La opacidad de Feijóo: el piso de El Viso y la doble vara que protege a los propios
Hay preguntas que en España bastan para abrir telediarios, llenar tertulias, alimentar durante semanas las redes sociales y convertir una sospecha en una condena moral. Y hay otras que parecen necesitar escritura pública, confesión notarial y sentencia firme antes siquiera de merecer atención. La opacidad de Feijóo alrededor de la vivienda en la que reside en Madrid pertenece, de momento, a esta segunda categoría.
Conviene precisar desde el principio lo que sabemos y lo que no. No existe prueba pública de que Alberto Núñez Feijóo viva gratis, de que un banco le pague la vivienda, de que el propietario le conceda un trato irregular o de que el Partido Popular esté sufragando clandestinamente su alquiler. Afirmarlo sería irresponsable.
Pero tampoco sabemos cuánto paga por la casa, cuáles son exactamente las condiciones del arrendamiento, cuánto le abona actualmente el PP en concepto de gastos de representación ni si esas cantidades tienen alguna relación, directa o indirecta, con los gastos de vivienda.
Y eso, tratándose del jefe de la oposición que lleva años impartiendo lecciones de transparencia al resto de España, no es una cuestión privada menor.
Es una cuestión política.
Un piso de 244 metros que lleva años generando preguntas
Feijóo reside en una vivienda de 244,57 metros cuadrados situada en El Viso, una de las zonas residenciales más caras de Madrid. Según la investigación publicada por infoLibre, el inmueble incluye trastero y dos plazas de garaje y pertenece a un alto directivo bancario. Una tasación de 2018 situaba su valor en 1,32 millones de euros.
Nada de esto implica irregularidad alguna.
Lo peculiar es que Feijóo ya posee una vivienda en Madrid. Su declaración oficial de bienes presentada en el Congreso en agosto de 2023 recoge una vivienda adquirida en Madrid en 2001, además de otra en Vigo, una vivienda adquirida en A Coruña en agosto de 2023, plazas de garaje y una finca rústica en Ames.
Según infoLibre, en aquel piso madrileño residía un antiguo alto cargo del PP cercano a Mariano Rajoy. Feijóo, mientras tanto, optó por instalarse de alquiler en El Viso. (infoLibre)
Puede hacerlo. Por supuesto.
La pregunta nunca ha sido si tiene derecho a vivir allí. La pregunta es quién soporta finalmente el coste y en qué condiciones.
La opacidad de Feijóo empieza con sus propios ingresos
Aquí entramos en algo mucho menos privado.
La declaración presentada por Feijóo ante el Congreso refleja que en 2022 percibió 39.260 euros del Partido Popular bajo el concepto de “gastos de representación”. También declaró 5.584,40 euros como rendimientos de bienes inmuebles. Son datos oficiales, no una interpretación periodística.
Posteriormente, el PP explicó que la cantidad anual completa correspondiente a aquellos gastos de representación ascendía a 52.346 euros. El propio Feijóo vinculó entonces esas cantidades con los gastos que le ocasionaba su residencia en Madrid. (infoLibre)
Llegamos ahora a 2026.
Cuando Pedro Sánchez le preguntó en el Congreso cuánto pagaba él o su partido por la vivienda de El Viso, Feijóo respondió que el alquiler lo pagan él y su pareja. El Partido Popular confirmó posteriormente a Público que continúa abonándole gastos de representación y que Feijóo tributa por ellos. (elDiario.es)
Pero hay un pequeño detalle.
El PP no ha querido decir cuánto le paga actualmente.
Tampoco ha aclarado si alguna parte de esos gastos está vinculada a la vivienda.
Eso es exactamente la opacidad de Feijóo que merece ser discutida.
Cuando quien exige la declaración de otro no enseña sus propias cuentas
El episodio parlamentario del pasado 24 de junio tiene una ironía difícil de mejorar.
Fue Feijóo quien preguntó a Pedro Sánchez si había presentado su declaración de la renta. Sánchez respondió proponiendo que ambos hicieran públicas sus declaraciones y añadió la pregunta sobre el alquiler de El Viso. Feijóo contestó después que su vivienda la pagan él y su pareja, pero no aportó públicamente contrato, recibo, transferencia ni cantidad mensual. (infobae)
No está obligado a publicar cada movimiento de su cuenta corriente.
