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Cómo comparar presupuestos solares sin ser especialista

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Persona comparando varios presupuestos de autoconsumo solar en una mesa, con una vivienda con paneles fotovoltaicos al fondo.

Cómo comparar presupuestos solares sin ser especialista

Autoconsumo con criterio · 7/16
Antes de instalar, entender.

Llegamos a un momento muy concreto. Hemos decidido estudiar una instalación fotovoltaica y pedimos tres ofertas. A primera vista, la comparación parece sencilla: miramos cuántos paneles incluye cada una, cuánta batería ofrecen y cuál tiene el precio más bajo. Sin embargo, comparar presupuestos solares de esa manera puede llevarnos a elegir una solución peor aunque aparentemente resulte más barata.

Dos presupuestos con diez paneles pueden esconder potencias diferentes. Dos instalaciones con la misma potencia fotovoltaica pueden producir cantidades distintas según orientación, sombras o pérdidas consideradas. Dos baterías con idéntica capacidad nominal pueden ofrecer prestaciones diferentes. Y dos ofertas con precios similares pueden no incluir los mismos trabajos, protecciones, trámites o garantías.

En la entrega anterior vimos, además, que una instalación puede incorporar una batería y no disponer realmente de respaldo durante un apagón. Esa sola diferencia ya demuestra hasta qué punto dos presupuestos aparentemente equivalentes pueden estar proponiendo sistemas distintos. Puedes recuperar aquella explicación en Placas solares durante un apagón: qué ocurre realmente.

Por eso, antes de comparar precios, debemos conseguir algo más básico: hacer comparables las ofertas.

Comparar presupuestos solares empieza por saber qué estamos comprando

El primer error consiste en ordenar las ofertas de menor a mayor precio sin comprobar antes si contienen lo mismo.

Una propuesta puede limitarse a paneles, inversor, estructura e instalación. Otra puede añadir batería, monitorización avanzada, gestión de excedentes o respaldo. Una tercera puede incluir legalización, determinadas obras auxiliares, protecciones adicionales o ampliaciones del cuadro eléctrico.

El importe final no nos dice por sí solo cuál es mejor.

La Guía Profesional de Tramitación del Autoconsumo del IDAE describe los actores y trámites que intervienen en una instalación y recuerda que la ejecución corresponde a empresas instaladoras habilitadas dentro del ámbito reglamentario correspondiente. La guía dedica además un apartado específico a los procedimientos autonómicos de Canarias.

Por tanto, la primera pregunta que debemos hacer a cada empresa no es únicamente «¿cuánto cuesta?», sino algo bastante más útil:

¿qué incluye exactamente este precio y qué quedará fuera?

A partir de ahí podemos comenzar a comparar presupuesto solares.

Primero, comparemos potencia fotovoltaica y no solamente número de placas

Ya vimos en la tercera entrega de la serie que preguntar cuántas placas solares necesitamos puede resultar engañoso si olvidamos hablar de potencia.

Infografía comparativa de tres presupuestos solares con diferencias en potencia, paneles, inversor, batería, garantías y precio final.

Supongamos que una oferta incluye diez módulos y otra once. No podemos concluir que la segunda instalación sea necesariamente más potente. Necesitamos conocer la potencia de cada módulo y, sobre todo, la potencia pico total instalada expresada en kWp.

Esa cifra permite realizar una primera comparación objetiva.

También conviene identificar fabricante y modelo concreto de los módulos. No basta con expresiones genéricas como «panel monocristalino de alta eficiencia» o «panel premium». Necesitamos saber qué equipo se instalará realmente para poder consultar su ficha técnica y las condiciones de garantía.

El mismo criterio debe aplicarse al inversor.

El inversor merece una línea propia en la comparación

El inversor no es un accesorio secundario. Es uno de los equipos fundamentales de la instalación y condiciona buena parte de sus posibilidades presentes y futuras.

Hay que conocer al menos fabricante, modelo y potencia nominal. También resulta útil comprobar si está preparado para ampliaciones, baterías o funciones de respaldo cuando esas prestaciones formen parte de nuestros objetivos.

Una diferencia de potencia entre paneles e inversor tampoco significa automáticamente que exista un error. El dimensionamiento entre potencia fotovoltaica de corriente continua y potencia del inversor puede responder a decisiones técnicas perfectamente razonables. Lo importante es que la empresa pueda explicar por qué ha elegido esa relación y qué consecuencias tendrá sobre la producción.

