PISA 2025 en Canarias: el problema no es el ranking, sino llevar años sin despegar
Cada vez que se publica un informe PISA ocurre algo bastante previsible. Durante unos días aparecen clasificaciones, comparaciones entre comunidades autónomas y titulares sobre quién sube, quién baja y quién ocupa los últimos puestos. PISA 2025 en Canarias vuelve a ofrecernos material para ese ritual: estamos por debajo de la media española en ciencias, lectura, matemáticas y resolución computacional de problemas.
Pero creo que quedarnos ahí sería desperdiciar el informe, porque el problema educativo de Canarias no consiste principalmente en ocupar una posición baja en una tabla. Lo verdaderamente preocupante es comprobar que llevamos muchos años sin conseguir elevar de manera sostenida las competencias de nuestros adolescentes y que ahora aparece, además, una señal particularmente inquietante: el fuerte deterioro de la comprensión lectora.
PISA debería servir para algo más útil que repartir culpas. Debería ayudarnos a preguntarnos qué estamos haciendo bien, qué estamos haciendo mal y qué necesita cambiar para que la escuela canaria pueda garantizar algo tan elemental como que nuestros jóvenes sean capaces de comprender un texto complejo, razonar matemáticamente, interpretar datos y distinguir una evidencia científica de una simple opinión.
Los números de PISA 2025 en Canarias
El desglose difundido este 8 de septiembre sitúa a Canarias por debajo de España en las cuatro competencias publicadas.
| Competencia | Canarias | España | OCDE |
|---|---|---|---|
| Ciencias | 469 | 477 | 482 |
| Lectura | 445 | 451 | 461 |
| Matemáticas | 442 | 457 | 463 |
| Resolución computacional de problemas | 488 | 499 | 500 |
Los valores canarios han sido difundidos este mismo día por Radio Televisión Canaria a partir de los resultados autonómicos, mientras que la OCDE confirma las referencias españolas e internacionales: 482 puntos de media en ciencias, 463 en matemáticas, 461 en lectura y 500 en resolución computacional de problemas. (Radio Televisión Canaria)
Los resultados generales pueden consultarse en los resultados oficiales de PISA 2025 publicados por la OCDE y en la nota específica de España. En nuestro país realizaron la prueba 29.967 estudiantes de 956 centros, representativos de aproximadamente 459.800 jóvenes de quince años. (OECD)
No son buenos resultados. Pero tampoco cuentan exactamente la historia que puede sugerir un titular sobre un supuesto desplome particular de Canarias.

PISA 2025 en Canarias: empeoramos, pero España cae más en lectura y matemáticas
En PISA 2022 Canarias había obtenido 473 puntos en ciencias, 463 en lectura y 447 en matemáticas. Tres años después, las puntuaciones nominales disminuyen cuatro puntos en ciencias, dieciocho en lectura y cinco en matemáticas. La serie histórica completa hasta 2022 está recogida por la Agencia Canaria de Calidad Universitaria y Evaluación Educativa, ACCUEE. (Gobierno de Canarias)
España también retrocede: pasa de 485 a 477 puntos en ciencias, de 474 a 451 en lectura y de 473 a 457 en matemáticas. Pero aquí conviene introducir una precisión que resulta esencial para interpretar correctamente PISA: la OCDE considera estadísticamente inferiores a 2022 los resultados españoles de matemáticas y lectura, mientras que califica el resultado de ciencias como aproximadamente igual al de 2022. (OECD)
Esto obliga a ser prudentes también con Canarias. Sin los errores estándar regionales de 2025 no sería riguroso afirmar que una variación de cuatro o cinco puntos representa necesariamente un empeoramiento estadísticamente significativo. En lectura, sin embargo, la caída nominal de dieciocho puntos es suficientemente grande como para merecer una atención especial, aunque el análisis definitivo deberá comprobar también su significación estadística.
Aun con esa cautela, hay una consecuencia clara: Canarias reduce la distancia nominal con España en las tres competencias tradicionales. En matemáticas pasa de 26 a 15 puntos; en lectura, de 11 a 6; y en ciencias, de 12 a 8. Pero sería una equivocación celebrar esa convergencia, porque no procede de una mejora canaria, sino fundamentalmente de un deterioro español más intenso, sobre todo en lectura y matemáticas.
