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Primarias abiertas de Podemos: ¿quién pone las urnas?

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Urna transparente frente a varios atriles

Primarias abiertas, pero ¿quién pone las urnas? La prueba democrática de Podemos

Hay expresiones políticas que parecen resolver el debate antes de que empiece. Una de ellas es primarias abiertas. Si cualquier ciudadano puede votar, si cualquiera puede presentarse y si las bases deciden quién debe encabezar una candidatura, la propuesta parece difícilmente discutible desde una perspectiva democrática.

Irene Montero anunció este sábado que quiere liderar una candidatura de izquierdas en las próximas elecciones generales, pero añadió una condición aparentemente importante: pretende hacerlo mediante unas primarias abiertas en las que pueda participar gente ajena a Podemos y a las que pueda presentarse cualquier persona. La propuesta aspira, además, a elegir no solo a quien encabece la candidatura, sino al conjunto del equipo. (EFE Noticias)

Hasta aquí, nada que objetar. Es más: en una izquierda fragmentada que necesita reconstruir espacios de cooperación y legitimidad social, permitir que decida la ciudadanía podría ser una idea interesante.

El problema aparece cuando dejamos de hablar de la palabra primarias y empezamos a hablar del procedimiento.

Porque en democracia no basta con preguntar quién vota. También importa quién confecciona el censo, quién establece las reglas, quién controla la plataforma, quién resuelve las reclamaciones, quién decide los plazos y, sobre todo, quién garantiza que todos los candidatos llegan a la línea de salida en condiciones razonablemente comparables.

Y ahí es donde la propuesta de Podemos necesita muchas más explicaciones.

Una candidata que ya ha empezado la carrera

Irene Montero no anunció simplemente que estaría dispuesta a participar en unas futuras primarias abiertas. Podemos escenificó políticamente su candidatura.

El acto celebrado en Madrid bajo el lema Paz, casa, trabajo sirvió para situarla públicamente como referente electoral del partido. Estuvo acompañada por dirigentes de la organización y la secretaria general, Ione Belarra, realizó una encendida defensa de su figura. EFE describió el acto como la oficialización de la voluntad de Montero de liderar una candidatura de izquierdas, mientras elDiario.es señala directamente que Podemos la presentó como su líder de cara a las generales. (EFE Noticias)

No hay nada ilegítimo en ello. Un partido puede respaldar a quien considere mejor candidata y hacerlo públicamente.

Pero entonces debemos reconocer lo evidente: cuando comiencen esas hipotéticas primarias abiertas, Irene Montero no será una candidata cualquiera.

Llegará con el reconocimiento público de Podemos, con el respaldo de su dirección, con una importante exposición mediática y con una organización política detrás que lleva meses preparando ese escenario. De hecho, la posibilidad de unas primarias conjuntas venía siendo estudiada por Podemos desde hace meses. (elDiario.es)

Imaginemos ahora que mañana decide competir una persona procedente de Izquierda Unida, de los Comuns, de Más Madrid, de un movimiento social o simplemente alguien independiente.

Formalmente podrían estar en la misma papeleta.

Políticamente no habrían partido del mismo lugar.

Urna electoral y escenario de debate que explican quién puede votar, quién puede presentarse y qué se elige en unas primarias abiertas.

La democracia empieza antes de votar

Este es, a mi juicio, el verdadero debate.

Reducimos con demasiada frecuencia la democracia a introducir una papeleta en una urna. Pero unas elecciones son democráticas porque existen previamente unas reglas conocidas, una autoridad electoral que no depende de uno de los candidatos, un censo verificable, procedimientos de reclamación y garantías razonables de igualdad.

Si queremos trasladar esa lógica a unas primarias destinadas a elegir una candidatura que pretende representar a varias organizaciones, no parece suficiente con decir que todo el mundo podrá participar.

Hay que responder primero a una pregunta mucho más incómoda:

¿quién organiza las primarias?

