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Piscina cubierta Candelaria: una infraestructura deportiva y mas

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Vista exterior fotorrealista de la futura Piscina Municipal de Candelaria, con edificio blanco de líneas modernas, fachada acristalada, acceso principal, zona ajardinada, calle urbana y peatones.

Piscina cubierta Candelaria: una infraestructura deportiva que también será un edificio técnico complejo

La futura Piscina Municipal de Candelaria no debe analizarse solo como una obra deportiva. Esa sería una mirada demasiado corta. En realidad, estamos ante un equipamiento público de cierta complejidad arquitectónica, energética, hidráulica y funcional, con capacidad para modificar la oferta deportiva del municipio y, al mismo tiempo, introducir una nueva pieza urbana en una zona sensible de Punta Larga.

A fecha de 24 de mayo de 2026, el proyecto se encuentra en una fase especialmente relevante. El Ayuntamiento de Candelaria sacó a licitación la ejecución de la futura piscina por un importe de 9.904.250,79 euros, con un plazo previsto de ejecución de 24 meses. El plazo de presentación de ofertas permaneció abierto hasta el 6 de mayo de 2026, según la información difundida por el propio consistorio. (Candelaria)

La licitación europea también identifica el expediente como “Ejecución del proyecto Piscina municipal de Candelaria”, con número interno 3680/2026, y fija un valor estimado, sin IVA, de 9.256.309,15 euros. El anuncio describe la actuación como una piscina cubierta de nueva planta con dos vasos, planta de gimnasio y planta de aparcamientos para 63 plazas. (TED)

La cifra económica ya da una pista clara: no hablamos de una actuación menor. Pero el presupuesto, por sí solo, no explica la verdadera dimensión del proyecto. Para entenderlo hay que mirar su programa funcional, sus instalaciones y su futuro coste de explotación. Una piscina cubierta no es un edificio pasivo. Consume energía, agua, ventilación, climatización, depuración, mantenimiento especializado y control permanente de parámetros sanitarios.

Una demanda histórica en una ubicación estratégica

El proyecto técnico define la actuación como una piscina cubierta de nueva planta promovida por el Ayuntamiento de Candelaria. La parcela se sitúa en el entorno de Punta Larga, delimitada por la calle Francia, la calle Batayola, la avenida de Los Menceyes y la calle Alemania. El documento técnico fija además la altitud de referencia en 26 metros.

La ubicación tiene lógica urbana. Punta Larga es una zona consolidada, con actividad residencial, educativa, comercial y deportiva. El Ayuntamiento ha señalado que la instalación se ubicará en un solar municipal de 3.210 metros cuadrados, actualmente destinado a aparcamiento público, entre la avenida de Los Menceyes y las calles Francia, Alemania y Batayola. (Candelaria)

Ese emplazamiento tiene ventajas evidentes, pero también exige una buena ejecución. La piscina generará movimiento diario: usuarios, familias, escolares, personal, proveedores, actividades dirigidas, accesos al gimnasio y uso de aparcamientos. Por tanto, no basta con levantar un edificio atractivo. Será necesario ordenar correctamente la movilidad, los accesos peatonales, las entradas de servicio, la convivencia con el tráfico local y la relación con el entorno inmediato.

El proyecto incorpora una plaza exterior, jardines, juegos infantiles y un kiosco-bar. Esta decisión es acertada si se ejecuta con sensibilidad urbana. Una instalación pública de este tipo funciona mejor cuando no se comporta como una caja cerrada, sino como un equipamiento capaz de generar espacio de encuentro. La plaza puede actuar como antesala del edificio y como zona de estancia para familias, usuarios y vecinos.

Infografía sobre las piscinas interiores de la futura Piscina Municipal de Candelaria, con vaso principal de 25 x 12,5 metros, vaso de aprendizaje, playa accesible, luz natural y espacios polivalentes.

Dos vasos: uno polivalente y otro de aprendizaje

El núcleo del proyecto son sus dos piscinas. La principal tendrá unas dimensiones de 25,00 x 12,50 metros. La segunda será un vaso de aprendizaje de 10,25 x 12,50 metros. Esta combinación permite un uso mucho más flexible que una piscina única.

