Antes de poner placas solares, aprende a leer el consumo eléctrico de tu vivienda
Autoconsumo con criterio · 2/16
Antes de instalar, entender.
En la primera entrega de Autoconsumo con criterio vimos que una instalación fotovoltaica funciona mediante una relación que cambia continuamente: los paneles producen una determinada cantidad de electricidad mientras nuestra vivienda demanda otra.
A veces ambas coinciden. Otras veces producimos más de lo que necesitamos y aparecen excedentes. Y en otros momentos sucede lo contrario y necesitamos que la red aporte la diferencia.
Esto conduce directamente a la siguiente pregunta.
Antes de preguntarnos cuántos paneles necesitamos, deberíamos conocer bastante mejor cómo consumimos electricidad.
Porque saber que una vivienda consume 4.000, 5.000 o 6.000 kWh al año es importante, pero no es suficiente. Para dimensionar con criterio una futura instalación fotovoltaica necesitamos conocer también cuándo se produce ese consumo, cómo se reparte a lo largo del día y hasta qué punto puede cambiar en los próximos años.
El consumo eléctrico de una vivienda no es solamente una cifra anual. Es, sobre todo, una historia contada hora a hora.
Empecemos por una confusión muy habitual: kW no es lo mismo que kWh
Antes de entrar en facturas y curvas de consumo merece la pena aclarar dos magnitudes que aparecen continuamente y que con frecuencia se mezclan.
El kilovatio (kW) mide potencia.
El kilovatio hora (kWh) mide energía.
Podemos entenderlo con un ejemplo sencillo. Un aparato eléctrico de 2 kW que funciona durante una hora consume aproximadamente 2 kWh de energía. Si funciona durante media hora, consumirá aproximadamente 1 kWh.
La potencia nos habla, por tanto, de cuánta electricidad necesitamos en un determinado instante, mientras que la energía nos indica cuánto hemos consumido durante un periodo de tiempo.
Esta diferencia es fundamental.
La potencia contratada que aparece en nuestra factura se expresa en kW. El consumo eléctrico que acumulamos en nuestra vivienda durante el mes y que termina facturándose se expresa en kWh.
Y cuando posteriormente estudiemos una instalación fotovoltaica aparecerá otra magnitud relacionada, el kWp, que se utiliza para expresar la potencia pico de los módulos solares bajo determinadas condiciones de referencia.
No necesitamos memorizar ahora demasiadas unidades. Basta con conservar esta distinción:
kW = potencia en un momento.
kWh = energía acumulada durante un tiempo.
La factura es un buen comienzo, pero no cuenta toda la historia
La factura eléctrica contiene información útil.
Nos permite conocer el consumo eléctrico facturado en nuestra vivienda, la potencia contratada, determinados datos del contrato y, dependiendo del formato, comparar consumos de distintos periodos.
La herramienta «Entiende tu factura» de la CNMC permite precisamente interpretar buena parte de esta información y consultar gráficamente consumos y potencias.
Pero para estudiar autoconsumo necesitamos dar un paso adicional.
Una factura puede decirnos que durante un mes hemos consumido 420 kWh.
Lo que normalmente no nos explica con suficiente detalle es cómo se han distribuido esos 420 kWh entre las distintas horas de cada día.
Y esa información puede cambiar completamente nuestra forma de valorar una instalación fotovoltaica.

Dos viviendas, los mismos 5.000 kWh y dos situaciones muy diferentes
Imaginemos dos viviendas que consumen exactamente:
5.000 kWh al año.
Si nos quedáramos únicamente con esa cifra podríamos pensar que ambas necesitan una instalación fotovoltaica parecida.
Pero observemos cómo viven sus ocupantes.
En la vivienda A hay actividad durante buena parte del día. Se cocina al mediodía, funcionan electrodomésticos, existe teletrabajo varios días por semana, la piscina trabaja durante las horas solares y parte de la climatización se utiliza mientras hay producción fotovoltaica.
En la vivienda B, por el contrario, la casa permanece prácticamente vacía desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde. Buena parte del consumo aparece cuando la familia regresa: cocina, iluminación, lavadora, secadora, televisión, climatización y otros electrodomésticos.
Las dos consumen 5.000 kWh.
Pero su capacidad para consumir directamente electricidad fotovoltaica no es la misma.
En la primera vivienda existe una coincidencia mucho mayor entre producción solar y consumo.
En la segunda, una parte importante de la demanda aparece cuando la producción fotovoltaica ya está disminuyendo o ha desaparecido.
Esta diferencia se denomina habitualmente perfil o curva de consumo y es una de las informaciones más valiosas que podemos conocer antes de dimensionar una instalación.
La curva de carga: nuestra vivienda dibujada en un gráfico
Si representamos el consumo eléctrico de nuestra vivienda a lo largo del día obtenemos una curva.
En el eje horizontal colocamos las horas y en el vertical la energía consumida en cada intervalo.
De repente dejamos de ver una cifra anual abstracta y empezamos a reconocer nuestro comportamiento.