Matemáticas: qué revela PISA 2025 en Canarias
Cuando se amplía la perspectiva aparecen diferencias importantes entre materias. Los datos oficiales de ACCUEE permiten reconstruir la evolución desde 2009. (Gobierno de Canarias)
| Año | Matemáticas | Lectura | Ciencias |
|---|---|---|---|
| 2009 | 435 | 448 | 452 |
| 2015 | 452 | 483 | 475 |
| 2018 | 460 | 472 | 470 |
| 2022 | 447 | 463 | 473 |
| 2025 | 442 | 445 | 469 |
Matemáticas ofrece probablemente la imagen más claramente estructural. Canarias mejoró desde los 435 puntos de 2009 hasta alcanzar 460 en 2018, pero después retrocedió a 447 en 2022 y ahora aparece con 442. Estamos apenas siete puntos por encima del resultado obtenido hace dieciséis años.
No parece razonable explicar una trayectoria tan prolongada recurriendo a una única ley educativa, a un determinado Gobierno o a una circunstancia puntual. Hay algo más profundo que merece ser estudiado: cómo enseñamos razonamiento matemático, resolución de problemas, estadística y capacidad para trasladar conocimientos a situaciones nuevas.
PISA tampoco examina simplemente si un estudiante recuerda una fórmula. Su objetivo es comprobar si sabe utilizar lo aprendido cuando el problema deja de parecerse exactamente al ejercicio que resolvió ayer. Esa capacidad de transferir conocimiento sigue siendo una de las debilidades que los resultados canarios obligan a mirar con atención.

La lectura, la gran alerta de PISA 2025 en Canarias
La evolución de la comprensión lectora es todavía más inquietante. Canarias obtuvo 483 puntos en 2015, bajó a 472 en 2018, a 463 en 2022 y ahora aparece con 445. Son 38 puntos nominales menos en una década y el resultado actual queda incluso por debajo de los 448 puntos registrados en 2009. (Gobierno de Canarias)
Conviene evitar equivalencias demasiado mecánicas entre puntos PISA y años escolares. La OCDE utiliza aproximaciones internacionales para contextualizar las diferencias, pero las comparaciones deben incorporar márgenes de error y características distintas de cada sistema educativo. No hace falta exagerar el dato para reconocer que la trayectoria de lectura en Canarias es preocupante.
Además, la lectura importa mucho más allá de la asignatura de Lengua. Un alumno con dificultades para comprender un texto complejo tendrá problemas para interpretar un enunciado matemático, seguir una explicación científica, comparar dos noticias contradictorias, entender un contrato o analizar críticamente una información política.
La OCDE señala que el deterioro lector es uno de los principales problemas de PISA 2025. Entre 2015 y 2025 la media de los países de la organización cayó 28 puntos y aumentaron especialmente las dificultades para evaluar información, conectar fuentes distintas y valorar críticamente lo leído. También se ha incrementado el fenómeno de la lectura apresurada: estudiantes que leen rápido, pero comprenden peor. (OECD)
En una sociedad inundada de información, leer bien ya no consiste únicamente en reconocer palabras. Significa interpretar, relacionar, contextualizar y saber cuándo una afirmación merece confianza.
PISA ya no pregunta solamente cuánto sabe un alumno
Aquí el marco de evaluación de PISA 2025 que acompaña esta entrada resulta especialmente importante. La edición de 2025 convierte ciencias en el dominio principal y establece tres grandes competencias: explicar científicamente fenómenos; diseñar y evaluar investigaciones e interpretar críticamente datos; y buscar, evaluar y utilizar información científica para tomar decisiones.
El documento distingue además entre conocimiento de contenidos, conocimiento procedimental y conocimiento epistemológico. No basta con saber un dato científico: también hay que comprender cómo se obtuvo, qué evidencia lo respalda, qué grado de incertidumbre existe y por qué determinadas fuentes resultan más fiables que otras.
Eso tiene implicaciones educativas enormes. Un adolescente científicamente competente debería poder enfrentarse a un gráfico sobre emisiones, distinguir correlación de causalidad, valorar la cualificación de una fuente, reconocer el papel del consenso científico o detectar un argumento construido sobre evidencias insuficientes.