El vaso de 25 metros puede acoger natación deportiva, cursos, entrenamiento, actividades programadas y uso libre. No hablamos necesariamente de una piscina de gran competición, pero sí de una instalación suficiente para dar servicio ordinario a un municipio como Candelaria.

El vaso menor tiene una importancia social considerable. Las piscinas de aprendizaje permiten trabajar con niños, personas mayores, usuarios con miedo al agua, actividades terapéuticas, rehabilitación suave y programas de familiarización acuática. En términos de servicio público, este vaso puede acabar siendo tan importante como el principal.

El proyecto sitúa la zona de piscinas en planta baja, con una playa de dimensiones adecuadas y una fachada acristalada orientada al este. Esa orientación puede aportar luz natural y mejorar la experiencia interior, aunque también obliga a resolver correctamente el control solar, los reflejos, la humedad, la ventilación y la conservación de carpinterías y cerramientos.

Un edificio organizado en cuatro niveles

El edificio se resuelve en cuatro plantas diferenciadas: sótano -2, sótano -1, planta baja y planta alta. Esta organización permite separar usos públicos, usos deportivos, instalaciones técnicas y aparcamiento.

En el sótano -2 se ubica el garaje, con acceso desde la calle Alemania. El proyecto prevé 63 plazas de aparcamiento, de las cuales dos serán para vehículos eléctricos y tres accesibles. En esta misma planta se sitúa el cuarto destinado al transformador eléctrico de media tensión, con acceso independiente desde la rampa y la calle.

El sótano -1 tiene un papel técnico esencial. Allí se localizan los vasos vistos desde su parte inferior, los depósitos de compensación, las instalaciones generales, el grupo electrógeno, almacenes, productos químicos y espacios de mantenimiento.

La planta baja concentra la relación directa con el usuario. El proyecto prevé hall de acceso, recepción, administración, enfermería, zona de socorrista, guardería, aseos públicos, vestuarios masculinos, femeninos y mixtos, zonas de fisioterapia y acceso a la sala de piscinas. También se diferencia entre zonas de pies secos y pies descalzos, algo básico en una piscina pública bien diseñada.

En la planta alta se sitúa la zona fitness. El programa incluye tres salas de actividades dirigidas de diferentes dimensiones y una gran sala de cardio-musculación de unos 500 metros cuadrados, además de vestuarios.

Este esquema permite un funcionamiento relativamente independiente entre piscina, gimnasio y actividades complementarias. Esa independencia será importante en la gestión diaria: horarios distintos, perfiles de usuario diferentes, control de accesos y posibilidad de abrir parcialmente la instalación sin tener que operar todo el edificio al mismo nivel.

Infografía del gimnasio de la futura Piscina Municipal de Candelaria, con sala de cardio, zona de fuerza, espacios para actividades dirigidas, iluminación natural y ambiente interior amplio y confortable.

Superficies, ocupación y capacidad de uso

Uno de los datos técnicos más interesantes del proyecto es la superficie útil total prevista: 5.814 metros cuadrados. El documento también recoge una ocupación estimada de 360 personas a efectos de climatización y de 682 personas según el Documento Básico de Seguridad en caso de Incendio.

Esta diferencia entre ocupación climática y ocupación DB-SI no es un detalle menor. La ocupación climática se relaciona con las condiciones de confort, ventilación y cargas térmicas. La ocupación de seguridad en caso de incendio se utiliza para dimensionar evacuaciones, recorridos, salidas y condiciones de protección. Son dos formas distintas de medir el uso potencial del edificio.

El recinto de piscinas ocupa una superficie importante dentro del conjunto. El proyecto identifica una zona de recinto de piscinas de 889 metros cuadrados y una superficie de vasos de 414,9 metros cuadrados.

La planta de gimnasio también tiene peso relevante. Las salas de actividades deportivas suman superficies significativas, especialmente la sala de cardio-musculación, que el proyecto cuantifica en 572,8 metros cuadrados en la tabla de ocupación.

La lectura técnica es clara: la piscina será algo más que una piscina. Será un complejo deportivo cubierto con varios usos simultáneos. Eso puede ser positivo para la rentabilidad social del equipamiento, pero también aumentará la exigencia de gestión, limpieza, mantenimiento, control energético y organización de actividades.