Puede aparecer un pequeño pico por la mañana cuando comienza la actividad doméstica, un periodo de bajo consumo mientras la vivienda permanece vacía, un aumento al mediodía o una concentración importante de demanda entre las siete y las once de la noche.
También podremos observar las diferencias entre días laborables y fines de semana.
La CNMC lleva años señalando que los consumidores con equipos de medida adecuados pueden acceder a sus datos horarios de consumo a través de la distribuidora. Actualmente, por ejemplo, e-distribución permite consultar y descargar curvas de carga desde su área de cliente.
Esta información vale mucho más para estudiar autoconsumo que una estimación genérica sobre cómo consume «una vivienda media».
Porque nuestra instalación no alimentará una vivienda media.
Alimentará nuestra vivienda.
Distribuidora y comercializadora no son lo mismo
Aquí conviene hacer una pequeña aclaración porque genera bastante confusión.
La comercializadora es la empresa con la que tenemos contratado el suministro y que nos factura la electricidad.
La distribuidora es la empresa responsable de la red de distribución de nuestra zona y, entre otras funciones, gestiona los datos procedentes del equipo de medida.
No podemos elegir libremente nuestra distribuidora: depende de dónde se encuentre físicamente el suministro.
Por eso, cuando queremos obtener nuestro histórico detallado de consumo, normalmente resulta especialmente útil acceder al portal de nuestra empresa distribuidora.
En los suministros gestionados por e-distribución, su servicio permite consultar datos de consumo, descargar curvas de carga y revisar información del punto de suministro.
Para alguien que esté pensando en instalar autoconsumo, descargar estos datos debería ser una de las primeras tareas.
Un solo día tampoco basta
Supongamos que descargamos el consumo de ayer.
Eso sigue siendo insuficiente.
Quizá ayer estuvimos fuera de casa. Tal vez fue domingo. Puede haber hecho mucho calor y haber funcionado el aire acondicionado durante horas. O quizá llevamos una semana sin utilizar determinados equipos.
Una instalación fotovoltaica tendrá una vida de muchos años y no puede dimensionarse a partir de una fotografía de veinticuatro horas.
Necesitamos observar periodos suficientemente representativos.
Personalmente empezaría analizando, siempre que los datos estén disponibles, al menos un año completo. Así podremos captar variaciones estacionales, vacaciones, diferencias entre invierno y verano y cambios relacionados con climatización u otros usos.
En Canarias la estacionalidad solar es menor que en territorios situados a latitudes más septentrionales, pero eso no significa que nuestro consumo permanezca constante durante los doce meses.
Climatización, piscinas, segunda residencia, presencia familiar, teletrabajo, vacaciones o determinados hábitos pueden modificarlo considerablemente.

El consumo base también nos dice muchas cosas
Incluso cuando aparentemente no estamos haciendo nada, nuestra vivienda suele consumir electricidad.
Frigorífico, router, alarmas, equipos en espera, bombas, sistemas de control y otros pequeños consumos constituyen una especie de consumo de fondo.
Puede parecer poco importante, pero ocurre durante muchas horas.
Si una vivienda mantiene permanentemente 300 W de consumo base, por ejemplo, esa potencia repetida durante todo el día acaba representando una cantidad de energía apreciable.
Analizar la curva permite detectar estas situaciones.
También puede revelar consumos eléctricos de nuestra vivienda que desconocíamos: una bomba funcionando demasiadas horas, equipos que permanecen conectados innecesariamente o demandas nocturnas que no esperábamos encontrar.
Esto ya resulta útil incluso aunque finalmente no instalemos placas.
Comprender nuestro consumo es una forma de empezar a gestionar mejor la energía.
¿Cuánto consumimos durante las horas solares?
Para autoconsumo esta es una de las preguntas fundamentales.
Supongamos nuevamente una vivienda con 5.000 kWh anuales.
Podríamos intentar separar, al menos conceptualmente, dos grandes grupos:
- consumo producido durante las horas en las que normalmente puede existir generación fotovoltaica;
- consumo concentrado fuera de esas horas.
No necesitamos todavía calcular porcentajes exactos ni decidir la potencia de una instalación. Eso llegará en la siguiente entrega.
Lo importante ahora es comprender que la coincidencia temporal tiene valor.
Cuando el lavavajillas, la lavadora, el calentamiento de agua, una bomba de piscina o la carga parcial de un vehículo eléctrico se producen durante horas de generación solar, aumenta la posibilidad de utilizar directamente nuestra propia electricidad.
Eso no significa que debamos organizar toda nuestra vida alrededor del sol.
Pero algunos consumos pueden desplazarse fácilmente mediante temporizadores, programación domótica o simplemente cambiando determinados hábitos.
Y modificar ligeramente el perfil de consumo puede, en algunos casos, ser más razonable que aumentar la instalación o recurrir inmediatamente a una batería.
El coche eléctrico puede cambiar completamente la fotografía
Hay otro error frecuente: dimensionar una instalación pensando exclusivamente en nuestro consumo actual.
Imaginemos que hoy consumimos 3.800 kWh anuales.
Dentro de dos años compramos un vehículo eléctrico.
Después sustituimos un calentador convencional por una bomba de calor.
