En mis años de trabajo en los sistemas eléctricos de Canarias, he visto de primera mano que la viabilidad técnica de un proyecto es solo una parte de la ecuación. Sin la licencia social, sin la aceptación de la comunidad, los proyectos más necesarios pueden encallar en conflictos y retrasos. El rechazo no es un obstáculo a derribar, sino una señal de que debemos cambiar el enfoque.
Para que la transición energética sea un éxito, es imprescindible que sea justa y que integre a la ciudadanía. A continuación, detallo una serie de medidas fundamentales, basadas en el análisis proporcionado, para mitigar el conflicto y asegurar que los beneficios de las renovables se sientan en el territorio.
Democracia Energética: Participación y Reparto Justo de Beneficios
El pilar para evitar el rechazo es convertir a los habitantes del territorio en protagonistas activos de la transición.
- Participación ciudadana real y vinculante: Es fundamental impulsar la participación de los vecinos y las administraciones locales desde la fase inicial de cualquier proyecto, permitiendo que sean parte activa en la toma de decisiones.
- Reparto justo de beneficios: La participación también debe ser económica. Se deben facilitar plataformas de coinversión y la creación de comunidades energéticas para que la población pueda beneficiarse directamente de los rendimientos. Esto debe complementarse con mecanismos que aseguren un retorno económico tangible en los municipios, como bonificaciones en la factura eléctrica, inversión en infraestructuras locales y la promoción del empleo.
Planificación, Transparencia y Diálogo
La confianza es la base de cualquier acuerdo, y se construye con información y diálogo honesto.
- Comunicación transparente y temprana: Se debe garantizar que la información sobre los proyectos sea pública, comprensible y accesible para todos los ciudadanos antes de su inicio, explicando tanto los beneficios globales como los efectos e incentivos locales.
- Planificación territorial integrada: Es crucial que las administraciones integren la planificación de las renovables con la ordenación del territorio, priorizando la protección de la biodiversidad, los paisajes y los usos agrícolas. Esto es clave para evitar la percepción de que existen «zonas de sacrificio».
- Diálogo sectorial: Se debe establecer un diálogo directo con los sectores más afectados, como el agrario o el pesquero, para alcanzar acuerdos, establecer compensaciones y promover medidas de coexistencia, como el turismo energético.
Fomento de Modelos Descentralizados
Una de las vías más efectivas para la apropiación social de la energía limpia es democratizar su producción.
- Incentivar el autoconsumo y las comunidades energéticas: Las administraciones deben facilitar y eliminar las barreras administrativas y financieras para el autoconsumo colectivo y la creación de comunidades energéticas locales. Dotar a la ciudadanía de herramientas para que produzcan y gestionen su propia energía es fundamental para una mayor aceptación.
Marco Regulatorio y Buenas Prácticas
Las reglas del juego deben favorecer los proyectos que mejor se integran en el territorio y la sociedad.
- Mejoras regulatorias: Es necesario simplificar los trámites para la inversión ciudadana y la participación local. Se debe priorizar, mediante vías administrativas más rápidas, a aquellos proyectos que demuestren una excelencia ambiental y social, dando más peso a esta última variable en el proceso de autorización.
- Vigilancia de buenas prácticas: Se deben establecer estándares claros de transparencia y supervisar y sancionar las malas prácticas, como la fragmentación injustificada de proyectos para eludir controles más estrictos o la ausencia de procesos participativos reales.
Educación y Cultura Energética
Finalmente, una apuesta a largo plazo para asegurar el éxito de la transición es la pedagogía.
- Educación y concienciación: Es importante incluir la transición energética y el funcionamiento de las renovables en los planes educativos locales y en campañas de sensibilización. Promover una cultura energética en escuelas y asociaciones vecinales construye una base social informada y participativa.
En definitiva, la clave reside en un cambio de paradigma: pasar de diseñar proyectos «para el territorio» a hacerlo «con el territorio». Estas medidas, aplicadas de forma integral, no son un freno, sino un acelerador. Construyen la confianza y la legitimidad social que son indispensables para que la descarbonización de nuestro sistema energético sea, además de rápida, justa y duradera.
