La parte invisible: instalaciones que sostienen el servicio

En una piscina cubierta, la arquitectura se ve. Las instalaciones se pagan todos los meses. Esta frase resume bien el reto de cualquier equipamiento acuático climatizado.

El proyecto se divide en varios proyectos parciales: fontanería, saneamiento, pluviales, agua caliente sanitaria y equipamiento de piscinas; baja tensión, alumbrado y fotovoltaica; climatización; protección contra incendios; telecomunicaciones, megafonía, bucle magnético, control centralizado e intrusión; y media tensión.

Esa estructura documental confirma la complejidad técnica del edificio. Una piscina cubierta necesita tratar el agua, calentarla, renovar aire, controlar humedad, garantizar calidad sanitaria, evacuar adecuadamente, iluminar, proteger contra incendios, gestionar accesos, asegurar comunicaciones y mantener una instalación eléctrica robusta.

No se trata solo de construir. Se trata de operar bien.

Climatización, deshumectación y agua caliente

El capítulo de climatización es uno de los más relevantes. El proyecto contempla un sistema formado por climatización, ventilación y deshumectación. Para la producción de frío, calor, agua caliente sanitaria y tratamiento del aire ambiente se prevén varios equipos principales.

Entre ellos figuran dos bombas de calor de agua de alta eficiencia, con 148 kW de potencia de enfriamiento y 161 kW de calefacción cada una, además de una bomba de calor de alta temperatura para producción de agua a alta temperatura, con 56,7 kW térmicos y 16,3 kW eléctricos.

El proyecto también incluye un climatizador-deshumectador específico para piscina, con deshumectación mediante aportación de aire exterior, recuperador de calor y posibilidad de freecooling al 100 %.

Este punto merece explicación. En una piscina cubierta, el problema no es solo calentar el agua. También hay que controlar la humedad del aire. Si no se hace bien, aparecen condensaciones, corrosión, incomodidad para el usuario, deterioro de materiales y riesgo de patologías constructivas. La deshumectación es, por tanto, una instalación crítica.

La recuperación de calor también es relevante. En un edificio con tanta renovación de aire, expulsar aire caliente y húmedo sin recuperar parte de su energía sería una pérdida permanente. La eficiencia energética dependerá, en buena medida, de que esos sistemas estén bien ajustados y mantenidos.

Infografía de la recepción y acceso de la futura Piscina Municipal de Candelaria, con mostrador de atención, itinerarios accesibles, conexión visual con la piscina y zonas de espera para usuarios.

Fotovoltaica en cubierta: positiva, aunque no milagrosa

El proyecto incorpora una instalación fotovoltaica de autoconsumo con conexión a red y vertido de excedentes. Se prevén 296 paneles solares de 540 Wp, con una potencia nominal total de 159,8 kWp. Los paneles estarán situados en la cubierta del edificio y conectados a la red eléctrica interior de baja tensión mediante inversores trifásicos.

La instalación se compone de módulos monocristalinos PERC, con una eficiencia del 21,10 %, y tres inversores trifásicos de 60.000 W cada uno.

Desde el punto de vista energético, la decisión es correcta. Una piscina cubierta tiene consumos diurnos relevantes y una instalación fotovoltaica puede reducir parte de la demanda eléctrica procedente de la red. Además, el autoconsumo encaja bien con edificios municipales de uso intensivo.

Conviene, no obstante, no sobredimensionar el mensaje. La fotovoltaica ayudará, pero no cubrirá por sí sola las necesidades energéticas de la instalación durante todo el año. La piscina tendrá consumos térmicos y eléctricos continuos, especialmente asociados a bombas, climatización, ventilación, deshumectación, iluminación, depuración y agua caliente sanitaria.

Por eso, la clave no será solo tener placas solares. Lo importante será disponer de una gestión energética inteligente, medir consumos, controlar horarios, ajustar consignas, mantener equipos y evitar que la instalación funcione de forma ineficiente fuera de los periodos de uso real.

Media tensión, grupo electrógeno y continuidad de servicio

El proyecto contempla una instalación de media tensión y un centro de transformación. También aparece un grupo electrógeno de emergencia de arranque automático de 250 kVA.