Más adelante instalamos aire acondicionado en varias habitaciones.
Nuestra vivienda ya no será energéticamente la misma.
Por eso, antes de plantear una instalación de autoconsumo, debemos preguntarnos qué cambios razonablemente previsibles pueden aparecer durante los próximos años.
Especialmente:
- vehículo eléctrico;
- aerotermia o bomba de calor;
- climatización adicional;
- piscina;
- ampliación de vivienda;
- teletrabajo;
- nuevos habitantes;
- segunda residencia que pasa a utilizarse de manera habitual.
No se trata de dimensionar hoy para cualquier necesidad imaginable dentro de veinte años.
Se trata de evitar diseñar una instalación ignorando cambios que sabemos que probablemente van a producirse.
También puede ocurrir exactamente lo contrario
No todo cambio futuro implica consumir más.
Una vivienda puede sustituir electrodomésticos antiguos, mejorar su aislamiento, cambiar iluminación, renovar climatización o adoptar hábitos más eficientes.
Por eso debemos ser prudentes con las extrapolaciones.
Si nuestro consumo histórico incluye equipos que vamos a retirar inmediatamente, utilizar ese consumo pasado sin corregirlo puede conducirnos a sobredimensionar.
El histórico es imprescindible, pero no es una profecía.
Es el punto de partida para comprender lo que ha ocurrido y plantear razonablemente lo que puede ocurrir.
Los fines de semana pueden alterar mucho el resultado
Otro aspecto interesante aparece cuando comparamos días laborables y fines de semana.
Hay viviendas prácticamente vacías de lunes a viernes durante las horas solares pero muy activas los sábados y domingos.
Otras presentan exactamente el comportamiento contrario.
Si observamos solamente un promedio mensual, estas diferencias desaparecen.
Una curva de consumo suficientemente detallada nos permite reconocerlas.
También podremos estudiar si existen periodos muy concretos con demandas elevadas y comprobar si son estructurales o excepcionales.
El objetivo no es convertirnos en analistas de sistemas eléctricos domésticos.
Es comprender suficientemente nuestro comportamiento para evitar diseñar una instalación sobre una media que quizá no representa bien nuestra realidad.
La potencia máxima tampoco es el consumo anual
Conviene evitar otra confusión.
Una vivienda puede tener consumos anuales relativamente modestos y, sin embargo, presentar momentos en los que coinciden varios receptores y aparece una demanda de potencia elevada.
Horno, vitrocerámica, termo, climatización y otros equipos funcionando simultáneamente pueden generar un pico importante aunque dure poco tiempo.
La CNMC permite consultar información sobre potencia contratada y potencia demandada mediante sus herramientas de información al consumidor, mientras que algunos portales de distribuidoras también muestran las máximas demandadas de los últimos meses.
Pero no debemos utilizar esos picos para decidir automáticamente cuántos paneles solares necesitamos.
La potencia máxima demandada y la energía consumida a lo largo del año responden a preguntas diferentes.
Lo veremos con más detalle cuando entremos en dimensionamiento.

Una pequeña auditoría doméstica antes de pedir presupuestos
Antes de contactar con un instalador yo prepararía una fotografía sencilla de la vivienda.
No hace falta todavía ningún estudio complejo.
Bastaría con reunir:
- consumo de los últimos doce meses;
- curvas de consumo disponibles;
- potencia contratada;
- principales horarios de utilización;
- diferencias entre días laborables y fines de semana;
- consumos importantes identificables;
- presencia de climatización;
- calentamiento eléctrico de agua;
- piscina;
- vehículo eléctrico actual o previsto;
- cambios de hábitos o equipamientos que sepamos que van a producirse.
Con esta información ya habremos avanzado muchísimo.
Y, además, estaremos en una posición mucho mejor para comprender cualquier propuesta que recibamos posteriormente.
No busques todavía el número de paneles
Puede resultar tentador terminar esta entrada calculando una potencia fotovoltaica.
No lo vamos a hacer.
Sería saltarnos precisamente el método que estamos intentando construir.
Primero hemos aprendido qué es el autoconsumo.
Ahora hemos empezado a conocer nuestra demanda.
El siguiente paso será relacionar ese consumo con la producción que podríamos obtener del sol, teniendo en cuenta orientación, inclinación, sombras, potencia instalada, simultaneidad y excedentes.
Entonces sí podremos abordar una de las preguntas más habituales de todo el autoconsumo:
¿Cuántas placas solares necesito?
Y veremos que probablemente es una pregunta formulada al revés.
La cuestión realmente interesante será:
¿cuántas placas tienen sentido para mi consumo?
Hasta entonces, si estás pensando en instalar autoconsumo, hay una tarea que puedes hacer sin comprar absolutamente nada:
entra en los datos de tu suministro, descarga tu histórico y observa durante unos minutos cómo consume electricidad tu casa.
Probablemente aprenderás bastante más de ella de lo que esperabas.
Puedes seguir todas las entregas desde la Guía de autoconsumo, donde iremos construyendo paso a paso este recorrido.
Antes de instalar, entender.


















