también cuando sus cifras favorecen nuestras preferencias.
Detrás de cada porcentaje hay personas que responden, otras que rechazan participar y decisiones sobre cómo interpretar esa información. Comprender ese recorrido ayuda a leer los titulares con más criterio.
Cómo se hacen las encuestas electorales
Una encuesta empieza por definir a quién quiere estudiar. Para unas elecciones interesa la población con derecho a voto. Después se selecciona una parte de ella: la muestra.
No hace falta preguntar a todo el país para obtener información útil. Pero hay que cuidar cómo se elige a las personas y qué grupos quedan fuera o responden menos. Una muestra debe reflejar la diversidad relevante de la población: edades, territorios, estudios y otras características relacionadas con lo que queremos medir.
Hay métodos de selección aleatoria, en los que se conocen las probabilidades de ser elegido. Otros recurren a cuotas o a paneles de participantes voluntarios. Sus garantías y sus necesidades de ajuste son diferentes. Además, una encuesta por internet puede proceder de un reclutamiento aleatorio o de personas que se apuntaron voluntariamente: el canal, por sí solo, no permite juzgar su calidad. Pew Research Center
Por eso, tener más entrevistas no resuelve por sí solo un problema de selección. Si ciertos votantes rechazan sistemáticamente participar, ampliar la muestra puede reproducir ese desequilibrio.

Importa quién responde, cómo y cuándo
Las entrevistas pueden hacerse por teléfono, por internet o presencialmente. Cada vía tiene ventajas y dificultades. Hablar con un entrevistador tampoco es exactamente igual que contestar a solas en una pantalla: algunas personas pueden sentirse más cómodas al declarar una preferencia en un entorno que en otro. AAPOR
También importan las palabras. No produce necesariamente la misma respuesta preguntar por una medida de forma neutral que presentarla acompañada de un juicio favorable o desfavorable. El orden de las preguntas y las opciones ofrecidas puede influir. Por eso necesitamos conocer el cuestionario completo. Pew Research Center
Y hay que mirar las fechas de las entrevistas. Una encuesta electoral terminada antes de un acontecimiento político no puede medir su efecto, aunque se publique después. La fecha del titular y la del trabajo de campo cuentan cosas distintas. AAPOR
Qué significa la «cocina» de una encuesta
Llamamos «cocina» a un conjunto de ajustes que conviene separar. Unos buscan que la muestra represente mejor a la población. Otros intentan estimar cómo se traducirían las respuestas en votos.
El primer proceso se conoce como ponderación: unas respuestas reciben más peso y otras menos.
Imaginemos que un grupo de edad constituye el 20 % de la población estudiada, pero solo el 10 % de las entrevistas. Dar más peso a sus respuestas puede ayudar a corregir esa falta de representación. No se cambia lo que ha contestado cada persona; se modifica cuánto cuenta en el resultado conjunto.
En la práctica se ajustan varias características a la vez. Una técnica habitual, llamada raking o ajuste iterativo, revisa sucesivamente los pesos para acercar la muestra a distribuciones conocidas, como las de edad, sexo o territorio. Pew Research Center
Esto exige una precaución: quienes respondieron dentro de cada grupo pueden pensar de manera diferente a quienes no respondieron. Conseguir las proporciones demográficas correctas no garantiza haber eliminado todo el sesgo político. Pew Research Center explica expresamente este límite de las ponderaciones. Pew Research Center
De la respuesta directa a la estimación de voto
La intención directa recoge la opción que declara el entrevistado. La estimación electoral incorpora reglas para calcular el apoyo que podrían recibir las candidaturas.
Estimar qué ocurriría si se votara ahora tampoco equivale a predecir lo que sucederá meses después: las preferencias y la participación pueden cambiar.
Antes de comparar porcentajes hay que comprobar sobre qué total están calculados. Un ejemplo permite verlo.
Si preguntamos a 100 personas y 30 eligen al partido A, su intención directa es del 30 %. Si únicamente 60 han señalado alguna candidatura, esas mismas 30 personas representan el 50 % de quienes han elegido partido.