Desconfiaría más de una cifra que nadie sabe justificar que de una diferencia técnica bien explicada.

La producción anual prometida tiene que venir acompañada de hipótesis

Esta es una de las partes más importantes al comparar presupuestos solares.

Muchas ofertas incluyen una estimación del tipo:

«Su instalación producirá X kWh al año».

La cifra puede ser perfectamente razonable, pero necesitamos saber cómo se ha obtenido.

La herramienta oficial PVGIS de la Comisión Europea permite estimar producción fotovoltaica utilizando ubicación, potencia instalada, orientación, inclinación, tecnología y pérdidas del sistema. Incluso proporciona producción anual estimada y variabilidad interanual. (PVGIS)

Por tanto, podemos pedir que nos expliquen qué datos se han utilizado:

¿Dónde está situada la instalación? ¿Qué orientación e inclinación se han considerado? ¿Se han evaluado las sombras? ¿Qué porcentaje de pérdidas se ha supuesto? ¿Qué potencia fotovoltaica se ha introducido en el cálculo?

Si dos presupuestos proponen instalaciones prácticamente iguales pero uno promete una producción sensiblemente superior, no debemos premiar automáticamente al más optimista. Primero hay que averiguar de dónde procede la diferencia.

Una estimación no se vuelve más cierta porque tenga muchos decimales.

Producción no es ahorro

Aquí aparece otra trampa frecuente.

Un presupuesto puede estimar correctamente la producción anual y, sin embargo, calcular mal el ahorro económico si utiliza hipótesis demasiado favorables sobre cuánto consumiremos directamente o cuánto valdrán los excedentes.

En la cuarta entrega vimos que los excedentes solares no tienen necesariamente el mismo valor que la energía que dejamos de comprar.

Por eso cada oferta debería permitirnos distinguir, al menos conceptualmente, entre:

  • energía fotovoltaica producida;
  • energía utilizada directamente en la vivienda;
  • energía excedentaria;
  • energía que seguiremos comprando a la red.

No hace falta que el lector reconstruya un modelo horario profesional. Pero sí debe poder entender qué hipótesis sostiene el ahorro anunciado.

El MITECO explica las modalidades y el mecanismo de compensación simplificada y recuerda que los excedentes y la energía consumida de la red tienen tratamientos distintos.

Si un presupuesto presenta un «90 % de ahorro» sin explicar cómo se ha calculado, esa cifra vale bastante menos que una estimación más modesta pero transparente.

Infografía que diferencia producción solar, autoconsumo directo, excedentes y energía comprada a la red para explicar el ahorro real.

Una batería obliga a abrir otra columna de comparación

Cuando alguna oferta incorpora almacenamiento, comparar únicamente la capacidad expresada en kWh vuelve a ser insuficiente.

Como vimos en La batería solar que quizá no necesitas, una batería tiene capacidad, potencia, pérdidas, degradación, condiciones de garantía y una determinada forma de integrarse con el inversor.

Conviene identificar:

  • fabricante y modelo;
  • capacidad nominal;
  • capacidad utilizable;
  • potencia máxima de carga y descarga;
  • química;
  • condiciones de garantía;
  • capacidad garantizada al final del periodo correspondiente;
  • compatibilidad con el inversor;
  • posibilidad real de ampliar almacenamiento en el futuro.

Además, debemos preguntar explícitamente si existe respaldo durante un apagón.

Que el presupuesto diga «batería de 10 kWh» no responde a esa pregunta.

Respaldo: una casilla que debe ser sí, no o claramente explicada

Después de la Entrada 6 tenemos una ventaja: ya sabemos qué preguntar.

Si una oferta afirma que tendremos suministro durante un corte, necesitamos conocer qué parte de la vivienda permanecerá alimentada, qué potencia podrá proporcionar el sistema y si los paneles podrán seguir trabajando cuando la red exterior haya desaparecido.

También debe quedar claro qué equipo realiza la separación segura respecto a la red.

No necesitamos convertirnos en especialistas en protecciones eléctricas. Precisamente por eso la explicación del instalador debería ser comprensible.