Estamos hablando, en realidad, de capacidades fundamentales para vivir en democracia. Un ciudadano que no sabe evaluar fuentes es mucho más vulnerable frente a la desinformación, las pseudociencias o los discursos que presentan cualquier vídeo viral como equivalente a una investigación contrastada.

Canarias posee un aula extraordinaria fuera del aula
Aquí entro deliberadamente en el terreno de la interpretación editorial. Canarias dispone de unas condiciones excepcionales para enseñar ciencias tal como ahora las concibe PISA, porque vivimos en un territorio donde prácticamente todo puede convertirse en un problema científico real: volcanismo, acuíferos, desalación, sequías, energía, biodiversidad, océanos, contaminación, movilidad, agricultura, turismo o gestión de un territorio limitado.
El propio marco de PISA dedica una atención especial a la educación ambiental, al pensamiento sistémico y a lo que denomina Agency in the Anthropocene: comprender cómo las actividades humanas modifican los sistemas terrestres y evaluar posibles soluciones teniendo en cuenta sus consecuencias ambientales, sociales y económicas.
No se trataría de sustituir conocimientos por ocurrencias pedagógicas, sino precisamente de utilizar esos conocimientos para comprender problemas reales. Una clase sobre electricidad puede trabajar con un sistema eléctrico insular; la estadística puede utilizar datos de población, turismo o energía; la química puede estudiar la desalación; y la geología dispone en Canarias de un laboratorio natural extraordinario.
PISA 2025 en Canarias debería servir también para preguntarnos si aprovechamos suficientemente esa realidad. Cuando el territorio ofrece continuamente problemas capaces de conectar teoría, datos y decisiones, limitar la ciencia a ejercicios descontextualizados supone desaprovechar una oportunidad educativa formidable.
Equidad sí, pero elevando el suelo
Existe otra dimensión que obliga a evitar conclusiones fáciles. En PISA 2022, el nivel socioeconómico explicaba en Canarias el 11,8 % de la variación de los resultados matemáticos, un valor relativamente moderado dentro del contexto español. La ACCUEE interpretó aquello como un indicador de una equidad comparativamente favorable. (Gobierno de Canarias)
Ese dato merece ser protegido, pero también interpretado correctamente. La igualdad educativa no consiste en conseguir que todos obtengan resultados modestos, sino en reducir el peso del origen familiar mientras aumenta simultáneamente el nivel general del alumnado.
La propia OCDE encuentra en PISA 2025 un fenómeno parecido a escala internacional: la brecha socioeconómica se ha reducido en muchos sistemas, pero en buena medida porque los estudiantes favorecidos han empeorado, no porque los desfavorecidos hayan experimentado una gran mejora. (OECD)
Ese matiz es fundamental para una política educativa progresista. La verdadera equidad consiste en elevar especialmente a quien parte con menos, sin renunciar a que quien puede llegar más lejos disponga también de recursos para hacerlo.
Esta preocupación conecta con algo que ya apareció en mi análisis del pleno canario de julio, donde educación inclusiva, servicios públicos y capacidad real de las administraciones para convertir recursos en resultados formaban parte de la misma discusión. La igualdad formal de acceso no sustituye al apoyo efectivo que necesita cada alumno.
La tecnología tampoco puede pensar por nuestros hijos
PISA 2025 incorpora por primera vez la resolución computacional de problemas. Canarias obtiene 488 puntos, frente a 499 de España y 500 del promedio OCDE. (Radio Televisión Canaria)
Es una diferencia menor que la registrada en matemáticas, pero todavía no permite hablar de una fortaleza consolidada. Carecemos de una serie histórica comparable y parte del análisis específico sobre aprendizaje en el mundo digital se publicará en 2027. La prudencia vuelve a ser necesaria.
La cuestión educativa tampoco debería reducirse a introducir más tabletas, más pantallas o más inteligencia artificial en las aulas. Ya abordé ese dilema en una reflexión anterior sobre educación e inteligencia artificial: la tecnología puede ser una magnífica herramienta de aprendizaje, pero también puede convertirse en un atajo para evitar precisamente el esfuerzo intelectual que construye conocimiento.