Este tipo de solución es coherente con un edificio de alta demanda y uso público. Una piscina cubierta no se alimenta como un pequeño local comercial. Sus equipos principales requieren potencia, estabilidad, protecciones adecuadas y capacidad de maniobra.

La existencia de grupo electrógeno no significa que todo el edificio pueda funcionar con normalidad en caso de fallo de suministro. Normalmente, estos equipos se destinan a servicios esenciales: seguridad, evacuación, determinados sistemas de control, bombeos críticos o cargas prioritarias. El alcance exacto dependerá del diseño final y de las prioridades definidas en los cuadros eléctricos.

También se prevé una batería de condensadores de 185 kVAr para compensación del factor de potencia. Técnicamente, tiene sentido en un edificio con motores, bombas, climatización y otras cargas inductivas. Una buena compensación reactiva puede mejorar la eficiencia eléctrica interna y reducir penalizaciones o sobredimensionamientos innecesarios.

Tratamiento del agua y control sanitario

La calidad del agua será uno de los elementos centrales de la explotación. El proyecto incluye equipamiento hidráulico, filtración, depósitos, bombas, control de productos químicos y sistemas de tratamiento.

Entre los equipos previstos figuran filtros, sistemas de electrólisis salina, bombas dosificadoras, depósitos para productos químicos y unidades de control digital de parámetros de piscina. El documento menciona, por ejemplo, sistemas de electrólisis salina autolimpiante y unidades de control Guardian Pool compatibles con gestión remota.

La electrólisis salina no elimina la necesidad de control sanitario. Reduce y automatiza parte del proceso de generación de desinfectante, pero sigue siendo imprescindible controlar cloro libre, pH, temperatura, renovación, filtración y otros parámetros conforme a la normativa aplicable.

El hecho de que el proyecto incorpore control digital es positivo. En una piscina pública, la trazabilidad de parámetros no debe depender solo de apuntes manuales. El registro, la alarma temprana y la gestión centralizada pueden evitar problemas sanitarios, mejorar el mantenimiento y facilitar inspecciones.

Control centralizado: una instalación domotizada

Otro elemento interesante es el sistema de control centralizado. El proyecto prevé un sistema informatizado para controlar aguas, incendios, comunicaciones, climatización, consumo eléctrico, sistema fotovoltaico, megafonía e intrusión. El documento habla expresamente de un edificio domotizado, mediante tecnologías aplicadas al control y automatización inteligente del edificio.

Esta parte puede marcar la diferencia entre una instalación moderna y un edificio caro de mantener. Controlar no es poner pantallas. Controlar es medir, comparar, corregir y anticipar fallos.

Un buen sistema de gestión debería permitir conocer consumos eléctricos por áreas, rendimiento de bombas de calor, estado de bombas hidráulicas, alarmas de climatización, producción fotovoltaica, temperaturas, humedad, funcionamiento de ventiladores, eventos de seguridad y estado de equipos críticos.

En términos prácticos, esto permite pasar de un mantenimiento reactivo a un mantenimiento más preventivo. No es lo mismo reparar cuando algo ya ha fallado que detectar desviaciones antes de que generen averías, consumos excesivos o molestias para los usuarios.

Accesibilidad y comunicación inclusiva

La accesibilidad no se limita a rampas o ascensores. El proyecto incorpora elementos específicos como plazas accesibles en el aparcamiento, vestuario accesible y sistemas de apoyo a la comunicación.

Una de las medidas técnicas destacables es la previsión de bucle magnético en ventanillas y mostradores de atención al público. Este sistema facilita la comunicación con personas usuarias de audífonos con posición “T”, mediante transmisión magnética de la señal sonora.

También se prevén elevadores hidráulicos portátiles para facilitar el acceso de personas con discapacidad física a los vasos de piscina.

Estos detalles son importantes. Una piscina municipal debe ser accesible de verdad. No basta con cumplir formalmente. La instalación debe permitir que personas mayores, usuarios con movilidad reducida, niños, personas con discapacidad y ciudadanos con distintas capacidades puedan utilizar el servicio con dignidad y seguridad.

