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Pacto PSOE-CC: la estrategia de Torres para 2027

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Torres

Torres mueve primero: la estrategia detrás de un posible pacto PSOE-CC

Las últimas declaraciones de Ángel Víctor Torres han sido interpretadas en una parte del espacio de la izquierda alternativa como una suerte de traición anticipada a la posibilidad de recuperar una mayoría progresista en Canarias. La sospecha tiene una lógica reconocible: si todavía queda camino para reconstruir el entendimiento que permitió el Pacto de las Flores, ¿por qué abrir ya la puerta a un posible pacto PSOE-CC después de las elecciones de 2027?

Entiendo esa reacción, pero creo que conduce a una conclusión equivocada. No hay, hasta donde he podido comprobar, una posición oficial conjunta de las fuerzas situadas a la izquierda del PSOE calificando las palabras de Torres como una «traición». Sí existe una inquietud razonable sobre el futuro de una mayoría progresista. Mi lectura es otra: Torres está realizando un movimiento políticamente inteligente. Está aprendiendo de 2023, preparando más de una vía para alcanzar la Presidencia y colocando a Coalición Canaria ante una decisión que hasta ahora podía aplazar.

La diferencia es importante. Una cosa sería renunciar anticipadamente a una mayoría de izquierdas. Otra muy distinta es procurar que ganar las elecciones no vuelva a servir de tan poco como sirvió hace cuatro años.

Qué ha dicho realmente Ángel Víctor Torres

Conviene comenzar por los hechos.

Durante la presentación de su candidatura a la Presidencia del Gobierno de Canarias, el 18 de septiembre en La Laguna, Torres afirmó que el PSOE aspira a volver a ganar las elecciones y a construir una «mayoría progresista». Pero añadió que, si los números no fueran suficientes, los socialistas hablarían con aquellas fuerzas que se apartaran de Vox y de lo que él considera una derecha radicalizada.

Cuando fue preguntado por Coalición Canaria, concretó todavía más: serían los nacionalistas quienes tendrían que decidir si quieren gobernar con PP y Vox o acercarse a fuerzas con las que puedan compartir determinados intereses de Canarias. EFE recogió sus palabras y la condición impuesta por Torres: CC tendría que «apartarse de la derecha y la derecha ultra». Declaraciones de Ángel Víctor Torres en EFE

No estamos, por tanto, ante el anuncio de un acuerdo. Ni siquiera ante una negociación para un pacto PSOE-CC.

Torres está definiendo anticipadamente las condiciones bajo las cuales podría existir un pacto PSOE-CC si después de las elecciones no fuese posible articular la mayoría progresista que dice preferir.

Ese matiz cambia bastante las cosas.

“2023: ganar no bastó”: Ángel Víctor Torres junto a un gráfico con los 23 escaños del PSOE, 19 de Coalición Canaria y 15 del PP, y la investidura de Fernando Clavijo con 38 votos.

La lección de 2023 sigue ahí

Hay una fecha que explica mejor la maniobra que cualquier discurso: 28 de mayo de 2023.

El PSOE ganó las elecciones autonómicas. Torres volvió a ser el candidato de la fuerza más votada y consiguió 23 diputados. Coalición Canaria obtuvo 19 y el Partido Popular 15. Pero el socialista no siguió gobernando.

Fernando Clavijo consiguió posteriormente la investidura con 38 votos procedentes de CC, PP, Agrupación Socialista Gomera y Agrupación Herreña Independiente. El dato consta en la propia información oficial del Parlamento de Canarias. Investidura de Fernando Clavijo en el Parlamento de Canarias

La enseñanza es difícil de ignorar: ganar las elecciones no equivale a disponer de una mayoría para gobernar.

Torres lo sabe mejor que nadie porque ya lo experimentó personalmente. De hecho, cuando confirmó este mes su candidatura para 2027 recordó que en 2023 el PSOE fue el partido más votado, pero otra mayoría parlamentaria terminó formando Gobierno. (EFE Noticias)

Sería políticamente extraño que después de aquella experiencia su estrategia para 2027 se limitara a intentar volver a quedar primero.

Necesita votos, naturalmente. Pero también necesita socios.

Un candidato fuerte necesita más de un camino

Aquí está, a mi juicio, la parte más interesante.

Imagine que después de las autonómicas de 2027 el PSOE vuelve a ser la primera fuerza. Supongamos también que Nueva Canarias, Podemos, Drago u otras formaciones progresistas obtienen representación, pero que la suma se queda por debajo de los 36 diputados.

Al mismo tiempo podría ocurrir que CC y PP tampoco alcanzaran esa mayoría y que necesitaran a Vox.

Si durante los ocho meses anteriores Torres hubiera convertido a Coalición Canaria en un adversario absolutamente incompatible, tendría un problema importante. Cualquier conversación posterior con Fernando Clavijo parecería una rectificación oportunista realizada después de conocer los resultados.

