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Coeficientes de reparto: cómo compartir mejor la energía solar

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Coeficientes de reparto: por qué dividir la energía a partes iguales puede ser un error

Autoconsumo con criterio · 11/16
Antes de instalar, entender.

En las dos últimas entregas hemos dado el salto desde el autoconsumo de una vivienda hacia las instalaciones compartidas. Primero vimos cómo funciona el autoconsumo colectivo y después seguimos el recorrido de unas placas solares en una comunidad de propietarios desde la primera reunión hasta su puesta en servicio.

Nos quedó pendiente una decisión aparentemente pequeña que puede influir mucho en el resultado: los coeficientes de reparto.

Si diez vecinos participan en una instalación, dividir la producción en diez partes iguales parece razonable. Cada uno recibiría un 10 %. Es fácil de entender, fácil de acordar y transmite una sensación evidente de igualdad.

El problema aparece cuando esos diez vecinos consumen electricidad de maneras muy diferentes.

Una persona puede trabajar desde casa. Otra permanece fuera durante buena parte del día. Puede haber una vivienda vacía varias semanas al año, un local comercial que concentra su consumo durante las horas solares y unos servicios comunes que mantienen un consumo bastante regular.

La instalación es compartida. Los perfiles de consumo no lo son.

Qué hacen realmente los coeficientes de reparto

En un autoconsumo colectivo existe una producción común, pero para poder calcular la energía que corresponde a cada participante hay que individualizarla.

El mecanismo es sencillo. Para cada hora, la producción total de la instalación se multiplica por el coeficiente de reparto correspondiente a cada consumidor. El resultado es la energía generada que se le asigna a efectos de medida, facturación y liquidación.

La regulación aparece en el anexo I del Real Decreto 244/2019, cuyo texto consolidado incorpora las modificaciones publicadas hasta el 21 de marzo de 2026. La norma exige que los coeficientes estén recogidos en un acuerdo firmado por todos los consumidores participantes y que, para cada hora, su suma sea igual a uno.

Podemos expresarlo sin entrar demasiado en matemáticas. Si durante una hora una instalación produce 12 kWh y nuestro coeficiente de reparto es 0,25, se nos asignarán 3 kWh de generación.

Después se compara esa energía con nuestro consumo de esa misma hora.

Si hemos consumido 4 kWh, aprovecharemos directamente los 3 kWh asignados y necesitaremos otro de la red. Si solamente hemos consumido 2 kWh, esos 2 kWh serán autoconsumo directo y aparecerá 1 kWh excedentario asociado a nuestro suministro.

Por eso elegir los coeficientes tiene consecuencias.

Esquema de coeficientes de reparto que asigna distintos porcentajes de una producción solar común a varias viviendas y a un local.

El ejemplo que explica casi todo

Imaginemos tres participantes y una instalación que, durante una determinada hora, produce 12 kWh.

Sus consumos reales en esa hora son muy diferentes:

ConsumidorConsumo durante la hora
Vivienda A2 kWh
Vivienda B1 kWh
Local C9 kWh
Total12 kWh

Supongamos ahora que los tres decidieron repartir la instalación a partes iguales. Cada uno tiene un coeficiente de un tercio y, por tanto, recibe 4 kWh de la generación.

El resultado sería este:

ConsumidorEnergía asignadaConsumoAutoconsumo directoResultado
Vivienda A4 kWh2 kWh2 kWh2 kWh excedentarios
Vivienda B4 kWh1 kWh1 kWh3 kWh excedentarios
Local C4 kWh9 kWh4 kWhNecesita 5 kWh de la red

La instalación ha producido exactamente lo mismo que han consumido los tres participantes: 12 kWh.

Aun así, solamente 7 kWh coinciden como autoconsumo directo. Cinco kilovatios hora aparecen como excedentes en dos participantes mientras el tercero necesita, simultáneamente, otros 5 kWh de la red.

