Coalición de izquierdas en Canarias: dos diputados más que pudieron ser y una unidad que llega tarde
En política, dividirse puede salir caro. Y no siempre hacen falta grandes diferencias de votos para comprobarlo. La nueva coalición de izquierdas en Canarias nos ofrece la oportunidad de revisar lo ocurrido en las elecciones generales de 2023 y descubrir algo que merece una reflexión: con exactamente los mismos votos, una candidatura conjunta de Sumar y Nueva Canarias habría obtenido tres diputados en lugar de uno.
No es una opinión ni una estimación electoral. Es el resultado de aplicar el sistema D’Hondt a los datos oficiales publicados por la Junta Electoral Central.
La diferencia es considerable. Dos diputados más para ese espacio político sin necesidad de convencer a un solo elector adicional. Pero hay un detalle igualmente importante: uno de esos escaños habría correspondido al Partido Popular y el otro al PSOE.
Y todavía hay otra cuestión que no deberíamos pasar por alto. La izquierda que concurrió a las elecciones de 2023 no es exactamente la misma que acaba de anunciar su alianza para las generales del próximo 29 de noviembre.
Por eso, más allá de celebrar o cuestionar el acuerdo, merece la pena detenerse en lo que realmente nos dicen los números.
Una coalición de izquierdas que reúne a cuatro organizaciones
El pasado 15 de octubre, Nueva Canarias-Bloque Canarista, Podemos, Izquierda Unida Canaria y Movimiento Sumar anunciaron su decisión de concurrir conjuntamente a las elecciones generales bajo la denominación de Unidad del Pueblo Canario (UPC).
El acuerdo recupera unas siglas que evocan una experiencia histórica de la izquierda nacionalista canaria y reúne organizaciones que habían transitado por caminos diferentes.
Según el anuncio recogido por la Agencia EFE, sus promotores presentan la coalición como una iniciativa para fortalecer la representación de Canarias en el Congreso.
Sin embargo, la unidad no es completa. Drago Canarias, encabezado por Alberto Rodríguez, ha decidido concurrir por separado.
Esta circunstancia resulta especialmente relevante cuando examinamos los resultados de las anteriores elecciones generales.

¿Qué ocurrió realmente en 2023?
En julio de 2023, las candidaturas de Sumar y Nueva Canarias obtuvieron conjuntamente 153.596 votos en el archipiélago.
La distribución fue la siguiente:
| Provincia | Sumar | Nueva Canarias | Total |
|---|---|---|---|
| Las Palmas | 54.369 | 42.430 | 96.799 |
| Santa Cruz de Tenerife | 53.632 | 3.165 | 56.797 |
| Canarias | 108.001 | 45.595 | 153.596 |
Conviene aclarar algo: Podemos, Izquierda Unida y Drago ya participaban en la candidatura de Sumar de 2023. Por tanto, no cabe añadirles votos adicionales. Hacerlo supondría contar dos veces a los mismos electores.
Con aquellos resultados, Sumar consiguió un diputado por Las Palmas, mientras que Nueva Canarias no obtuvo representación. En Santa Cruz de Tenerife, ninguna de las dos candidaturas alcanzó un escaño.
Ahora bien, ¿qué habría sucedido si ambas hubiesen compartido papeleta?
La coalición de izquierdas habría conseguido tres diputados
Hemos reconstruido el reparto provincial aplicando el método D’Hondt previsto en la Ley Orgánica del Régimen Electoral General.
El ejercicio mantiene inalterados todos los votos de 2023. La única modificación consiste en unir los sufragios obtenidos por Sumar y Nueva Canarias.
Los resultados son suficientemente expresivos:
| Formación | Resultado real | Con la coalición |
|---|---|---|
| PSOE | 6 | 5 |
| PP | 6 | 5 |
| Sumar y NC / UPC | 1 | 3 |
| Coalición Canaria | 1 | 1 |
| Vox | 1 | 1 |
| Total | 15 | 15 |
En Las Palmas, la candidatura conjunta habría conseguido dos diputados en lugar del único obtenido por Sumar. El PP habría perdido su tercer representante.
En Santa Cruz de Tenerife, los 56.797 votos acumulados habrían permitido conseguir un diputado que, con los resultados reales, correspondió al PSOE.
De esta manera, la nueva coalición habría pasado de uno a tres diputados, mientras que el conjunto formado por PSOE y las fuerzas a su izquierda habría aumentado de siete a ocho representantes.
La distinción no es menor. Dos diputados adicionales para una candidatura no significan necesariamente dos diputados adicionales para todo su espacio ideológico.
Lo verdaderamente revelador es que la distribución de los votos, sin alterar su número, puede modificar de forma sustancial la representación parlamentaria.

Cuando unos pocos miles de votos deciden un escaño
En Santa Cruz de Tenerife encontramos el ejemplo más llamativo.
El PSOE consiguió su tercer diputado con un cociente D’Hondt de 55.196,67 votos. La candidatura conjunta de Sumar y Nueva Canarias habría reunido 56.797.
Es decir, habría superado el cociente socialista por poco más de 1.600 votos.
En Las Palmas, el segundo diputado de la coalición también habría dependido de superar el cociente correspondiente al tercer representante del PP.
Estos cálculos muestran hasta qué punto la presentación de candidaturas separadas puede influir en el resultado cuando los escaños disponibles son pocos.
Pero también nos obligan a ser prudentes.
En Santa Cruz de Tenerife, perder poco más del 2,8 % de los votos conjuntos de 2023, manteniendo fijos los de los competidores, habría supuesto quedarse nuevamente sin representación.
La aritmética demuestra lo que habría ocurrido bajo unas condiciones determinadas. No demuestra que esas condiciones vayan a repetirse.