Lo que está haciendo ahora evita precisamente ese escenario.

Torres establece públicamente una jerarquía: primero, intentar una mayoría progresista; si no existe, explorar otros acuerdos democráticos bajo determinadas condiciones.

El pacto PSOE-CC queda así configurado como una posibilidad subsidiaria y no como sustitución anticipada de una mayoría de izquierdas.

Desde el punto de vista estratégico hay una diferencia enorme.

“La jugada de Torres”: Ángel Víctor Torres ante un esquema que muestra dos vías para 2027: una mayoría progresista como opción preferente y un posible acuerdo PSOE-CC condicionado al alejamiento de PP y Vox.

La presión deja de recaer únicamente sobre la izquierda

Durante meses hemos hablado de la fragmentación del espacio progresista canario. Y con razón.

La posibilidad de que fuerzas con electorados próximos concurran divididas puede volver a dejar miles de votos sin traducción parlamentaria. Ya analicé ese problema al preguntarme si la izquierda canaria puede superar su fragmentación y las dificultades continúan abiertas.

Hasta ahora, buena parte del interrogatorio político recaía sobre ese espacio. ¿Habrá unidad? ¿Concurrirá Drago por separado? ¿Qué hará Nueva Canarias? ¿Podemos llegará a acuerdos? ¿Cuántos votos pueden perderse por el camino?

Torres acaba de introducir otra pregunta, probablemente mucho más incómoda para sus adversarios:

¿Qué hará Coalición Canaria?

CC lleva décadas obteniendo buena parte de su poder precisamente de su capacidad para hablar con diferentes espacios políticos. Ha gobernado con el PP, ha gobernado con el PSOE y ha negociado en Madrid con gobiernos de distinto signo.

Torres intenta invertir ahora esa ventaja.

Quiere que Coalición Canaria llegue a las próximas elecciones teniendo que explicar previamente si su alianza con el PP es estratégica y duradera o si conserva abierta una alternativa con los socialistas.

Coalición Canaria tendrá que escoger

La frase más significativa de Torres quizá no sea siquiera la referente al PP o a Vox.

Es esta idea: «Lo tienen otros que tendrán que decidir». (EFE Noticias)

La construcción política del mensaje resulta evidente.

Torres no está diciendo a sus electores que desea gobernar con Coalición Canaria. Está diciendo a CC que, en determinadas circunstancias, podría existir otra mayoría, pero que para acceder a ella tendría que tomar una decisión.

Eso desplaza la responsabilidad.

Si después de las elecciones Coalición Canaria optara por gobernar nuevamente con el PP contando además con Vox, Torres podría sostener que fueron los nacionalistas quienes escogieron ese bloque.

Si CC se separara de PP y Vox y negociara con el PSOE, podría presentar el acuerdo como resultado de una condición formulada antes de votar.

En ambos casos, el candidato socialista intenta evitar aparecer como quien cambia de posición después de conocer la aritmética electoral.

Eso explica por qué anunciarlo ahora tiene sentido.

“La presión cambia de lado”: Reunión política con Ángel Víctor Torres y un esquema que sitúa a Coalición Canaria en el centro de las posibles alianzas entre PSOE, PP y la izquierda alternativa.

Qué significa el pacto PSOE-CC para la izquierda

Llegamos aquí al temor inicial.

Desde una posición progresista es perfectamente legítimo preferir una mayoría formada por fuerzas progresistas. Es también mi opción. Canarias necesita políticas ambiciosas en vivienda, sanidad, educación, dependencia, desigualdad, transición ecológica y defensa del territorio, y una izquierda fuerte puede presionar mucho más en esa dirección.

Pero hay una contradicción que la izquierda alternativa debería evitar.

No parece razonable exigir al PSOE que cierre todas sus posibilidades de acuerdo ocho meses antes de las elecciones mientras otras formaciones reivindican para sí mismas plena autonomía para decidir con quién hablar después de votar.

Alberto Rodríguez lo expresó con bastante claridad apenas dos días antes de las declaraciones de Torres. El presidente de Drago Canarias afirmó que su formación decidirá en 2027 con quién puede llegar a acuerdos y añadió que «las líneas rojas no nos las va a marcar ningún partido». También señaló que llegado el momento se sentarían a hablar «con quien sea» para valorar posibles entendimientos. Declaraciones de Alberto Rodríguez en RTVC

Es una posición legítima.

Pero esa legitimidad tiene que funcionar en ambas direcciones.

Hace pocos días analicé precisamente el papel de Drago y Alberto Rodríguez en la izquierda canaria. La autonomía política de cada organización es defendible; lo que después habrá que juzgar son sus consecuencias electorales y programáticas.

Tampoco conviene idealizar un acuerdo con Coalición Canaria

Defender la inteligencia del movimiento de Torres no significa convertir un eventual entendimiento PSOE-CC en una operación progresista por definición.

No lo sería.