Un presupuesto que ofrece una prestación importante debe ser capaz de explicar cómo la proporciona.

Las protecciones y los materiales que no se ven también forman parte del precio

Los paneles llaman nuestra atención porque están en el tejado. El inversor y la batería suelen aparecer destacados en la documentación comercial. Sin embargo, una instalación eléctrica contiene muchos otros elementos que condicionan su calidad.

Estructuras, protecciones, cuadros, conductores, canalizaciones, conectores, seccionamiento, puesta a tierra y sistemas de monitorización forman parte del conjunto.

No estoy proponiendo que un propietario compare la referencia técnica de cada magnetotérmico o cada conductor. Eso sería absurdo.

Sí considero razonable comprobar que el presupuesto describa suficientemente el alcance de la instalación y no esconda toda la parte eléctrica bajo una frase genérica del tipo «material auxiliar incluido».

En una instalación que esperamos utilizar durante muchos años, lo que no aparece en las fotografías también importa.

El tejado también debe estar dentro del presupuesto

Hay otra cuestión frecuentemente olvidada: los paneles no flotan sobre la vivienda.

La estructura debe adaptarse a la cubierta existente y su instalación no debería crear problemas donde antes no los había. El sistema de fijación, la estanqueidad, el acceso a la cubierta y cualquier obra necesaria deben quedar suficientemente definidos.

En Canarias existe además una diversidad considerable de tipologías de cubierta y condiciones ambientales. Una solución válida para una azotea plana no tiene por qué ser idéntica a la utilizada sobre teja o sobre otras cubiertas.

Si una oferta requiere obras que las otras no contemplan, debemos averiguar si una empresa está añadiendo algo innecesario o si las otras simplemente lo han omitido.

Infografía que compara una oferta con batería y otra con respaldo real para mostrar que almacenar energía no garantiza suministro durante un apagón.

Tramitación y legalización: que nadie las deje en tierra de nadie

Una instalación no termina cuando el instalador baja del tejado y eso es fundamental tenerlo en cuenta en la comparación de presupuestos solares.

Dependiendo de su modalidad y características existen trámites técnicos y administrativos. El IDAE identifica los distintos procedimientos y organismos implicados y su guía profesional incluye expresamente las particularidades de las comunidades autónomas. (Idae)

Por eso el presupuesto debería aclarar quién se ocupa de la documentación y qué trámites están incluidos.

No necesitamos memorizar todas las siglas administrativas. Necesitamos saber quién asume cada responsabilidad y qué documentación recibiremos una vez finalizado el proceso.

Esta cuestión resulta especialmente importante cuando comparamos una empresa que ofrece una solución «llave en mano» con otra cuyo precio inicial deja determinadas gestiones fuera.

Garantía de producto no es garantía de producción

La palabra «garantía» también merece atención.

En los paneles pueden coexistir garantías diferentes. Una puede referirse a defectos del propio producto y otra al nivel de prestaciones que el fabricante garantiza con el paso de los años.

No son lo mismo.

También existen garantías específicas para inversores, baterías y otros equipos. Y, además de las garantías de los fabricantes, debemos conocer qué cobertura ofrece la empresa sobre los trabajos realizados.

Más que quedarnos con una frase como «25 años de garantía», conviene preguntar:

¿garantía de qué, quién la presta y bajo qué condiciones?

Esa simple pregunta evita muchas comparaciones engañosas.

El servicio posterior también tiene valor

Una instalación fotovoltaica no debería exigir atención continua, pero durante su vida pueden aparecer incidencias, dudas, fallos de comunicación, problemas con aplicaciones, gestiones con fabricantes o sustituciones de equipos.

Por eso merece la pena conocer quién atenderá la instalación después de cobrarla.

¿Dispone la empresa de servicio técnico? ¿Cómo se tramita una incidencia? ¿Quién gestiona una garantía de fabricante? ¿Existe monitorización? ¿Tendremos acceso a nuestros propios datos?

No es sencillo asignar un precio a estas cuestiones, pero ignorarlas significa comparar únicamente lo visible el día de la compra.

Una cuota mensual tampoco es el precio de la instalación

Algunas ofertas pueden presentarse mediante financiación.

Una mensualidad baja puede resultar atractiva, pero no permite comparar correctamente dos propuestas si tienen distintos plazos, intereses, comisiones u otros gastos asociados.

