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Autoconsumo con criterio: por qué empiezo esta serie

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Mujer analizando en casa gráficos eléctricos tridimensionales sobre autoconsumo, paneles fotovoltaicos, baterías y consumo energético.

Autoconsumo con criterio: por qué empiezo esta serie

A partir de esta entrada que estás leyendo tengo la intención de comenzar una serie dedicada al autoconsumo, las baterías, el autoconsumo colectivo y las comunidades energéticas.

La he llamado Autoconsumo con criterio porque ese es, precisamente, el enfoque que quiero darle: explicar estas cuestiones de una forma comprensible para quien no sea especialista, pero sin simplificarlas hasta el punto de perder aquello que realmente importa cuando llega el momento de tomar una decisión.

Durante las próximas semanas iremos recorriendo, paso a paso, algunas de las preguntas que cualquier persona debería plantearse antes de invertir varios miles de euros en una instalación fotovoltaica. Hablaremos de cuánto consumimos realmente, cuántas placas pueden tener sentido, qué ocurre con los excedentes, cuándo una batería puede resultar útil, cómo interpretar un presupuesto, qué significa una amortización razonable o qué diferencias existen entre un autoconsumo colectivo y una comunidad energética.

Todo ese recorrido quedará organizado además en una Guía de autoconsumo que irá creciendo a medida que publiquemos las distintas entregas, de manera que cualquier lector pueda empezar desde el principio o dirigirse directamente hacia la cuestión concreta que le interese.

Explicar sin convertir al lector en ingeniero

No pretendo que esta serie sea un manual para especialistas. Todo lo contrario. El objetivo es que una persona sin formación eléctrica pueda comprender suficientemente bien aquello que tiene delante como para hacerse las preguntas adecuadas antes de tomar una decisión.

El propio IDAE explica el autoconsumo partiendo de una idea bastante sencilla: producir electricidad renovable destinada al consumo propio, ya sea en una vivienda, un establecimiento o una comunidad de vecinos.

Detrás de esa definición aparentemente simple aparecen después paneles, inversores, excedentes, redes, contadores, almacenamiento, modalidades administrativas y decisiones económicas que ya no resultan tan intuitivas.

Precisamente entre esas dos realidades —lo que cualquier ciudadano necesita comprender y la complejidad técnica que existe detrás— quiero situar esta serie.

Y quiero dejar clara desde el principio otra cuestión: Autoconsumo con criterio será una serie favorable al autoconsumo y a las energías renovables, pero no será una serie acrítica.

Creo firmemente que necesitamos abandonar progresivamente nuestra dependencia de los combustibles fósiles y avanzar hacia un sistema energético profundamente descarbonizado. El autoconsumo es una de las herramientas para conseguirlo, pero no es la única ni tiene sentido convertirlo en una respuesta automática para cualquier situación.

En otras reflexiones sobre la transición energética en Canarias ya he defendido precisamente esa visión: necesitamos renovables, autoconsumo con criterio y participación ciudadana, pero también redes, regulación, almacenamiento, planificación y un sistema capaz de integrar todo ello de manera segura y eficiente.

Qué encontrarás en la serie: Infografía que resume los temas de Autoconsumo con criterio: consumo, dimensionamiento, excedentes, baterías, presupuestos, autoconsumo colectivo, comunidades energéticas y tecnología.

Más de treinta años trabajando con electricidad

Quizá llegados a este punto sea razonable explicar por qué me propongo escribir sobre todo esto.

Soy ingeniero técnico eléctrico y llevo más de treinta años desarrollando mi actividad profesional alrededor de los sistemas eléctricos.

A lo largo de ese tiempo he trabajado en ámbitos relacionados con redes eléctricas, generación, centros de control, explotación y mantenimiento de instalaciones, además de convivir profesionalmente con los problemas cotidianos que aparecen cuando producción y consumo tienen que permanecer permanentemente equilibrados.

