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Cuántas placas solares necesito: cómo dimensionarlas bien

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Propietarios analizando con un técnico la ubicación y el número de paneles solares adecuados para una vivienda antes de dimensionar la instalación.

¿Cuántas placas solares necesito? El error de llenar todo el tejado

Autoconsumo con criterio · 3/16
Antes de instalar, entender.

En la segunda entrega de esta serie vimos que conocer el consumo anual de una vivienda no basta para diseñar correctamente una instalación fotovoltaica. Dos hogares pueden consumir exactamente la misma energía a lo largo del año y, sin embargo, utilizarla en horarios muy distintos. Esa diferencia condiciona cuánto pueden aprovechar directamente de sus paneles.

Ahora sí podemos abordar una de las preguntas más habituales: ¿cuántas placas solares necesito?

La pregunta parece lógica, pero empieza por el lugar equivocado. Saber cuántos paneles caben en una cubierta puede ser útil, pero saber cuántos tienen realmente sentido es bastante más importante.

No hablamos solo de número de paneles, sino de potencia

Cuando alguien dice que va a instalar seis, ocho o doce placas está dando una información incompleta. Dos instalaciones con el mismo número de módulos pueden tener potencias diferentes si esos paneles no son iguales.

Por eso conviene pensar primero en potencia fotovoltaica instalada, normalmente expresada en kilovatios pico, kWp. Si utilizamos módulos de 450 Wp, por ejemplo, diez paneles representarían una potencia instalada de 4,5 kWp.

Pero ni siquiera esa cifra nos dice por sí sola si la instalación está bien dimensionada. Para saberlo necesitamos relacionar cuánto puede producir esa potencia en nuestra ubicación, cuándo produce y cuánto de esa energía coincide con nuestro consumo.

Ahí empieza realmente el dimensionamiento.

Infografía sobre dimensionamiento solar residencial que relaciona la curva de consumo de la vivienda con la producción fotovoltaica y los consumos presentes y futuros.

Cuánto puede producir una instalación

Un mismo kWp no genera la misma energía en cualquier lugar. La producción depende del recurso solar disponible, de la orientación e inclinación de los módulos, de la temperatura, de las pérdidas del sistema y de las características concretas de la cubierta.

En Canarias partimos de un recurso solar especialmente favorable, pero eso no elimina la necesidad de hacer cálculos. Al contrario: cuanto mayor es el potencial de producción, más importante resulta saber si esa energía va a coincidir con nuestros consumos o terminará convirtiéndose en excedente.

Una herramienta pública muy útil para hacer estimaciones es PVGIS, desarrollada por el Joint Research Centre de la Comisión Europea. Permite simular la producción fotovoltaica de una localización concreta teniendo en cuenta potencia, orientación, inclinación y otros parámetros.

PVGIS resulta extraordinariamente útil, pero no sustituye el análisis real de la vivienda. Puede estimar bien el recurso solar y la producción esperada, pero no sabe que una chimenea proyecta sombra sobre dos módulos a determinadas horas, ni que dentro de dos años compraremos un coche eléctrico, ni que nuestra casa concentra buena parte del consumo por la noche.

Las herramientas de cálculo ayudan a decidir, pero necesitan datos reales y contexto.

Orientación e inclinación: producir más no siempre significa aprovechar mejor

La orientación sur suele asociarse con una elevada producción anual en el hemisferio norte, pero maximizar la generación total no es necesariamente lo mismo que optimizar el autoconsumo.

Una cubierta orientada al este puede concentrar una mayor proporción de su producción durante la mañana. Otra orientada al oeste desplazará parte de la generación hacia horas más tardías. Una configuración este-oeste puede repartir la producción durante más horas, aunque el pico central sea menor.

Por eso no deberíamos preguntarnos únicamente qué orientación produce más electricidad durante el año. También debemos preguntarnos qué orientación produce cuando nuestra vivienda necesita esa electricidad.

Lo mismo ocurre con las sombras. Chimeneas, petos, antenas, árboles o edificios cercanos pueden reducir el rendimiento de determinadas zonas de la cubierta. Un tejado grande no equivale automáticamente a una gran superficie fotovoltaica útil.

El consumo sigue mandando

Volvamos al ejemplo de las dos viviendas de la entrada anterior.

Ambas consumen 5.000 kWh al año. La primera mantiene una demanda significativa durante las horas solares: teletrabajo, cocina al mediodía, bomba de piscina y electrodomésticos programados durante el día. La segunda permanece prácticamente vacía hasta última hora de la tarde y concentra gran parte de su consumo entre las siete y las once de la noche.

Aunque ambas tengan la misma cubierta y el mismo consumo anual, una misma instalación fotovoltaica no tendría necesariamente el mismo resultado.

La primera vivienda puede aprovechar directamente una proporción mayor de la generación. La segunda tenderá a producir más excedentes durante las horas centrales y seguirá necesitando bastante energía de la red al caer la tarde.

La diferencia no está en el panel. Está en la coincidencia entre producción y consumo.

Por eso el análisis del consumo eléctrico de la vivienda no era una etapa secundaria. Era el paso necesario antes de empezar a hablar de potencia fotovoltaica.

Infografía que muestra cómo orientación, inclinación, sombras y superficie útil de la cubierta condicionan el número de paneles solares y la producción estimada.

