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Abelardo de la Espriella y el triunfo del miedo en Colombia

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Atril vacío ante una multitud reunida de noche en Colombia, con banderas nacionales y un edificio iluminado con los colores amarillo, azul y rojo.

Abelardo de la Espriella: cuando el miedo se convierte en proyecto político

Colombia amaneció este 22 de junio con un resultado que merece ser leído con atención, serenidad y cierta preocupación democrática. El preconteo de la segunda vuelta presidencial sitúa a Abelardo de la Espriella por delante de Iván Cepeda con el 49,66% de los votos frente al 48,70%, una diferencia inferior a un punto porcentual y de alrededor de 250.000 sufragios. No es todavía el resultado jurídico definitivo: en Colombia, el preconteo tiene carácter informativo y solo el escrutinio oficial permite proclamar formalmente al presidente electo. (El País)

Pero incluso antes de que concluya ese proceso, hay algo que ya resulta evidente: Colombia ha dado un paso relevante hacia una derecha radical que ha sabido convertir la inseguridad, el hartazgo social y la polarización política en un proyecto de poder. La victoria provisional de Abelardo de la Espriella no es solo la de un candidato. Es la de una forma de entender la política: menos complejidad, más enemigos; menos instituciones, más espectáculo; menos soluciones de largo alcance, más promesas de autoridad inmediata.

Una victoria muy estrecha no es un cheque en blanco

Los datos obligan a la prudencia. De la Espriella encabeza el preconteo, pero lo hace con un país prácticamente dividido en dos. Cerca de la mitad de quienes votaron eligieron una opción distinta, representada por Iván Cepeda. La distancia entre ambos es tan reducida que sería irresponsable interpretar el resultado como un mandato aplastante o como la expresión de un consenso nacional. (El País)

La primera obligación democrática es respetar el escrutinio, revisar las reclamaciones por los cauces legales y evitar que la tensión electoral se convierta en un conflicto social. La Registraduría colombiana es clara al respecto: el preconteo sirve para informar con rapidez, pero carece de valor jurídico vinculante; los resultados oficiales proceden del proceso de escrutinio y de las actas electorales. (Registraduría Nacional del Estado Civil)

Ese matiz importa. No porque deba alimentar sospechas sin pruebas, sino porque una democracia no puede pedir a nadie que acepte resultados definitivos antes de que el procedimiento establecido haya terminado. El respeto institucional debe exigirse a todos: a quien gana provisionalmente, a quien pierde, a los partidos y también a quienes opinamos desde fuera.

El personaje: un abogado convertido en espectáculo político

Abelardo de la Espriella no procede de la política institucional. Es abogado penalista, empresario y una figura conocida en los medios colombianos por su estilo vehemente, su presencia pública y su habilidad para construir una marca personal. Sus seguidores lo llaman “el Tigre”; él ha cultivado una estética de fuerza, éxito económico, masculinidad exhibida y liderazgo providencial. Reuters ha destacado sus saludos de estilo militar, sus relojes de lujo, su imagen cuidadosamente producida y su empeño en presentarse como un outsider capaz de “salvar” al país. (Reuters)

No se trata de un detalle superficial. La política contemporánea está cada vez más atravesada por liderazgos que no buscan convencer con programas detallados, sino generar identificación emocional. El candidato no se presenta como un gestor que administra problemas complejos, sino como una figura de carácter que promete restaurar el orden. En ese modelo, la política deja de ser deliberación y se convierte en una escena: un líder, un pueblo agraviado y una amenaza a la que derrotar.

Su trayectoria profesional también ha sido objeto de controversia. De la Espriella ha ejercido como abogado de personas vinculadas a casos de corrupción, escándalos financieros o paramilitarismo, además de haber representado a Alex Saab. Eso no prueba responsabilidad penal alguna por su parte: defender jurídicamente a una persona no equivale a compartir sus actos. Pero la política no se reduce al código penal. La biografía, las relaciones, los valores y la coherencia también importan cuando alguien aspira a dirigir un Estado. (Reuters)

Infografía sobre un resultado electoral muy ajustado en Colombia, con mesa de escrutinio, urnas, personal electoral y claves sobre polarización, seguridad y legitimidad institucional.

Un programa de ultraderecha, no solo un discurso bronco

Llamar ultraderechista a De la Espriella no responde únicamente a su tono. Su programa combina una política de seguridad extrema con una visión económica liberalizadora y un discurso nacionalista de fuerte carga emocional.