Buena parte de esa trayectoria se ha desarrollado, además, alrededor de los sistemas eléctricos de Canarias. Hablamos de sistemas insulares, de dimensiones relativamente pequeñas y con unas características que obligan a prestar especial atención a cómo interactúan generación, demanda, redes, protecciones y estabilidad.

No cuento esto como una relación de méritos ni porque crea que hagan falta treinta años trabajando con electricidad para comprender una instalación fotovoltaica doméstica.

Lo explico porque inevitablemente condiciona mi manera de mirarla.

Cuando observo unos paneles sobre un tejado no veo únicamente unos módulos capaces de aprovechar la radiación solar. Veo generación eléctrica conectada a una vivienda, un inversor relacionado con una red, una demanda que cambia continuamente a lo largo del día y una serie de decisiones técnicas y económicas que deberían guardar cierta coherencia entre sí.

Y precisamente ahí empiezan muchas de las preguntas interesantes.

Poner placas es relativamente sencillo. Decidir bien, bastante menos

Una persona que empieza a pensar en autoconsumo tropieza rápidamente con preguntas aparentemente sencillas.

¿Cuántas placas necesito? ¿Debo aprovechar toda la superficie disponible? ¿Merece la pena poner una batería? ¿Qué ocurre con la electricidad que no consumo? ¿Funcionarán las placas durante un apagón? ¿Por qué pueden plantearse soluciones tan diferentes para dos viviendas con consumos anuales aparentemente similares? ¿Cómo sé si una amortización anunciada en cinco o seis años es realista?

Y si pasamos de una vivienda individual a una comunidad aparecen otras cuestiones: ¿podemos compartir una instalación?, ¿cómo se reparte la electricidad?, ¿todos deberíamos participar de la misma manera?, ¿es eso ya una comunidad energética?

El marco administrativo y técnico del autoconsumo está regulado fundamentalmente por el Real Decreto 244/2019, cuyo texto consolidado establece las principales modalidades y sus condiciones administrativas, técnicas y económicas.

Pero conocer la normativa tampoco responde por sí solo a una pregunta mucho más cercana para cualquier familia:

¿Qué instalación tiene sentido en mi caso?

Responder bien exige relacionar normativa, tecnología, consumo y números.

Antes de mirar el tejado, conviene mirar el consumo

Existe una tendencia bastante comprensible a empezar por aquello que resulta más visible: los paneles.

Se mira el tejado, se calcula cuántos módulos caben y, a partir de ahí, comienza a imaginarse la instalación.

Pero el proceso debería empezar un poco antes.

Dos viviendas pueden consumir exactamente 5.000 kWh al año y, sin embargo, utilizar la electricidad de formas completamente diferentes. Una puede concentrar buena parte de su demanda durante las horas centrales del día y otra hacerlo principalmente al caer la tarde y durante la noche.

El consumo anual es el mismo. Su relación con una instalación fotovoltaica no lo es.

Por eso durante la serie hablaremos no solamente de energía, sino también de cuándo se consume esa energía. Aprenderemos a distinguir kW de kWh, observaremos curvas de consumo y veremos hasta qué punto nuestros hábitos pueden modificar el aprovechamiento de una misma instalación.

Antes de preguntarnos cuántas placas caben, por tanto, tendremos que preguntarnos cómo utilizamos realmente la electricidad.

Autoconsumo sí, pero con números

Esta será probablemente una de las ideas que más se repetirá durante las próximas semanas: apoyar el autoconsumo no exige afirmar que cualquier instalación es buena.

Más paneles no son siempre mejores.

Una batería no es automáticamente una inversión rentable.

Una subvención no transforma por sí sola una instalación mal dimensionada en una buena instalación.

Producir nuestra propia electricidad tampoco significa necesariamente habernos independizado de la red.

Y una estimación de ahorro sigue dependiendo de las hipótesis utilizadas para calcularla, aunque venga presentada en un documento impecable.