La electricidad no desaparece. Los excedentes se vierten a la red y pueden tener el tratamiento económico que corresponda. Pero desde el punto de vista del aprovechamiento directo de la generación compartida, el reparto está lejos de ser óptimo.

Aquí vemos por qué igualdad matemática y eficiencia energética no siempre coinciden.

¿Podríamos repartir esos 12 kWh de otra manera?

En este ejemplo idealizado, sí.

Si conociéramos de antemano que los consumos esperados para esa hora se aproximan a 2, 1 y 9 kWh, podríamos establecer coeficientes de aproximadamente 16,7 %, 8,3 % y 75 %.

La energía asignada sería entonces cercana a 2, 1 y 9 kWh respectivamente. Toda la producción coincidiría con el consumo y el autoconsumo directo alcanzaría los 12 kWh.

Es un ejemplo deliberadamente perfecto para explicar el mecanismo. En una instalación real nunca conocemos con exactitud cuánto consumirá cada participante mañana a las doce del mediodía. Los hábitos cambian, aparecen ausencias, se conecta un electrodoméstico inesperado o un local cierra ese día.

Por tanto, optimizar los coeficientes no significa adivinar el futuro. Significa utilizar buenos datos históricos para construir un reparto que se adapte razonablemente a los distintos perfiles de consumo.

Y aquí aparece una posibilidad que mucha gente desconoce.

Comparación de un reparto solar a partes iguales donde dos viviendas generan excedentes mientras un local necesita energía de la red.

Los coeficientes pueden cambiar según la hora

Cuando nació el actual marco de autoconsumo colectivo, los coeficientes eran fijos. Esa limitación se modificó mediante la Orden TED/1247/2021, que permitió utilizar coeficientes de reparto variables horarios.

Esto permite que un mismo consumidor tenga un porcentaje por la mañana, otro al mediodía y otro por la tarde. La norma admite valores diferentes para cada hora del año, siempre que exista acuerdo entre todos los participantes y que los coeficientes sumen uno en cada hora.

El IDAE explica también esta posibilidad y señala que el criterio puede adaptarse a las necesidades de los participantes: aportación económica, potencia, participación o cualquier otro sistema acordado.

Esto abre muchas posibilidades.

Una vivienda puede recibir una proporción mayor durante unas horas, mientras un local comercial recibe otra durante su horario de apertura. Los servicios comunes pueden mantener un porcentaje relativamente estable y otros participantes adaptar el suyo a sus perfiles habituales.

Pero «variable» no significa reparto inteligente en tiempo real

Esta distinción me parece fundamental.

Los coeficientes horarios no observan automáticamente quién está consumiendo más en cada instante para enviarle la energía disponible.

Se determinan previamente.

Cuando se opta por un reparto horario variable, la normativa exige comunicar a la distribuidora un fichero con los coeficientes previstos para las horas del año. Es, por tanto, un sistema ex ante: decidimos con anticipación qué porcentaje corresponderá a cada consumidor en cada hora. La propia Orden TED/1247/2021 utiliza expresamente este planteamiento.

Esto cambia bastante la forma de entender la palabra «dinámico».

Podemos construir un reparto mucho más sofisticado que un porcentaje fijo durante todo el año, pero el sistema reglamentario actual no redistribuye después la generación en función de lo que realmente ocurrió.

Si habíamos previsto que una vivienda consumiría mucho a las doce y finalmente ese día está vacía, el coeficiente previsto para esa hora sigue siendo el que se aplica.

Entonces, ¿qué datos necesitamos?

Aquí recuperamos una idea que apareció muy pronto en esta serie. En la entrada dedicada al consumo eléctrico de una vivienda vimos que conocer los kWh anuales sirve de poco para dimensionar correctamente una instalación si ignoramos cuándo se consumen.

En autoconsumo colectivo esta cuestión adquiere todavía más importancia.

Para estudiar unos coeficientes de reparto razonables yo intentaría disponer, como mínimo, de un año completo de consumos de los participantes. Interesa observar las curvas horarias, diferencias entre días laborables y fines de semana, estacionalidad y comportamientos especialmente estables.