Coalición Canaria gobierna actualmente con el Partido Popular y existen diferencias políticas relevantes con el PSOE y todavía mayores con el conjunto de la izquierda en materias como fiscalidad, vivienda, servicios públicos, territorio o modelo económico.

Cualquier pacto PSOE-CC tendría que juzgarse por su contenido.

Qué políticas se acuerdan. Compromisos que se adquieren. Qué ocurre con la sanidad pública, la educación, la dependencia, la vivienda, el territorio, la transición ecológica o la fiscalidad. Y también qué concesiones realiza cada organización para hacer posible el acuerdo.

Los pactos no son buenos porque sus protagonistas los llamen moderados ni malos simplemente porque participen partidos diferentes. Su valoración depende de para qué sirven y qué políticas producen.

Ahí debería situarse una izquierda madura.

El PP también recibe el mensaje

Hay además un destinatario indirecto de toda esta operación: el Partido Popular.

Actualmente gobierna Canarias junto a Coalición Canaria. Mientras esa alianza parezca la única posibilidad de gobierno de Fernando Clavijo, el margen de negociación del PP es considerable.

La aparición de una segunda alternativa modifica ligeramente ese equilibrio.

El PP sabe ahora que, llegado 2027, CC podría disponer teóricamente de otro socio. Y Coalición Canaria sabe que los populares también tendrán un argumento electoral sencillo: advertir a su electorado de que votar a CC podría terminar facilitando una Presidencia socialista.

Torres ha introducido así incertidumbre en el bloque gobernante sin comprometer todavía ningún acuerdo.

No podemos saber si esa maniobra producirá efectos. Tampoco existe evidencia de que Fernando Clavijo esté preparando una ruptura con el PP, y sería poco serio afirmarlo.

Pero la alternativa ha entrado ya en el tablero.

Y cuando una posibilidad política entra en el tablero, los demás actores tienen que empezar a calcularla.

Gobernar exige algo más que identidad ideológica

Hay un riesgo recurrente en la izquierda: convertir cada negociación en una prueba anticipada de pureza.

Una democracia parlamentaria funciona de otra manera. Los ciudadanos distribuyen representación y los partidos tienen que construir mayorías a partir de ese resultado.

Esto no significa que todo pacto valga. Significa justamente lo contrario: hay que establecer límites, programas y compromisos suficientemente claros para poder explicar por qué se gobierna con alguien y para qué.

Una mayoría progresista debería ser el objetivo preferente del PSOE si los números la permiten. Torres ha dicho públicamente que aspira a ella. (EFE Noticias)

Pero si esa mayoría no existe, quedan dos opciones: aceptar que gobierne otra combinación o explorar acuerdos diferentes.

Negarse siquiera a pensar en ese escenario antes de las elecciones puede ofrecer mucha comodidad discursiva. Estratégicamente resulta bastante menos convincente.

“Camino a 2027”: Ángel Víctor Torres ante una línea temporal que resume la apertura al diálogo en 2026, la definición de alianzas y la batalla por las mayorías antes de las elecciones canarias de 2027.

Torres está jugando la partida de 2027 desde ahora

Mi interpretación final es que Ángel Víctor Torres intenta llegar a las elecciones con algo de lo que careció en 2023: más de una mayoría potencial.

Quiere volver a ser primera fuerza y necesita que el espacio progresista tenga suficiente representación para gobernar. Pero, al mismo tiempo, está construyendo una segunda salida por si esa suma no alcanza.

Eso obliga a Coalición Canaria a retratarse, introduce presión en su alianza con el PP y permite al PSOE presentar cualquier conversación futura como consecuencia de una posición conocida antes de las elecciones.

Puede salir mal. Naturalmente.

La izquierda alternativa puede utilizar la apertura a CC para movilizar a quienes desconfían del PSOE. El Partido Popular puede advertir de que Clavijo terminará haciendo presidente a Torres. Coalición Canaria puede rechazar completamente el planteamiento y reeditar su alianza actual.

Pero ninguna de esas posibilidades convierte el movimiento en una torpeza.

Yo sigo prefiriendo para Canarias una mayoría claramente progresista y suficientemente fuerte para impulsar cambios sociales que llevan demasiado tiempo esperando. Precisamente por eso creo que el trabajo esencial de la izquierda durante los próximos meses debería consistir en conseguir los votos y los acuerdos necesarios para que esa mayoría exista.

Lo que no veo razonable es confundir esa aspiración con la obligación de llegar a las urnas sin ninguna alternativa preparada.

En 2023 Ángel Víctor Torres ganó las elecciones. Fernando Clavijo consiguió la mayoría parlamentaria y terminó siendo presidente.

Cuatro años después, Torres parece haber entendido que en política democrática una victoria electoral sólo es completa cuando también se sabe qué hacer con ella.

Y posiblemente ahí esté la verdadera explicación de que haya empezado a mover las piezas ocho meses antes de votar.

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