Infografía del aparcamiento interior de la futura Piscina Municipal de Candelaria, con 63 plazas previstas, circulación ordenada, plazas accesibles y conexión funcional con el complejo deportivo.

Seguridad contra incendios, evacuación y telecomunicaciones

La piscina contará con proyecto específico de protección contra incendios. También se incluyen sistemas de megafonía para evacuación, detección, extinción, control de intrusión y telecomunicaciones.

La combinación de usos obliga a un diseño cuidadoso. Hay aparcamiento, salas deportivas, zonas húmedas, instalaciones técnicas, almacenes de productos químicos, público infantil, usuarios en bañador, personas mayores y espacios de fisioterapia. Cada uso tiene riesgos diferentes.

La megafonía de evacuación y los sistemas de detección serán especialmente importantes. En edificios deportivos con humedad, ruido ambiental y usuarios dispersos, la señalización y los avisos deben ser claros. La evacuación de una piscina no se gestiona igual que la de una oficina.

El coste: una cuestión que debe explicarse bien

El salto económico del proyecto merece atención. En septiembre de 2025, el Ayuntamiento informó de una inversión de 7.125.505,82 euros para la construcción de la piscina cubierta. (Candelaria)

En abril de 2026, la licitación se publicó por casi 10 millones de euros, con un importe de 9.904.250,79 euros y plazo de 24 meses. (Candelaria)

La diferencia es relevante. No implica irregularidad. Responde a actualización de precios, revisión de mediciones, incorporación de partidas, ajuste del alcance, costes de mercado o tramitación definitiva del expediente. Pero una obra pública de esta cuantía exige una explicación clara y accesible para la ciudadanía.

La transparencia no debe verse como una molestia administrativa. Es una forma de proteger el proyecto. Cuando una infraestructura pública se encarece, lo razonable es explicar por qué. Más aún si se trata de una obra esperada durante años y financiada con recursos públicos.

El verdadero reto empezará tras la inauguración

Una piscina cubierta es una inversión de construcción, pero también un compromiso permanente de explotación. El coste de personal, energía, agua, productos químicos, limpieza, mantenimiento, seguros, control sanitario y reposición de equipos será significativo.

Por eso, el futuro modelo de gestión será decisivo. Habrá que saber si se opta por gestión directa, indirecta o alguna fórmula mixta. También será necesario definir tarifas, bonificaciones, cursos, horarios, prioridad de usuarios, convenios con clubes, programas escolares, actividades para mayores y criterios sociales.

La infraestructura tiene potencial para convertirse en un servicio público de alto valor. Puede fomentar hábitos saludables, facilitar la natación infantil, ofrecer actividad a personas mayores, apoyar procesos de rehabilitación y ampliar la oferta deportiva municipal. Pero ese potencial dependerá menos del día de la inauguración que del funcionamiento ordinario durante los años siguientes.

Una oportunidad para Candelaria

La futura Piscina Municipal de Candelaria parece una infraestructura necesaria. El municipio la demanda, la ubicación es razonable y el proyecto incorpora una oferta amplia: dos vasos, gimnasio, actividades dirigidas, fisioterapia, guardería, vestuarios, aparcamiento, plaza exterior y sistemas técnicos modernos.

Ahora bien, también es una obra exigente. Su complejidad técnica obliga a mirar más allá de la foto institucional. Habrá que seguir la adjudicación, el inicio real de las obras, el cumplimiento de plazos, la evolución del presupuesto, la calidad de ejecución y el modelo de gestión posterior.

La buena noticia es que el proyecto, sobre el papel, no se limita a resolver una carencia deportiva. Plantea un equipamiento integral, con criterios de accesibilidad, eficiencia, control centralizado, producción fotovoltaica y funcionalidad urbana. Esa es la dirección correcta.

La advertencia también debe quedar clara: una piscina cubierta mal gestionada puede convertirse en un edificio caro, deficitario y problemático. Una piscina bien diseñada, bien mantenida y bien gobernada puede ser, en cambio, uno de los servicios públicos más valiosos del municipio.

Candelaria tiene ante sí una oportunidad importante. No se trata solo de construir una piscina. Se trata de demostrar que una inversión pública de casi diez millones de euros puede transformarse en salud, deporte, inclusión, vida urbana y servicio público de calidad.

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