Por eso iremos trabajando con consumos, curvas horarias, producción, simultaneidad, excedentes, precios, capacidad de almacenamiento, degradación y periodos de recuperación de la inversión.

No para llenar los artículos de fórmulas, sino para hacer comprensibles los números que realmente condicionan una decisión.

La Oficina de Autoconsumo del IDAE reúne información, guías y recursos destinados a particulares, comercios y empresas. Este tipo de documentación oficial será una de las referencias de la serie, junto con normativa y otras fuentes técnicas solventes.

El recorrido de la serie: Infografía con el recorrido de Autoconsumo con criterio desde entender el autoconsumo y el consumo eléctrico hasta baterías, presupuestos, autoconsumo colectivo y comunidades energéticas.

Una batería puede ser magnífica y no ser necesaria

El almacenamiento merece una atención especial porque se ha convertido en uno de los elementos más atractivos de cualquier conversación sobre autoconsumo.

La idea resulta intuitiva: durante las horas de sol producimos electricidad, guardamos lo que no utilizamos y lo consumimos posteriormente.

Pero entre esa descripción y una decisión económica razonable existen bastantes preguntas.

¿Cuánta energía sobra realmente para cargar la batería? ¿Con qué frecuencia podrá utilizarse? ¿Qué capacidad necesitamos? ¿Qué pérdidas existen? ¿Cómo envejece? ¿Cuánto ahorro adicional proporciona? ¿Estamos buscando desplazar energía hacia la noche o disponer también de algún tipo de respaldo durante una interrupción del suministro?

No existe una única respuesta válida para todas las viviendas.

Por eso la batería tendrá su propia entrada dentro de Autoconsumo con criterio. Primero tendremos que entender producción, consumo y excedentes; después podremos estudiar qué aporta realmente almacenar parte de esa energía.

Tener placas tampoco significa necesariamente tener luz durante un apagón

Otro de los aspectos que merece ser explicado con detenimiento es la relación entre autoconsumo y red eléctrica.

Existe una idea bastante extendida: si tenemos paneles solares y está haciendo sol, durante un apagón deberíamos seguir disponiendo de electricidad.

Una instalación convencional conectada a red no funciona necesariamente de esa manera.

Autoconsumo, autonomía y respaldo son conceptos diferentes. Mantener determinadas cargas durante una pérdida de red requiere que la instalación esté específicamente preparada para trabajar en esas condiciones.

Más adelante dedicaremos una entrada completa a explicar por qué ocurre esto, qué papel desempeñan las protecciones, qué significa aislar correctamente una instalación de la red exterior y qué pueden aportar las baterías y determinados equipos de respaldo.

Es un magnífico ejemplo de la filosofía que quiero mantener durante toda la serie: una explicación sencilla no tiene por qué ser una explicación simplista.

Los presupuestos también necesitan ser entendidos

Cuando llega el momento de pedir ofertas aparece otra dificultad.

Dos propuestas pueden utilizar paneles diferentes, inversores distintos, potencias que no coinciden, estimaciones de producción calculadas con hipótesis diferentes, baterías de capacidades distintas y previsiones de ahorro aparentemente incompatibles entre sí.

Comparar únicamente el importe final puede resultar bastante engañoso.

Por eso dedicaremos también espacio a aprender a leer presupuestos. Veremos qué información debería aparecer, qué magnitudes pueden compararse directamente y cuáles necesitan alguna explicación adicional.

Después haremos lo mismo con las amortizaciones.

Decir que una instalación se recuperará en cinco, siete o diez años no es describir una característica física del equipo. Es presentar el resultado de un cálculo basado en determinadas hipótesis sobre producción, autoconsumo, precio de la electricidad, compensación de excedentes, degradación, mantenimiento o posibles ayudas.

Una amortización no es simplemente un número.

Es un número que necesita contexto.