También debemos preguntar si ese pasado representa bien el futuro.

Una vivienda puede incorporar un coche eléctrico. Otra puede instalar una bomba de calor. Alguien puede empezar a teletrabajar. Un local puede ampliar su horario y los servicios comunes pueden incorporar nuevos consumos.

Un magnífico análisis de datos históricos puede dar malos resultados si el edificio está a punto de cambiar sus hábitos energéticos.

Comparación entre coeficientes fijos y coeficientes horarios para repartir la producción fotovoltaica entre varios participantes.

Repartir mejor no significa necesariamente repartir de la forma más eficiente

Hasta ahora he hablado principalmente de maximizar el autoconsumo directo. Pero una comunidad puede utilizar otros criterios perfectamente legítimos.

Tres propietarios que hayan pagado exactamente un tercio de la instalación podrían considerar justo que cada uno reciba un tercio de la producción. Otro grupo podría preferir que la energía se distribuya según las aportaciones económicas. Una comunidad puede reservar una parte para consumos comunes y distribuir el resto entre las viviendas.

La normativa no impone un criterio económico concreto. Permite que los participantes acuerden el sistema que mejor encaje con su proyecto, siempre dentro de las condiciones reglamentarias. El IDAE recoge expresamente esa flexibilidad.

Aquí aparecen dos objetivos diferentes: equidad y eficiencia.

Un reparto puede reflejar perfectamente cuánto pagó cada participante y no maximizar el autoconsumo directo. Otro puede aprovechar extraordinariamente bien la generación, pero producir una distribución económica que algunos participantes consideren injusta.

Por eso no existe un coeficiente universalmente correcto.

Existe un coeficiente adecuado para unos objetivos previamente acordados.

El valor económico también importa

Recordemos algo que ya explicamos al hablar de excedentes solares: un kWh autoconsumido directamente y un kWh excedentario no tienen necesariamente el mismo valor económico.

Cuando autoconsumimos energía dejamos de comprar ese kWh a nuestra comercializadora. Cuando lo exportamos, su tratamiento económico depende de la modalidad y de las condiciones que tengamos contratadas.

Por eso unos coeficientes que aumenten la coincidencia entre generación y consumo pueden mejorar también el resultado económico global.

Pero conviene medirlo.

Si para obtener una pequeña mejora necesitamos un reparto extraordinariamente complejo, muchas modificaciones y una gestión difícil de explicar a los participantes, quizá la ganancia no compense esa complejidad.

El mejor diseño no siempre es el matemáticamente más sofisticado.

Coeficientes constantes: sencillos y, a veces, suficientes

No quiero que esta entrada conduzca a la conclusión contraria y parezca que utilizar coeficientes fijos es hacerlo mal.

Puede haber colectivos con perfiles de consumo bastante parecidos. También puede ocurrir que las diferencias entre un reparto fijo razonable y otro horario sean pequeñas.

En esos casos, la sencillez tiene valor.

Un coeficiente constante es fácil de comprender, mantener y explicar cuando entra un nuevo participante. También facilita que cada persona conozca de antemano qué porcentaje de la generación le corresponde.

Por eso el primer paso debería ser comparar.

Podemos simular cómo habría funcionado la instalación durante un año con coeficientes iguales, con coeficientes proporcionales a la inversión y con uno o varios esquemas horarios. Después veremos cuánto cambia realmente el autoconsumo directo, los excedentes y el resultado económico.

Entonces podremos decidir si la sofisticación merece la pena.

Los coeficientes tampoco pueden cambiarse cada semana

La regulación introduce otra limitación relevante.

Aunque podamos utilizar valores distintos para cada hora del año, el acuerdo no está pensado para modificarse continuamente en función de lo sucedido durante los últimos días. El Real Decreto 244/2019 establece que los coeficientes pueden modificarse con una periodicidad no inferior a cuatro meses, previa comunicación al encargado de lectura.