Nadie ha añadido votantes al partido A. Ha cambiado el denominador.
Ese 50 % tampoco demuestra qué harán los demás entrevistados. Solo describe el reparto entre quienes han declarado una candidatura. Convertirlo en una estimación para todo el electorado requiere supuestos adicionales.
Además, hay que comprobar si una publicación calcula los porcentajes sobre votos a candidaturas o sobre voto válido. En este último se incluye el blanco y se excluye el nulo. Confundir esas bases puede llevarnos a atribuir al modelo diferencias que proceden, en parte, de una operación aritmética. La legislación electoral distingue esas categorías. boe.es

Qué métodos se utilizan para estimar
No existe una receta única. Estas son algunas herramientas que pueden combinarse dentro de un mismo modelo:
| Herramienta | Qué intenta resolver |
|---|---|
| Ponderación demográfica | Acerca la composición de la muestra a referencias conocidas de edad, sexo, estudios o territorio. |
| Ajuste por recuerdo de voto | Compara el voto anterior declarado con los resultados de aquellas elecciones y modifica los pesos. |
| Modelo de participación | Estima quién tiene más probabilidades de acudir a votar. |
| Asignación de indecisos | Utiliza información adicional para plantear cómo podrían repartirse quienes aún no eligen partido. |
| Modelos estadísticos | Relacionan varias respuestas y características para estimar probabilidades, en lugar de aplicar una única regla a todos. |
La ponderación y el ajuste político buscan corregir desequilibrios; la participación y la asignación de indecisos introducen hipótesis sobre el comportamiento electoral. No todas las encuestadoras emplean las mismas herramientas. AAPOR
Por ejemplo, un modelo puede seleccionar a quienes superan cierto nivel de probabilidad de votar. Otro puede conservar más entrevistados, dando a cada uno un peso según su probabilidad de participación. Para calcularla se pueden usar preguntas sobre interés político, intención de acudir a las urnas y participación anterior. Son procedimientos distintos y pueden ofrecer resultados diferentes. Pew Research Center
El recuerdo de voto ayuda, pero también tiene límites
Sabemos cuántos votos obtuvo cada candidatura en las elecciones anteriores. Eso permite comprobar si el reparto que recuerdan los entrevistados se parece al resultado conocido.
Si aparecen muchos más antiguos votantes de un partido de los que corresponderían, ajustar sus pesos puede mejorar el análisis. Pero el recuerdo declarado puede ser inexacto. También hay personas que prefieren no contestar, nuevos electores y cambios en la población.
Por tanto, una diferencia respecto al resultado anterior merece investigación. No demuestra por sí sola cuánto debemos corregirla. Una corrección excesiva también puede introducir errores. El propio Pew advierte de las dificultades de utilizar el voto recordado como referencia. Pew Research Center

Cómo tratan las encuestas electorales a los indecisos
Entre quienes todavía no eligen candidatura puede haber personas con dudas entre dos partidos, otras próximas a abstenerse y otras que prefieren reservarse su decisión.
Un procedimiento sencillo consiste en repartirlos proporcionalmente al voto declarado. Otros utilizan simpatía política, voto anterior o respuestas adicionales. Cada opción introduce supuestos: sentir simpatía por una formación no garantiza votarla, y haberla votado antes tampoco.
La investigación sobre indecisos muestra que las reglas de reparto pueden afectar a las estimaciones y que una distribución proporcional no tiene por qué reproducir su decisión final. 2016
Un ejemplo: las mismas respuestas, dos resultados
Este ejemplo es completamente ficticio y tiene una finalidad didáctica.
Entrevistamos a 1.000 personas:
- 300 eligen al partido A.
- 250 eligen al partido B.
- 150 eligen al partido C.
- 200 están indecisas.
- 100 dicen que no votarán.
Para simplificar, suponemos que las 700 personas con partido elegido y las 200 indecisas acabarán votando a una candidatura. No hay voto blanco ni nulo en este ejemplo.