Y después llegará la energía compartida

La serie tampoco terminará en el tejado de una vivienda.

El autoconsumo colectivo abre posibilidades especialmente interesantes en edificios residenciales, pequeñas empresas, administraciones y grupos de consumidores. Y las comunidades energéticas llevan el planteamiento todavía más lejos.

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico viene desarrollando distintas líneas relacionadas con las comunidades energéticas, concebidas alrededor de la participación ciudadana y de beneficios energéticos, ambientales, económicos y sociales.

Ya he abordado anteriormente en josereflexiona.es las posibilidades de las comunidades energéticas en Tenerife, pero dentro de esta serie podremos analizarlas desde otro punto de vista: qué son realmente, qué las diferencia del autoconsumo colectivo y qué cuestiones conviene comprender antes de poner en marcha una.

Porque tampoco aquí debemos mezclar conceptos.

Compartir una instalación entre varios consumidores puede ser autoconsumo colectivo, pero eso no convierte automáticamente la iniciativa en una comunidad energética.

Llegaremos a ello más adelante.

Los principios de la serie: Infografía sobre los principios de Autoconsumo con criterio: rigor técnico, lenguaje claro, fuentes oficiales, números con contexto, visión no comercial y atención a Canarias.

Antes de instalar, entender

La estructura de Autoconsumo con criterio seguirá deliberadamente un orden.

Primero entenderemos qué es realmente el autoconsumo.

Después aprenderemos a leer nuestro consumo eléctrico.

Solo entonces tendrá sentido preguntarnos cuántos paneles necesitamos.

A continuación analizaremos los excedentes, las baterías y lo que ocurre durante un apagón. Aprenderemos a comparar presupuestos y examinaremos con cierto detenimiento cómo se calculan las amortizaciones.

Después abordaremos el autoconsumo colectivo, las comunidades de propietarios, los coeficientes de reparto y las comunidades energéticas. Finalmente estudiaremos ayudas, evolución tecnológica y algunos de los errores que conviene evitar antes de tomar una decisión.

No se trata de hacer complicado lo sencillo.

Se trata justamente de lo contrario: hacer comprensible aquello que es suficientemente importante como para no decidirlo a ciegas.

El criterio por encima de la tecnología

Hay una última idea que quiero mantener durante toda la serie.

No vamos a partir de la base de que toda vivienda necesita la mayor instalación posible, ni de que toda solución tecnológica más reciente sea necesariamente la más adecuada. Tampoco convertiremos estas páginas en un catálogo de marcas, fabricantes o productos.

Lo importante será comprender primero el problema y después valorar las distintas posibilidades.

En determinadas circunstancias tendrá sentido disponer de más potencia fotovoltaica. En otras, una instalación más contenida podrá aprovecharse mejor. Una batería puede resultar fundamental para determinados objetivos y aportar relativamente poco en otros casos.

Lo mismo ocurrirá con excedentes, autoconsumo colectivo, subvenciones o nuevas tecnologías.

El criterio no vendrá dado por el tamaño de la instalación de autoconsumo, por la novedad del equipo ni por una cifra de ahorro aislada.

Vendrá dado por la relación entre necesidades reales, funcionamiento técnico y resultados económicos.

Ese es el espíritu con el que comienza esta serie.

En la primera entrega partiremos desde la pregunta más elemental: Autoconsumo solar: qué es realmente y qué no es.

Veremos qué hacen los paneles, qué papel desempeña el inversor, qué ocurre cuando producimos más o menos electricidad de la que estamos consumiendo y por qué tener placas solares no significa necesariamente haberse independizado de la red.

Porque antes de decidir cuántos paneles colocar sobre un tejado merece la pena comprender qué ocurre con la electricidad desde que el sol incide sobre ellos hasta que termina siendo utilizada en nuestra vivienda o intercambiada con el sistema eléctrico.

Autoconsumo con criterio. Antes de instalar, entender.

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