Además, todos los participantes deben aportar el mismo fichero de coeficientes y el correspondiente acuerdo firmado. La distribuidora comprueba la información y comunica cuándo comenzarán a aplicarse los nuevos valores.

Esto refuerza la idea anterior: los coeficientes horarios son una herramienta de planificación, no un mecanismo de control instantáneo.

Por eso merece la pena calcularlos con cierto cuidado antes de enviarlos.

Cómo plantearía yo un reparto

Empezaría por algo bastante menos sofisticado que una optimización matemática.

  1. Reuniría los consumos horarios de todos los participantes y los consumos comunes durante un periodo suficientemente representativo.
  2. Simularía la producción fotovoltaica prevista y comprobaría cómo coincide con esos perfiles.
  3. Compararía al menos un reparto igualitario, otro vinculado a la participación económica y otro orientado a aumentar el autoconsumo directo.
  4. Mediría cuánta energía autoconsume cada participante, cuántos excedentes genera y cuánta electricidad continúa tomando de la red.
  5. Analizaría el resultado económico individual, porque una solución excelente para el conjunto puede no resultar equilibrada para todos.
  6. Elegiría el sistema más sencillo que consiga una mejora suficientemente relevante y dejaría claro cómo podrán revisarse los coeficientes en el futuro.

A partir de ahí pueden introducirse coeficientes horarios si los datos demuestran que aportan valor.

Primero entendería el problema. Después aumentaría la complejidad.

Proceso para elegir coeficientes de reparto a partir de consumos horarios, producción solar, escenarios, autoconsumo, excedentes y ahorro.

Un local y varias viviendas muestran muy bien la utilidad

Pensemos en un edificio con ocho viviendas y dos locales.

Los locales abren de ocho de la mañana a cuatro de la tarde y concentran buena parte de su consumo precisamente cuando la instalación fotovoltaica está produciendo. Muchas viviendas, por el contrario, permanecen relativamente vacías durante esas horas y aumentan su demanda al final de la tarde.

Asignar exactamente un 10 % de la producción a cada consumidor durante todo el año puede resultar muy fácil de explicar.

Pero quizá estemos dando durante el mediodía una parte importante de la energía a viviendas que apenas pueden aprovecharla, mientras los locales continúan comprando electricidad a la red.

Un reparto horario podría aumentar la participación de los locales durante determinadas horas y devolver mayor peso a las viviendas en otras franjas donde resulte razonable.

No sabemos si compensaría hasta que hagamos los números.

Ese es precisamente el criterio que intento mantener durante toda esta serie.

La pregunta correcta no es «¿cuánto me toca?»

Cuando varias personas comparten una instalación solar resulta lógico preguntar qué porcentaje corresponde a cada una.

Yo añadiría inmediatamente otra pregunta: ¿por qué ese porcentaje?

Si la respuesta es «porque somos diez y hemos dividido entre diez», al menos deberíamos comprobar qué consecuencias tiene.

Puede ser una solución perfectamente válida. También puede provocar que varios participantes acumulen excedentes durante las mismas horas en las que otros están comprando energía de la red.

Los coeficientes de reparto permiten adaptar la generación compartida a las características del colectivo. Los coeficientes horarios amplían todavía más esa posibilidad. Pero ninguno sustituye un buen análisis de los consumos ni convierte el reparto en automático.

Antes de elegirlos hay que decidir qué queremos optimizar: sencillez, igualdad económica, autoconsumo directo, ahorro individual, aprovechamiento conjunto o una combinación razonable de todos ellos.

Ese pequeño número que aparece junto a cada CUPS puede determinar durante años cómo se distribuye la producción de toda la instalación.

Merece bastante más atención que limitarse a dividir cien entre el número de vecinos.

Puedes seguir todas las entregas en la Guía de autoconsumo.

En la próxima entrada cambiaremos de escala. Veremos por qué una comunidad energética puede utilizar autoconsumo colectivo, pero no es simplemente un grupo de vecinos que comparte unas placas solares. Entraremos en su organización, su gobernanza y las posibilidades que ofrece más allá de repartir electricidad.

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