Podemos dispone actualmente de estatutos y reglamentos propios y su página oficial de documentación incluye expresamente un «Reglamento de Primarias para Congreso y Senado» entre los documentos vigentes derivados de su Quinta Asamblea Ciudadana. (Podemos)

Eso es perfectamente normal cuando Podemos elige a sus candidatos.

Pero cambia sustancialmente la cuestión si lo que se pretende elegir no es al candidato de Podemos, sino al candidato de un espacio político mucho más amplio.

En ese caso, unas primarias diseñadas, convocadas, administradas y fiscalizadas fundamentalmente por una de las organizaciones participantes no serían necesariamente fraudulentas. Esa acusación exigiría pruebas que no existen.

Pero sí serían estructuralmente asimétricas.

Un jugador estaría participando en el partido mientras su organización habría contribuido a diseñar el terreno de juego.

Urna, documentación electoral, calendario y plataforma digital que representan la importancia del censo, los requisitos, los plazos y el recuento en unas primarias.

Una primaria conjunta exige reglas conjuntas

Este es precisamente el punto que todavía está por resolver.

Según elDiario.es, Podemos asegura que no pretendería imponer sus siglas si otros partidos aceptaran participar y sostiene que las primarias podrían abrirse a cualquier persona. Movimiento Sumar ha respondido con cautela, recordando que IU, Más Madrid, Comuns y la propia formación llevan meses trabajando en la configuración de un nuevo espacio político. (elDiario.es)

Hay incluso una contradicción adicional que merece atención. EFE señalaba este sábado que Podemos continúa excluyendo a Movimiento Sumar mientras simultáneamente plantea construir una candidatura «lo más amplia posible». (EFE Noticias)

Todo esto puede cambiar durante los próximos meses. Estamos todavía ante movimientos de precampaña y no ante un proceso electoral formalmente convocado.

Precisamente por eso convendría no confundir una propuesta con una garantía.

Para que unas primarias abiertas de toda la izquierda fueran realmente compartidas, las reglas deberían surgir de un acuerdo previo entre las organizaciones participantes y no de la adhesión posterior a un procedimiento diseñado por una de ellas.

El censo debería ser verificable. La plataforma tecnológica tendría que ofrecer garantías conocidas. El órgano encargado de resolver impugnaciones debería ser aceptado por todos. Las candidaturas deberían disponer de condiciones comparables de información y exposición. Y sería razonable algún mecanismo independiente de auditoría del proceso.

Entonces sí estaríamos hablando de una experiencia democrática especialmente interesante.

Mientras esas garantías no existan, tenemos una propuesta política.

No todavía un procedimiento democrático común.

Candidata situada en el centro de un escenario con varios atriles vacíos, ilustrando cómo el respaldo del aparato, la visibilidad y los recursos pueden condicionar la igualdad de salida.

Mi desconfianza tiene también una historia

No observo este asunto únicamente desde fuera.

Durante los primeros años de Podemos participé bastante de cerca en su organización en Tenerife. Aquella experiencia me dejó una preocupación sobre determinados mecanismos de participación que nunca he olvidado.

En uno de aquellos procesos quisimos comprobar hasta dónde llegaban los controles existentes. Creamos una identidad ficticia utilizando datos inventados y un número de DNI cuya letra calculamos correctamente. Aquella identidad consiguió inscribirse y pudo participar en una votación interna.

Lo denunciamos internamente.

No pretendo convertir ahora aquella experiencia en una prueba sobre el funcionamiento actual de Podemos. Sería intelectualmente deshonesto hacerlo. Ha pasado más de una década, los procedimientos han cambiado y hoy el propio portal de participación de Podemos exige asociación a un teléfono móvil mediante SMS y contempla mecanismos específicos de verificación de identidad. (Podemos)

Por tanto, mi experiencia sirve para explicar mi desconfianza, no para demostrar que hoy exista el mismo problema.