La OCDE insiste ahora en una idea parecida. Los dispositivos digitales y la inteligencia artificial pueden fortalecer el aprendizaje cuando se utilizan con propósitos claros, pero el uso excesivo o la distracción digital se relacionan con peores resultados. Más de uno de cada cuatro estudiantes de los países participantes afirma que sus compañeros se distraen con dispositivos durante la mayoría o todas las clases de ciencias. (OECD)
La escuela tendrá que enseñar a utilizar estas herramientas sin delegar en ellas la lectura, el razonamiento y la capacidad de construir una respuesta propia. Cuanto más poderosa sea la tecnología, más necesario será preservar el esfuerzo cognitivo que permite utilizarla con criterio.
Tampoco convirtamos PISA en un arma política
Cada publicación de PISA despierta una competición para encontrar culpables. Unos señalarán la última reforma educativa; otros al profesorado, la inmigración, las familias, la escuela pública, los teléfonos móviles o un supuesto menor esfuerzo de los estudiantes.
El informe no permite semejante comodidad. PISA trabaja con muestras y permite detectar diferencias, asociaciones y tendencias, pero una relación estadística no demuestra automáticamente una causa. La propia OCDE insiste en que las diferencias deben interpretarse teniendo en cuenta sus intervalos de confianza y su significación estadística. (OECD)
Esto importa también cuando se comparan comunidades autónomas. Presentar como una victoria o una derrota educativa una diferencia de dos o tres puntos puede producir un buen titular, pero no necesariamente una conclusión estadísticamente válida.
PISA 2025 en Canarias debe utilizarse, por tanto, como herramienta de diagnóstico, no como munición partidista. Si los datos sirven únicamente para demostrar que «los otros lo hicieron peor», estaremos desperdiciando otra oportunidad de aprender.

La pregunta que deberíamos llevar al Parlamento
La discusión útil no debería ser quién tiene la culpa de los 442 puntos en matemáticas. Debería ser por qué Canarias no consigue mantener durante años una mejora sostenida; por qué la lectura ha retrocedido con tanta intensidad desde 2015; qué ocurre con el alumnado que no alcanza los niveles básicos; qué metodologías funcionan mejor y cuáles no; y qué condiciones necesitan los docentes para dedicar más tiempo a enseñar y menos a gestionar burocracia.
También tendremos que estudiar con detalle los datos regionales sobre nivel socioeconómico, repetición, recursos, clima escolar, profesorado, titularidad de los centros, uso digital, inteligencia artificial y actitudes hacia la ciencia. A día de hoy, la propia página de ACCUEE sigue mostrando PISA 2022 como su último informe específico de Canarias. (Gobierno de Canarias)
Cuando aparezca el informe canario completo habrá que volver a los datos, comprobar qué diferencias son estadísticamente significativas y estudiar qué variables permanecen asociadas al rendimiento después de controlar otros factores. Solo entonces podremos pasar de la fotografía general al diagnóstico fino.
No necesitamos ganar PISA; necesitamos que nuestros jóvenes aprendan más
No me interesa demasiado que Canarias aparezca undécima, decimotercera o decimoquinta en una clasificación. Me importa mucho más que demasiados jóvenes terminen la enseñanza obligatoria sin las herramientas suficientes para desenvolverse con autonomía en un mundo que será extraordinariamente exigente.
PISA 2025 en Canarias nos recuerda que comprender, razonar, interpretar datos y evaluar información fiable serán capacidades esenciales en la era de la inteligencia artificial, la emergencia climática y la desinformación permanente. La respuesta no puede consistir en enseñar para aprobar PISA, sino en construir una educación en la que mejores resultados sean la consecuencia natural de que nuestros alumnos estén aprendiendo mejor.
Canarias necesita proteger la equidad, reforzar sus servicios públicos educativos, apoyar a quienes parten con mayores dificultades y recuperar al mismo tiempo una verdadera ambición académica. Hay que elevar el suelo sin bajar el techo, porque detrás de cada puntuación hay adolescentes que dentro de pocos años tendrán que trabajar, votar, interpretar una noticia, comprender una factura, valorar una información científica y tomar decisiones que afectarán a su propia vida.
Ese es el verdadero examen que PISA debería ayudarnos a mirar. Y en ese examen no podemos conformarnos con acortar distancias simplemente porque los demás también estén empeorando.



