El Banco de España explica que la TAE permite comparar ofertas de financiación porque incorpora el tipo de interés y determinados gastos y comisiones asociados. (Cliente Bancario)

Por eso separaría siempre dos decisiones:

primero, qué instalación quiero;

después, cómo quiero pagarla.

Una financiación aparentemente cómoda no debería convertir en técnicamente mejor una propuesta que no lo es.

La tabla que yo utilizaría para comparar tres presupuestos

No hace falta ser ingeniero para ordenar correctamente la información. Basta con crear tres columnas —Presupuesto A, B y C— y utilizar exactamente las mismas filas.

ConceptoABC
Potencia fotovoltaica total (kWp)
Número, potencia y modelo de paneles
Modelo y potencia del inversor
Producción anual estimada
Método e hipótesis de cálculo
Sombras consideradas
Autoconsumo directo estimado
Excedentes estimados
Batería: capacidad útil y potencia
Respaldo durante apagón
Circuitos respaldados
Estructura y adaptación a cubierta
Protecciones y cuadro eléctrico
Monitorización
Tramitación/legalización incluida
Garantía paneles
Garantía inversor
Garantía batería
Garantía del trabajo de instalación
Servicio posventa
Precio total al contado
Financiación: TAE y coste total

Cuando rellenamos esta tabla ocurre algo interesante: los tres precios dejan de ocupar toda la pantalla.

Entonces empezamos realmente a comparar instalaciones.

Cinco señales que me harían pedir más explicaciones

No todas implican necesariamente una mala oferta, pero sí justifican detenerse.

La primera sería una producción extraordinariamente elevada sin explicar orientación, pérdidas o metodología. La segunda, un ahorro espectacular sin distinguir autoconsumo directo y excedentes. La tercera, una batería cuyo único dato relevante sea su capacidad en kWh.

También pediría aclaraciones si se promete electricidad durante apagones sin describir la función de respaldo y si resulta imposible averiguar qué equipos concretos se instalarán.

Hay una sexta señal aún más sencilla: que una pregunta técnica razonable reciba siempre como respuesta «no te preocupes, eso está incluido».

Una buena explicación no necesita ser complicada.

Infografía sobre los elementos que debe detallar un presupuesto solar: equipos, protecciones, garantías, estructura, legalización y servicio posventa.

El presupuesto más barato puede ser el mejor, pero primero tiene que demostrarlo

No existe ninguna razón para desconfiar de una oferta por el simple hecho de ser barata.

Una empresa eficiente, una instalación sencilla o una propuesta perfectamente ajustada a nuestras necesidades pueden producir un precio muy competitivo.

Lo que no deberíamos hacer es conceder ventaja al precio antes de normalizar el contenido.

Una vez comprobado que las propuestas ofrecen prestaciones equivalentes, que las previsiones están construidas con hipótesis razonables y que conocemos qué incluye cada una, el precio vuelve a ocupar el lugar que le corresponde: un criterio muy importante de decisión.

Pero ya no es el único.

Comparar presupuestos solares es comparar hipótesis

Después de siete entregas de esta serie, podemos observar una idea común detrás de casi todas las decisiones.

Una instalación fotovoltaica no puede juzgarse únicamente por sus componentes.

Hay que relacionar el consumo con la producción, la potencia instalada con el perfil horario, los excedentes con su valoración económica, la batería con el uso que realmente tendrá y el respaldo con la arquitectura eléctrica necesaria.

Por eso comparar presupuestos solares consiste, en buena medida, en comparar las hipótesis que cada empresa ha utilizado para construir su propuesta.

Si esas hipótesis están claras, podemos discutirlas.

Si están ocultas, solo podemos creerlas.

Y una inversión de varios miles de euros merece algo más que un acto de fe.

Puedes seguir el recorrido completo de la serie en la Guía de autoconsumo de josereflexiona.es.

En la próxima entrega daremos el siguiente paso lógico. Una vez que sabemos comparar técnicamente las ofertas, tendremos que responder a la pregunta que probablemente más pesa en la decisión final:

¿en cuántos años se amortizan realmente unas placas solares?

Y veremos que incluso una cifra aparentemente tan sencilla como «siete años» depende de muchas más hipótesis de las que suele parecer.

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