Pero aquella vivencia me enseñó algo que sigo considerando válido: los procedimientos democráticos no pueden evaluarse únicamente por las buenas intenciones declaradas.

Hay que mirar cómo funcionan.

El problema del aparato no desaparece llamándolo bases

Hace unas semanas escribía en este blog sobre la ley de hierro de la oligarquía y la tendencia de cualquier organización, incluso de las nacidas para combatir a las élites, a concentrar progresivamente conocimiento, recursos y capacidad de decisión en quienes controlan su estructura. Ley de hierro: cómo el poder crea sus propias élites

Aquella reflexión encaja casi perfectamente aquí.

Una organización puede mantener formalmente mecanismos participativos y, sin embargo, desarrollar importantes diferencias materiales entre quien dispone del aparato y quien solamente dispone de su voto.

No hace falta manipular ninguna urna.

Basta con controlar mejor los tiempos, la información, la visibilidad, los canales de comunicación y la construcción previa del liderazgo.

Ese fenómeno no es exclusivo de Podemos. Existe en prácticamente todos los partidos y sería injusto presentarlo como una anomalía particular de la formación morada.

Pero hay una diferencia importante.

Podemos nació haciendo de la democracia interna, la horizontalidad y la participación ciudadana una parte central de su identidad política. Por eso precisamente debe aceptar un nivel de exigencia especialmente alto cuando apela nuevamente a las bases.

Quien convierte la participación en argumento político también debe aceptar que se examine cómo se organiza esa participación.

La pureza también puede convertirse en poder

Hay otra cuestión que no deberíamos ignorar.

Durante los últimos años Podemos ha construido buena parte de su identidad diferenciándose con dureza del resto de la izquierda. Las discrepancias con Sumar, Yolanda Díaz y otras organizaciones no han sido precisamente menores.

Ahora propone unas primarias comunes para construir una candidatura amplia.

No hay ninguna incoherencia automática en cambiar de estrategia. La política consiste también en adaptarse a circunstancias nuevas. La fragmentación del espacio progresista representa un problema evidente que ya señalé al analizar los datos del CIS: competir divididos reduce capacidad electoral y, sobre todo, capacidad política para transformar la realidad. Barómetro CIS marzo 2026: radiografía actual de España

Pero construir unidad exige algo más difícil que convocar al resto.

Exige reconocer al resto como iguales.

Si Podemos propone unas primarias para que otras organizaciones participen en un proceso que Podemos controla, estará proponiendo una ampliación de su espacio.

Si las organizaciones acuerdan conjuntamente las reglas, el censo, las garantías y el procedimiento, estarán creando realmente un espacio nuevo.

La diferencia no es semántica.

Es política.

Urna en una mesa de negociación rodeada de documentación y puestos de observación, como representación de unas primarias con reglas pactadas, auditoría independiente y garantías compartidas.

La verdadera prueba no será si gana Irene Montero

Irene Montero tiene todo el derecho a presentarse. También Podemos tiene todo el derecho a defenderla, promocionarla y considerar que es la mejor candidata para representar a la izquierda en las próximas elecciones generales.

Lo que no puede hacerse simultáneamente es presentar una candidatura con toda la potencia política de una organización y después fingir que todos aparecen espontáneamente en la misma línea de salida.

Las primarias abiertas pueden ser una excelente idea.

Pero solo serán verdaderamente abiertas cuando alguien ajeno al núcleo dirigente pueda competir con posibilidades reales, cuando perder sea una posibilidad aceptada de antemano y cuando las reglas no dependan únicamente de quien espera ganar.

Ahí reside la prueba democrática.

No en comprobar si Irene Montero consigue más votos que sus competidores.

La prueba será saber si Podemos estaría dispuesto a construir un procedimiento que también pudiera permitir que Irene Montero perdiera.

Porque la democracia comienza precisamente ahí: cuando quien controla el poder acepta unas reglas que pueden arrebatárselo.

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