Producir más no significa ahorrar proporcionalmente más

Si aumentamos la potencia instalada, produciremos más energía. Eso es evidente. Lo que ya no resulta tan evidente es que cada nuevo panel aporte el mismo valor económico que el anterior.

Los primeros módulos pueden sustituir directamente una parte importante de la electricidad que habríamos comprado a la red. A medida que aumentamos la potencia, puede llegar un momento en que una parte creciente de la nueva producción aparezca justo cuando nuestra demanda ya está cubierta. Entonces aumentarán los excedentes.

El Real Decreto 244/2019, en su texto consolidado, distingue precisamente entre autoconsumo sin excedentes y autoconsumo con excedentes. Pero para esta entrada basta con comprender una idea: un kilovatio hora adicional producido no tiene necesariamente el mismo valor económico según dónde termine.

Si lo consumimos directamente, evitamos comprarlo. Si lo exportamos, su tratamiento económico será distinto. Eso será precisamente el objeto de la siguiente entrega.

Ni sobredimensionar ni quedarse corto

De lo anterior no se deduce que una instalación grande sea necesariamente una mala decisión.

Puede tener sentido instalar más potencia si sabemos que el consumo crecerá próximamente por la incorporación de un vehículo eléctrico, una bomba de calor, climatización adicional o nuevos usos eléctricos. También puede ser razonable si podemos desplazar determinados consumos hacia las horas solares o si existe una estrategia clara para aprovechar los excedentes.

El error no está en sobredimensionar. Está en hacerlo sin saber por qué.

También puede ocurrir lo contrario. Dimensionar exclusivamente con el consumo histórico puede dejarnos cortos si sabemos que nuestra vivienda va a electrificarse más durante los próximos años.

Los datos pasados son el punto de partida, no una profecía. La instalación debe responder a una situación razonablemente previsible.

Autoconsumo y autosuficiencia no significan lo mismo

Hay dos indicadores que suelen confundirse.

Por un lado podemos medir qué porcentaje de la energía que producen nuestros paneles utilizamos directamente en casa. Eso nos aproxima al grado de autoconsumo de nuestra generación.

Por otro, podemos medir qué porcentaje de toda la electricidad consumida por la vivienda conseguimos cubrir con nuestra instalación. Eso nos aproxima al grado de autosuficiencia.

No son lo mismo.

Una instalación pequeña puede autoconsumir casi toda su producción, pero cubrir solo una parte reducida del consumo anual. Una instalación mayor puede cubrir una fracción más alta de la demanda total, pero generar también bastantes excedentes.

No existe, por tanto, un porcentaje universal que determine cuál es la instalación correcta. Dependerá de nuestros objetivos y de cómo utilicemos la electricidad.

Cómo dimensionar con criterio

Sin convertir esta entrada en un proyecto técnico, el razonamiento debería seguir un orden bastante claro.

Primero, conocer el consumo anual y su evolución durante un periodo suficientemente representativo. Después, analizar la curva horaria para comprobar cuánto consumo coincide con las horas solares.

A continuación conviene identificar cambios futuros previsibles, estudiar la cubierta —superficie útil, orientación, inclinación y sombras reales— y simular distintas potencias fotovoltaicas. Herramientas como PVGIS permiten comparar diferentes configuraciones antes de tomar una decisión.

El último paso es observar qué ocurre cuando aumentamos progresivamente la potencia instalada: cuánto crece el consumo directo de energía solar y cuánto aumentan los excedentes.

Solo entonces tiene verdadero sentido convertir una determinada potencia en un número concreto de módulos.

La pregunta deja de ser «¿cuántas placas caben?» y pasa a ser «¿qué potencia necesito y cuántos módulos hacen falta para conseguirla?»

Infografía que compara una instalación fotovoltaica bien dimensionada con otra sobredimensionada, mostrando diferencias entre autoconsumo directo, producción y excedentes.

El tejado es una condición física, no el objetivo

Esta es probablemente la idea más importante de esta tercera entrega.

La cubierta nos impone unas condiciones: dimensiones, orientación, inclinación, sombras, resistencia estructural y superficie disponible. Pero aprovechar toda esa superficie no debería convertirse automáticamente en la meta.

El objetivo debe surgir de la relación entre nuestro consumo, la producción esperada y el uso que podamos hacer de esa energía.

En algunas viviendas tendrá sentido ocupar prácticamente toda la cubierta. En otras, una instalación más contenida puede resultar más coherente con el consumo y la inversión.

Dimensionar no consiste en llenar un espacio. Consiste en encontrar un equilibrio.

La siguiente pregunta está en la energía que sobra

Hasta ahora hemos seguido un recorrido deliberado.

Primero entendimos cómo funciona realmente el autoconsumo solar. Después aprendimos a leer el consumo eléctrico de nuestra vivienda. Y ahora hemos relacionado ese consumo con la potencia fotovoltaica que puede tener sentido instalar.

La siguiente pregunta aparece sola: ¿qué sucede cuando nuestros paneles producen más electricidad de la que estamos utilizando?

¿Se pierde? ¿La vertimos a la red? ¿Se compensa? ¿Vale económicamente lo mismo que la energía que dejamos de comprar?

Eso lo veremos en la cuarta entrega de Autoconsumo con criterio, dedicada a los excedentes solares.

Porque decidir cuántas placas solares necesitamos exige comprender también qué ocurre con la energía que no utilizamos directamente.

Puedes seguir toda la serie desde la Guía de autoconsumo.

Antes de instalar, entender.

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