En el primer escenario repartimos a los indecisos en la misma proporción que los ya decididos.
En el segundo suponemos que 50 acabarán votando a A, 120 a B y 30 a C. Este reparto solo sería defendible si hubiera información que lo respaldara; aquí sirve para mostrar el efecto de cambiar una hipótesis.
| Partido | Reparto proporcional de indecisos | Reparto alternativo |
|---|---|---|
| A | 42,9 % | 38,9 % |
| B | 35,7 % | 41,1 % |
| C | 21,4 % | 20,0 % |
En un escenario encabeza A; en el otro, B. Las respuestas iniciales son idénticas. Cambia lo que suponemos sobre quienes aún no habían elegido.
El ejemplo no demuestra que cualquier resultado sea aceptable. Muestra por qué debemos pedir una justificación del reparto y comprobar cuánto depende de él la conclusión.
El margen de error no recoge toda la incertidumbre
El conocido «más o menos tres puntos» suele referirse al error de muestreo bajo determinadas condiciones. No resume todos los problemas posibles.
Quedan fuera de esa cifra cuestiones como los errores de respuesta, la falta de cobertura de ciertos grupos o los supuestos equivocados sobre quién acudirá a votar. Las ponderaciones también pueden modificar la precisión. Además, un margen calculado para toda la muestra no se traslada automáticamente a un grupo pequeño dentro de ella. Pew Research Center
En las muestras no probabilísticas, el margen clásico de muestreo no puede interpretarse del mismo modo. Cualquier medida de incertidumbre basada en un modelo necesita explicar sus supuestos. La asociación profesional AAPOR insiste en distinguir estas situaciones. AAPOR
Tampoco basta con pasar de porcentajes nacionales a escaños mediante una regla de tres. En las elecciones al Congreso importa dónde se concentran los votos y cómo se reparten los representantes en cada circunscripción. Ese cálculo añade otra capa de estimación. boe.es

Por qué discrepan y qué debemos exigir
Las encuestas electorales pueden diferir por las fechas, la selección de entrevistados, el canal, las preguntas, los pesos o el tratamiento de la participación y los indecisos. La discrepancia puede tener varias causas a la vez.
A mi juicio, una diferencia persistente obliga a revisar el procedimiento y a ofrecer explicaciones comprobables. Atribuirla directamente a una manipulación exige pruebas. Aceptarla sin preguntar tampoco ayuda.
Como lectores, podemos empezar con seis comprobaciones:
- Quién realiza y quién encarga el estudio.
- Cuándo se hicieron las entrevistas.
- Cómo se seleccionó la muestra y a quién representa.
- Qué se preguntó y cuánta indecisión o no respuesta aparece.
- Qué ajustes separan las respuestas de la estimación publicada.
- Qué incertidumbre se reconoce y qué resultados tuvo el método en elecciones anteriores.
En las encuestas electorales, la ficha técnica y el cuestionario son parte de la información necesaria para juzgar una encuesta. Las recomendaciones de transparencia de AAPOR incluyen la selección de la muestra, el modo de entrevista y las variables utilizadas en la ponderación. AAPOR
El mismo criterio para todas las encuestas
Defiendo la utilidad de las encuestas y la obligación de someterlas a examen. Esa exigencia debe alcanzar al CIS, a las empresas privadas, a los medios que publican sus resultados y a quienes hacemos cálculos propios.
No considero razonable celebrar una metodología cuando nos favorece y desacreditarla cuando nos incomoda. El criterio debe sostenerse también ante una cifra que preferiríamos no leer.
En la próxima entrada aplicaré estas preguntas al barómetro del CIS de octubre de 2026. Presentaré nuestro ejercicio con sus tablas agregadas, los escenarios calculados y los documentos que permiten revisarlos. Sus límites estarán a la vista.
Una ciudadanía mejor informada necesita conocer las decisiones y la incertidumbre que hay detrás de cada porcentaje. Esa es la transparencia que debemos reclamar antes de convertir una encuesta en argumento político.
















