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La batería solar que quizá no necesitas

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Vivienda con paneles y acumulador doméstico mientras un usuario consulta en una tableta el funcionamiento del sistema de autoconsumo.

La batería solar que quizá no necesitas

Autoconsumo con criterio · 5/16
Antes de instalar, entender.

Una batería solar parece la compañera natural de cualquier instalación fotovoltaica. Durante el día producimos electricidad, guardamos la que sobra y la utilizamos cuando ya no hay sol. La idea es tan intuitiva que resulta fácil dar un paso más y concluir que una instalación con batería siempre será mejor que otra sin ella.

No necesariamente.

En la entrega anterior vimos qué ocurre con los excedentes solares y por qué un kilovatio hora autoconsumido directamente y otro enviado a la red pueden tener un valor económico diferente. La batería introduce una tercera posibilidad: conservar parte de esa electricidad para utilizarla unas horas después.

Eso puede aumentar mucho el aprovechamiento de nuestra generación fotovoltaica. Pero almacenar electricidad también cuesta dinero, introduce pérdidas y añade un equipo que envejece con el tiempo. Por eso la pregunta interesante no es si las baterías son buenas. Lo son. La pregunta es otra: ¿necesita realmente una batería nuestra vivienda?

Qué hace realmente una batería solar

El funcionamiento básico es sencillo. Cuando los paneles producen más electricidad de la que la vivienda necesita, parte del excedente puede utilizarse para cargar la batería en lugar de salir hacia la red. Posteriormente, cuando la producción fotovoltaica ya no cubre la demanda, esa energía almacenada puede volver a alimentar los consumos domésticos.

El propio IDAE contempla el almacenamiento como uno de los elementos que pueden incorporarse a una instalación de autoconsumo y señala expresamente que la energía excedentaria puede almacenarse para utilizarla posteriormente. (Idae)

La batería solar, por tanto, desplaza energía en el tiempo. No genera electricidad y tampoco aumenta la producción de nuestros paneles. Lo que hace es permitir que una parte de la energía producida al mediodía pueda utilizarse, por ejemplo, durante la tarde o la noche.

Y esa diferencia es importante, porque obliga a empezar el análisis donde hemos empezado todas las entregas anteriores: en nuestro consumo real.

Infografía sobre el funcionamiento de una batería solar, mostrando producción fotovoltaica, autoconsumo directo, carga durante el día y descarga por la noche.

Antes de hablar de baterías hay que saber cuántos excedentes tenemos

Supongamos que una vivienda produce numerosos excedentes durante las horas centrales del día y consume bastante electricidad después de ponerse el sol. En principio, parece una buena candidata para estudiar almacenamiento.

Ahora imaginemos otra vivienda con una instalación bien ajustada y un consumo importante durante las propias horas solares. Gran parte de la electricidad producida ya se está aprovechando directamente y los excedentes son relativamente pequeños.

Instalar la misma batería solar en ambas viviendas tendría poco sentido.

Por eso resulta especialmente importante haber seguido el orden de esta serie. Primero aprendimos a interpretar el consumo eléctrico de la vivienda; después analizamos cuántas placas solares pueden tener sentido y finalmente vimos qué ocurre con la electricidad sobrante.

La batería no debería dimensionarse a partir del tamaño del tejado ni de la potencia fotovoltaica instalada. Hay que estudiar cuánta energía sobra realmente, cuándo sobra y cuándo podremos utilizarla después.

Capacidad y potencia: dos cifras que no debemos confundir

Al hablar de una batería aparecen nuevamente dos magnitudes diferentes.

La capacidad, expresada normalmente en kWh, nos indica aproximadamente cuánta energía puede almacenar. Una batería de 10 kWh tiene, simplificando, el doble de capacidad energética que otra de 5 kWh.

La potencia, expresada en kW, indica en cambio la rapidez con la que puede entregar o recibir esa energía. Dos baterías con la misma capacidad pueden tener potencias máximas diferentes y comportarse de manera distinta cuando conectamos simultáneamente varios equipos.

También debemos distinguir entre capacidad nominal y capacidad realmente utilizable. El sistema de gestión de la batería suele limitar determinados extremos de carga y descarga para proteger las celdas y prolongar su vida.

Por eso elegir una batería mirando únicamente una cifra de kWh es tan insuficiente como elegir una instalación fotovoltaica mirando solamente el número de paneles.