Pero entonces tampoco puede pretender ocupar permanentemente el pedestal del fiscal moral de los demás mientras considera impertinente que se le apliquen sus propias exigencias.
Ahí está la cuestión.
La transparencia no puede consistir en exigir documentos al adversario y ofrecer palabras cuando llega el turno propio.
Si una explicación verbal es suficiente para Feijóo, debería serlo también para Sánchez, para Yolanda Díaz, para cualquier ministro socialista o para la familia de cualquier dirigente progresista.
Y si no lo es para ellos, tampoco debería serlo para él.
No existe una transparencia de derechas y otra de izquierdas.

Imaginen que el protagonista fuera Pedro Sánchez
Hagamos un ejercicio sencillo.
Imaginen que Pedro Sánchez viviera desde hace cuatro años en un piso de 244 metros situado en uno de los barrios más exclusivos de España.
Imaginen que el propietario fuese un importante directivo bancario.
Piensen que Sánchez tuviera al mismo tiempo una vivienda propia en Madrid.
Imaginen además que el PSOE le pagase decenas de miles de euros anuales bajo un concepto genérico de gastos de representación y que, cuando los periodistas preguntaran cuánto recibe actualmente y qué gastos cubren esas cantidades, Ferraz respondiera que eso no se va a explicar.
¿Alguien cree seriamente que la respuesta pública sería la misma?
No hace falta responder.
Ya conocemos suficientemente nuestro ecosistema político y mediático.
En josereflexiona.es lo hemos analizado al hablar de la doble vara en el Estado de derecho, del tratamiento de las sospechas judiciales en el caso Zapatero o de la forma en que determinados relatos consiguen dominar la conversación pública.
La opacidad de Feijóo es interesante precisamente porque permite colocar el espejo delante del sistema.
No existe un silencio mediático absoluto. Existe algo más sutil
Sería falso afirmar que nadie ha informado del asunto.
Lo han hecho infoLibre, Público, elDiario.es, El País, la Cadena SER, Europa Press y otros medios. Incluso ha habido discusión televisiva y circulación de contenidos en redes. (Diario Público)
Por eso la crítica debe ser más precisa.
El problema no es una conspiración mediante la cual alguien haya prohibido hablar del piso de Feijóo. El problema es la diferente temperatura de la indignación.
Hay asuntos que inmediatamente se convierten en “escándalo”, “trama”, “cerco”, “caso” o “corrupción”, aunque todavía estén en fase de investigación. Otros permanecen durante años en el confortable territorio de las “dudas”, incluso cuando bastaría enseñar un documento para despejarlas.
Ya advertí de esta dinámica al analizar la llamada caverna mediática española y, desde otra perspectiva, en el Informe Digital News 2026: cada vez más ciudadanos reciben la actualidad a través de ecosistemas donde información, identidad política, comentario y viralidad se mezclan constantemente.

Los influencers y la indignación a la carta
Las redes han añadido una nueva figura al viejo problema: el comunicador que ya no necesita demostrar demasiado porque su producto no es la información, sino la indignación.
Conviene ser rigurosos también aquí. No dispongo de un análisis cuantitativo que permita afirmar que todos los influencers conservadores hayan silenciado el asunto de El Viso. Sería absurdo meter a miles de personas en el mismo saco.
Pero sí podemos exigir coherencia.
Quienes escrutan cada propiedad, cada relación familiar, cada fotografía y cada rumor que pueda perjudicar a un dirigente progresista deberían mostrar idéntica curiosidad ante la opacidad de Feijóo.
Quienes reclaman facturas deberían pedir facturas.
Los que exigen contratos deberían querer ver contratos.
Quienes consideran sospechosa cualquier relación económica indirecta alrededor de un político deberían preguntarse también por qué el presidente del principal partido de la oposición recibe unas cantidades privadas de su formación cuyo importe actual la propia organización se niega a revelar públicamente. (Diario Público)
De lo contrario, no estamos ante periodistas ciudadanos ni vigilantes del poder.
Estamos ante militantes de una causa utilizando la transparencia como arma contra el contrario.
Y eso es otra cosa.
También la sociedad selecciona aquello que quiere creer
La doble vara no pertenece únicamente a periodistas, partidos o influencers.
Nosotros también participamos de ella.
Demasiadas veces juzgamos la gravedad de una información después de conocer las siglas del protagonista. Si pertenece al adversario, pedimos explicaciones, investigación y dimisiones. Si pertenece a nuestro espacio ideológico, solicitamos prudencia, contexto y presunción de inocencia.