Entre sus propuestas figuran la construcción de diez megacárceles, la militarización de la respuesta frente a grupos armados, el final de la política de paz total, la fumigación aérea de cultivos ilícitos y un modelo de control territorial inspirado en la Seguridad Democrática de Álvaro Uribe. También plantea reducir de forma drástica el tamaño del Estado, rebajar impuestos empresariales, reactivar la exploración petrolera y abrir la puerta al fracking. (El País)

Hay, por supuesto, medidas sociales y tecnológicas en su propuesta: formación de cuidadoras, conectividad, revisión de la financiación sanitaria o programas educativos digitales. Sería injusto negar su existencia. Sin embargo, el corazón político de su candidatura ha sido otro: la promesa de que Colombia recuperará el orden mediante una combinación de autoridad, castigo, reducción del Estado y confianza casi absoluta en el mercado. (El País)

Ahí reside el problema. La seguridad es una demanda legítima. Ninguna sociedad democrática puede resignarse a la violencia, al narcotráfico, a la extorsión o al abandono de territorios enteros. Pero una cosa es reclamar un Estado eficaz y otra muy distinta es convertir la mano dura en una doctrina total, como si los derechos fundamentales, la justicia independiente o la negociación política fueran obstáculos molestos ante la urgencia de castigar.

Por qué ha ganado: el voto no siempre es adhesión completa

La campaña de De la Espriella logró imponerse en la primera vuelta con el 43,7% de los votos y llegó a la segunda como favorito en las encuestas. Su estrategia fue clara: presentar las elecciones como una elección entre orden y caos, libertad económica y estatismo, patriotismo y decadencia. (Reuters)

Mi interpretación es que su ascenso se explica por tres factores principales.

El primero es el miedo. Colombia vive una realidad marcada por la presencia de grupos armados, economías ilegales y una violencia que sigue condicionando la vida cotidiana de muchas personas. Cuando la inseguridad ocupa el centro de la conversación, los discursos simples y contundentes ganan terreno.

El segundo es el desgaste del Gobierno de Gustavo Petro. Parte del electorado no ha votado necesariamente a favor de cada propuesta de De la Espriella, sino contra una experiencia de gobierno que percibe como insuficiente, confusa o incapaz de responder con eficacia a problemas materiales y de seguridad.

El tercero es la potencia de un liderazgo que entiende la política como espectáculo. De la Espriella ha ofrecido una identidad reconocible, una estética de poder y un lenguaje directo. Frente a la complejidad, ha vendido certezas. Contra los matices, ha elegido enemigos. Frente a la gestión, ha ofrecido épica.

Eso funciona electoralmente. Pero no garantiza que funcione gobernando.

Infografía sobre el ascenso político de Abelardo de la Espriella, representado en un atril, con referencias visuales a mano dura, inseguridad, desgaste político y política espectáculo.

El peligro de confundir democracia con castigo

Las democracias necesitan instituciones fuertes, policía eficaz, jueces independientes y servicios públicos que no abandonen a quienes viven en los márgenes. Necesitan también políticas de seguridad serias, no discursos complacientes. Pero una democracia se debilita cuando la seguridad se utiliza para justificar que el poder concentre atribuciones, desprecie garantías o convierta al adversario político en una amenaza interior.

Abelardo de la Espriella ha prometido acabar con los procesos de paz y ha defendido una respuesta militar contundente contra quienes no se rindan. (Reuters) El problema no es que Colombia persiga el delito: debe hacerlo. El problema aparece cuando la política se formula en términos de eliminación, venganza o guerra permanente.

Un presidente puede ganar una elección con el miedo, pero no puede gobernar democráticamente desde el miedo. La seguridad duradera exige inteligencia, justicia, prevención social, protección de las comunidades, lucha contra la corrupción y presencia pública efectiva. Las megacárceles pueden producir imágenes poderosas. No sustituyen, por sí solas, a un Estado que funcione.

Lo que Colombia tendrá que defender ahora

Si el escrutinio confirma el resultado del preconteo, Abelardo de la Espriella tendrá que demostrar que sabe gobernar una Colombia partida casi por la mitad. Su primera responsabilidad no será imponer una revancha ideológica, sino reconocer que millones de ciudadanos no le han dado un mandato para arrasar con el adversario, sino una victoria estrecha en una democracia plural.

La izquierda colombiana, por su parte, tendrá que asumir un reto igual de exigente: defender los derechos sociales, la paz, la justicia ambiental y las instituciones sin caer en la negación de los problemas reales que han alimentado el voto de ultraderecha. No basta con denunciar el miedo. Hay que ofrecer seguridad democrática, servicios públicos eficaces y una esperanza material que no suene a eslogan.

La ultraderecha avanza cuando la democracia no logra proteger, explicar y responder. Esa es la lección que deja Colombia. No basta con indignarse ante el personaje. Hay que entender las condiciones que hacen posible su éxito y disputar, con más verdad y más eficacia, el terreno emocional que el miedo ha ocupado.

Nota de actualización, 22 de junio de 2026: Este análisis se basa en el preconteo disponible durante la madrugada del 22 de junio. El resultado formal dependerá del escrutinio oficial de las autoridades electorales colombianas. (Registraduría Nacional del Estado Civil)

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