Comparación entre dos viviendas con diferentes perfiles de consumo para mostrar por qué una batería solar no tiene el mismo valor en todos los hogares.

La electricidad almacenada no vuelve íntegramente

Existe otra diferencia frente al autoconsumo directo: almacenar y recuperar electricidad implica pérdidas.

Durante la carga, el almacenamiento y la posterior descarga intervienen la propia batería, la electrónica de potencia y otros elementos del sistema. Como consecuencia, la energía que recuperamos es menor que la que utilizamos inicialmente para cargarla.

El National Renewable Energy Laboratory estadounidense utiliza, por ejemplo, una eficiencia de ida y vuelta del 85 % como valor representativo en su evaluación tecnológica de almacenamiento residencial. No significa que todas las baterías domésticas tengan exactamente esa eficiencia, sino que ilustra una realidad física que no debemos olvidar: el almacenamiento no es un proceso sin pérdidas. (ATB)

Si almacenamos energía solar que podríamos haber compensado como excedente, la comparación económica debe considerar precisamente esa diferencia. Estamos renunciando al valor que habríamos obtenido al enviarla a la red para intentar evitar posteriormente la compra de otra cantidad de energía, algo menor por las pérdidas del proceso.

Ahí empieza el cálculo realmente interesante.

El verdadero valor de una batería está en la diferencia de precios

Pensemos en un ejemplo puramente ilustrativo.

Una vivienda produce durante el día un kWh excedentario. Puede enviarlo a la red y recibir por él la compensación establecida en su contrato. O puede almacenarlo, asumir las pérdidas correspondientes y utilizar posteriormente la energía recuperada para evitar comprar electricidad durante la noche.

Por tanto, el beneficio económico de la batería no es el precio completo de toda la electricidad que descarga.

Para conocer el ahorro adicional debemos comparar, de forma simplificada:

valor de la energía que dejamos de comprar – valor del excedente al que renunciamos – pérdidas del almacenamiento.

Y todavía falta algo fundamental: recuperar mediante ese ahorro el coste de comprar e instalar la batería.

Este razonamiento explica por qué una batería puede mejorar claramente la autosuficiencia energética de una vivienda y, sin embargo, tardar bastante más en amortizarse que los propios paneles.

Infografía con los principales factores para saber si una batería solar compensa: excedentes, consumo nocturno, pérdidas, degradación, coste y ahorro adicional.

Más autoconsumo y más autosuficiencia no significan necesariamente más rentabilidad

Una batería bien dimensionada puede elevar notablemente la proporción de generación fotovoltaica que utilizamos nosotros mismos. También puede reducir la cantidad de electricidad que necesitamos importar de la red durante determinadas horas.

Ambos efectos son reales y pueden ser valiosos.

Pero debemos separar tres objetivos que no siempre coinciden: maximizar el autoconsumo, maximizar la autosuficiencia y maximizar la rentabilidad económica.

Una vivienda puede decidir que quiere depender menos de la red aunque el periodo de recuperación económica sea mayor. Es una decisión perfectamente legítima. Otra puede buscar exclusivamente la máxima rentabilidad de su inversión y descubrir que, con sus consumos y su contrato eléctrico, resulta mejor instalar inicialmente solo los paneles.

El error aparece cuando tratamos una preferencia como si fuese una verdad técnica universal.

Las baterías también envejecen

Una batería no mantiene indefinidamente la misma capacidad con la que salió de fábrica. Su utilización y el propio paso del tiempo provocan degradación.

La profundidad de las descargas, la frecuencia de utilización, las temperaturas de trabajo, la química de las celdas y la estrategia del sistema de gestión influyen en esa evolución. Los análisis técnicos del Departamento de Energía estadounidense muestran precisamente que la vida en ciclos cambia de forma importante según la profundidad de descarga utilizada. (The Department of Energy’s Energy.gov)

Por eso me parece poco útil preguntar simplemente: «¿Cuántos ciclos dura esta batería?».

Cuando comparemos productos deberíamos mirar, entre otras cuestiones, la garantía en años, la energía total garantizada o throughput cuando se especifique, la capacidad mínima garantizada al final del periodo, las condiciones de funcionamiento exigidas y las exclusiones del fabricante.

La degradación no convierte una batería en una mala tecnología. Simplemente forma parte de su economía y debe incorporarse a los cálculos.