Debería funcionar exactamente al revés: el principio tiene que decidirse antes de saber el nombre del afectado.
Por eso defendí algo parecido al analizar el ático de Chamberí y la opacidad alrededor del poder madrileño. No porque una vivienda cara constituya en sí misma un escándalo, sino porque las relaciones entre patrimonio, dinero, poder y decisiones públicas exigen una explicación especialmente limpia.
La democracia pierde calidad cuando cada bloque desarrolla su propio código moral.
Y entonces la corrupción deja de ser algo que combatimos para convertirse en algo que utilizamos.
Hay además una declaración patrimonial pendiente de ponerse al día
La última declaración pública de bienes y rentas de Feijóo localizada en el Congreso sigue siendo la presentada en agosto de 2023. La Ley Orgánica del Régimen Electoral General establece en su artículo 160 que diputados y senadores deben declarar actividades e intereses patrimoniales al adquirir o perder su condición y también cuando modifiquen sus circunstancias.
Hay, además, una cuestión posterior que necesitaría aclaración. Público informó en julio de 2026 de que la vivienda de A Coruña adquirida por Feijóo en agosto de 2023 y reflejada en su declaración ya no aparecía registralmente a su nombre. El periódico preguntó al PP si había sido vendida, pero no obtuvo respuesta. Esto no demuestra una venta ni una infracción; demuestra que existe otra pregunta pendiente. (Diario Público)
El PSOE llevó el asunto al Congreso. Una primera iniciativa encontró objeciones de los letrados porque la Cámara controla políticamente al Gobierno y no a los diputados individuales. Tras reformularla, la Mesa del Congreso aceptó el 23 de julio su tramitación, orientándola hacia una mayor transparencia patrimonial del jefe de la oposición. (Europa Press)
La opacidad de Feijóo, por tanto, ya no es únicamente una polémica periodística.
Ha llegado institucionalmente al Congreso.

Feijóo podría acabar con todo esto mañana
Y quizá esta sea la parte más incomprensible.
Feijóo podría terminar con buena parte de esta discusión con enorme facilidad.
No necesita revelar dónde está exactamente su dormitorio, divulgar datos personales de su hijo ni comprometer la seguridad de su familia. Esa excusa confunde deliberadamente privacidad con transparencia.
Bastaría explicar:
cuánto paga mensualmente por la vivienda;
que existe un contrato de arrendamiento ordinario;
qué cantidad recibe actualmente del Partido Popular;
qué cubren esos gastos de representación;
y actualizar, cuando corresponda legalmente, su declaración patrimonial.
Nada más.
Si todo es perfectamente normal —y puede serlo—, esas explicaciones deberían favorecer principalmente al propio Feijóo.
Lo sorprendente es precisamente la resistencia.
Porque quien pretende gobernar España no debería necesitar que la ciudadanía confíe ciegamente en su palabra cuando puede proporcionar información objetiva.
La confianza democrática no consiste en decir “créame”. Consiste en permitir comprobar.
La verdadera doble vara
No acuso a Alberto Núñez Feijóo de ningún delito relacionado con su vivienda porque no existe información pública suficiente para hacerlo.
Le acuso políticamente de algo distinto.
De querer ejercer como fiscal permanente de la vida pública española sin aceptar sobre sí mismo un grado equivalente de escrutinio.
Y acuso a una parte del ecosistema político y comunicativo de haber normalizado esa diferencia.
La opacidad de Feijóo importa no porque viva en El Viso. Puede vivir donde quiera y gastar su dinero como considere oportuno.
Importa porque España lleva demasiado tiempo acostumbrándose a un sistema perverso: la sospecha contra el adversario vale como prueba, mientras la duda sobre los propios exige sentencia firme; al adversario se le obliga a demostrar su inocencia y al aliado se le concede el beneficio de no tener siquiera que explicarse.
Eso destruye lentamente algo mucho más importante que la reputación de un político.
Destruye la existencia de una verdad pública compartida.
Y una democracia donde cada bando tiene sus propios hechos, sus propios jueces, sus propios periodistas, sus propios influencers y hasta sus propias reglas morales termina dejando de discutir sobre qué ocurrió.
Solo discute sobre a quién queremos perdonárselo.
