El problema es que la izquierda de 2026 ya no es la de 2023
Aquí aparece la principal dificultad para trasladar aquella simulación al presente.
En Las Palmas, Nueva Canarias consiguió 42.430 votos en 2023. Sin embargo, desde entonces se ha producido una ruptura significativa que dio lugar a Municipalistas Primero Canarias.
Teodoro Sosa, que figuraba como número dos en la candidatura de Nueva Canarias de 2023, encabezará ahora la lista por Las Palmas de la alianza de Primero Canarias con Coalición Canaria.
No sabemos cuántos de aquellos electores seguirán apoyando a Nueva Canarias ni cuántos se identificarán con la nueva formación municipalista.
En Santa Cruz de Tenerife ocurre algo semejante, aunque con protagonistas diferentes.
Alberto Rodríguez encabezó la lista de Sumar en 2023. Ahora liderará la candidatura de Drago Canarias, que ha decidido no integrarse en UPC.
Tampoco sabemos qué parte del electorado que entonces votó a Sumar continuará apoyando a las organizaciones que integran la nueva coalición.
Y existe otra circunstancia excepcional: Vox no pudo concurrir al Congreso por Santa Cruz de Tenerife en 2023, de modo que aquel reparto electoral estuvo condicionado por la ausencia de una candidatura relevante.
Son cambios que hacen imposible trasladar mecánicamente los 153.596 votos de entonces a la coalición actual.
Los votos no pertenecen a los partidos. Pertenecen a los ciudadanos, que pueden cambiar de opinión, de candidatura o decidir no participar.
La unidad no debería limitarse a una fotografía electoral
Hay una reflexión política que considero especialmente importante.
Las organizaciones que comparten una parte considerable de sus principios suelen encontrarse ante una dificultad recurrente: transformar sus coincidencias programáticas en acuerdos electorales y políticos duraderos.
Existen diferencias legítimas entre ellas. No todas entienden igual el modelo territorial, la relación con el PSOE, las políticas económicas o el funcionamiento interno de las coaliciones.
Esas diferencias merecen respeto. La pluralidad forma parte de la democracia y no tendría sentido exigir uniformidad a organizaciones con trayectorias distintas.
Pero también es razonable pedir explicaciones cuando esas diferencias terminan impidiendo acuerdos sobre objetivos compartidos.
Porque los efectos de la fragmentación no se quedan en las reuniones de las direcciones políticas. Pueden terminar reflejándose en la representación parlamentaria que reciben sus electores.
El ejercicio de 2023 permite comprobarlo sin necesidad de atribuir intenciones personales ni repartir responsabilidades que los números, por sí solos, no pueden demostrar.
A mi juicio, la cuestión fundamental no consiste en determinar quién debe ocupar el primer puesto de una candidatura o qué organización tiene mayor protagonismo.
Consiste en conocer qué compromisos comunes están dispuestos a asumir, cómo resolverán sus diferencias y qué garantías ofrecerán de que el acuerdo podrá mantenerse más allá de una campaña electoral.
Y, particularmente en Canarias, qué propuestas concretas defenderán sobre vivienda, servicios públicos, desigualdad, desarrollo económico y transición ecológica.
Una coalición puede reunir siglas y estructuras organizativas. Construir un proyecto político compartido exige algo más.

Lo que deberían enseñarnos los resultados de 2023
La nueva Unidad del Pueblo Canario constituye un acuerdo político relevante. Reúne a organizaciones que anteriormente habían mantenido diferencias y permite examinar una alternativa de presentación electoral que no existió en 2023.
Sin embargo, sería precipitado convertir los tres diputados de nuestra simulación en una expectativa electoral para noviembre.
El escenario actual contiene demasiados elementos diferentes: la ruptura de Nueva Canarias, la candidatura independiente de Drago, la alianza de Primero Canarias con Coalición Canaria y una composición de la competencia electoral que ya no coincide con la de hace tres años.
Lo que sí podemos afirmar es que el sistema electoral español hace que la distribución territorial y la concentración del voto tengan consecuencias importantes sobre la representación.
También podemos extraer una reflexión que trasciende a cualquier organización concreta: cuando distintos partidos comparten objetivos, sus decisiones sobre concurrir juntos o separados merecen explicaciones políticas claras, porque pueden tener consecuencias para sus electores.
El acuerdo de UPC abre una nueva etapa. Su contenido, su funcionamiento y su relación con el electorado tendrán que valorarse a partir de hechos, compromisos y resultados, no únicamente de las expectativas que despierta su anuncio.
Porque, al final, la unidad política no debería medirse solo por el número de organizaciones que firman un acuerdo, sino también por la claridad del proyecto que presentan y por su capacidad para representar a los ciudadanos que depositan en ellas su confianza.
Un dosier para conocer todos los cálculos
Esta entrada resume las principales conclusiones de un estudio más amplio elaborado a partir de los resultados definitivos de las elecciones generales de 2023.
El documento incluye el reparto provincial mediante el método D’Hondt, los cocientes que determinaron los últimos escaños, los umbrales de votos y distintos escenarios hipotéticos que permiten comprobar cómo pequeñas variaciones pueden modificar la representación parlamentaria.
También examina los cambios políticos producidos desde entonces y las limitaciones que deben tenerse en cuenta al comparar 2023 con la nueva realidad electoral de 2026.
Al final de esta entrada se adjunta el dosier completo en formato PDF para quienes deseen consultar la metodología, verificar los cálculos y profundizar en las conclusiones.
El análisis parte de los resultados oficiales publicados por la Junta Electoral Central en el BOE y distingue expresamente entre hechos comprobados, simulaciones matemáticas e interpretaciones políticas.



