La tecnología está avanzando muy deprisa

El almacenamiento electroquímico ha experimentado una evolución extraordinaria durante los últimos años. La Agencia Internacional de la Energía señala que en 2025 se instalaron mundialmente 108 GW de nueva capacidad de almacenamiento con baterías, un 40 % más que el año anterior.

Además, las baterías de litio-ferrofosfato, LFP, representan ya alrededor del 90 % de los nuevos despliegues de almacenamiento. Esta química ha ganado terreno por su coste, su comportamiento frente a ciclos frecuentes y otras características particularmente interesantes para aplicaciones estacionarias. (IEA)

Esto tiene una consecuencia práctica: cualquier afirmación tajante sobre precios, tecnologías o rentabilidades envejece rápidamente.

Por esa misma razón no considero sensato dar aquí un supuesto «precio medio por kWh de batería doméstica» como si sirviera para cualquier instalación. El coste final depende de la capacidad, la potencia, la integración con el inversor existente, la instalación eléctrica, las protecciones, el sistema de gestión y las condiciones concretas de cada vivienda.

Lo importante es aprender qué comparar.

¿Cuándo empieza a tener sentido estudiar seriamente una batería?

Hay determinadas situaciones que justifican analizarla con especial atención. Una de las más evidentes aparece cuando existe una cantidad importante y recurrente de excedentes durante el día y, al mismo tiempo, un consumo significativo durante la tarde y la noche.

También puede resultar interesante cuando podemos aprovechar diferencias importantes entre el valor de los excedentes y el coste de comprar electricidad posteriormente, cuando buscamos aumentar conscientemente nuestra autosuficiencia o cuando deseamos disponer de determinadas funciones adicionales.

Pero incluso en esos casos el tamaño importa.

Una batería demasiado grande puede pasar buena parte del año sin cargarse completamente. Otra demasiado pequeña puede completar rápidamente su carga y seguir dejando numerosos excedentes sin almacenar.

Igual que ocurría con los paneles, más capacidad no significa automáticamente una solución mejor.

Comparación entre una batería solar sin sistema de respaldo y una instalación preparada para mantener cargas esenciales durante un apagón.

Y entonces llega el apagón

Este es probablemente el punto donde existe más confusión.

Tener una batería no significa automáticamente disponer de electricidad durante un apagón.

Para alimentar una vivienda cuando desaparece la red exterior necesitamos que la instalación esté específicamente diseñada para ello: inversor con las funciones adecuadas, sistema de separación de la red, control y protecciones, y una configuración capaz de trabajar temporalmente de forma aislada.

Una batería convencional integrada únicamente para desplazar energía puede dejar de alimentar los consumos durante un fallo de red si el resto del sistema no está preparado para funcionar como respaldo.

El Real Decreto 244/2019 permite incorporar elementos de almacenamiento a las instalaciones de autoconsumo, sometidos a las protecciones y requisitos técnicos aplicables. (BOE)

Pero almacenamiento y respaldo son conceptos distintos.

No voy a desarrollar ahora esta cuestión porque merece una entrada completa. Será precisamente la siguiente.

La batería solar debe resolver un problema que realmente exista

Después de cinco entregas empieza a aparecer un patrón.

No hemos elegido el número de paneles antes de conocer el consumo. Tampoco hemos juzgado los excedentes antes de entender cuándo se producen. Y ahora no deberíamos comprar una batería solar simplemente porque complete visualmente una instalación fotovoltaica.

Primero necesitamos saber cuántos excedentes tenemos. Después, cuándo podríamos utilizar esa energía. Debemos conocer la capacidad y la potencia necesarias, estimar las pérdidas, incorporar la degradación y calcular cuánto ahorro adicional conseguiremos frente a la alternativa de compensar esos excedentes.

Puede ocurrir que las cifras justifiquen perfectamente la batería.

Y también puede ocurrir que descubramos algo bastante menos espectacular, pero económicamente mucho más interesante: que por ahora nuestra instalación funciona mejor sin ella.

Ese es precisamente el propósito de Autoconsumo con criterio. No decir que una tecnología es buena o mala, sino entender cuándo tiene sentido utilizarla.

En la próxima entrega afrontaremos una pregunta que suele aparecer inmediatamente después: ¿funcionan las placas solares durante un apagón?

Y entonces veremos por qué tener paneles, disponer de una batería y contar con un verdadero sistema de respaldo son tres cosas relacionadas, pero no equivalentes.

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