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Velocidad de un cohete en los precios actuales

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Bienvenidos de nuevo a este rincón de análisis y debate que es josereflexiona.es. Hoy es 15 de marzo de 2026 y, si miramos retrospectivamente la sacudida económica de estos últimos tres años, hay una herida abierta en el contrato social que exige una disección rigurosa. Conviene profundizar con datos concretos, sin retórica vacía, sobre una de las realidades más frustrantes para las familias trabajadoras. ¿Por qué, ante una crisis, los precios de los bienes esenciales suben a la velocidad de un cohete, pero bajan con la exasperante lentitud de una pluma?

Este fenómeno no es un accidente meteorológico. Es el resultado de un diseño estructural en el que la ética cotiza a la baja y los marcos legales se muestran, en el mejor de los casos, complacientes. Vamos a analizarlo con las cifras sobre la mesa.


La anatomía de la asimetría: El efecto «cohetes y plumas»

En la sociología económica y la politología, se denomina a este fenómeno el efecto rockets and feathers (cohetes y plumas). Describe la transmisión asimétrica de los precios. Ante un shock externo (una guerra, una sequía, una disrupción logística), las grandes distribuidoras y corporaciones energéticas trasladan inmediatamente el pánico al consumidor final subiendo los precios. Lo hacen a pesar de que sus inventarios están llenos y de que operan con contratos de compra a futuro cerrados hace meses. Te están cobrando a precio de crisis un producto que ellos compraron a precio de normalidad.

Y, sin embargo, cuando el coste de las materias primas en origen se desploma, el precio en el supermercado o en la factura de la luz apenas se resiente. Bajando de forma microscópica a lo largo de los meses.

El caso sangrante del Aceite de Oliva (Datos a marzo de 2026)

No hay mejor ejemplo para ilustrar esta asimetría que nuestro «oro líquido». Durante la peor parte de la crisis inflacionaria en 2024 y principios de 2025, el precio del Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE) llegó a superar los 10 y 12 euros por litro en los lineales de los supermercados. La justificación fue la mala cosecha y los costes de producción.

Sin embargo, fijémonos en los datos reales de hoy. A fecha de esta misma semana de marzo de 2026, plataformas oficiales como Infaoliva y la Junta de Andalucía sitúan el precio del AOVE en origen (lo que se paga en la almazara) en torno a los 4,05 €/kg (e incluso menos de 3,20 €/kg para el aceite lampante). Ha caído drásticamente desde sus máximos. ¿Habéis visto una caída proporcional e inmediata en vuestro supermercado habitual? No. Las grandes cadenas de distribución mantienen los precios envasados artificialmente altos, en torno a los 7,90 € o 9,00 € el litro, escudándose en «compras anteriores» o lanzando ofertas puntuales para maquillar el margen. Cuando subió, la excusa fue el coste de reposición futuro; cuando baja, la excusa es el coste del inventario pasado. Esta dualidad es una burla al consumidor.

Velocidad de un cohete

«Inflación de la avaricia»: Los datos que delatan al mercado

Desde una perspectiva legal, en un mercado liberalizado, fijar los precios basándose en el «coste de reposición» no está tipificado como delito penal. Siempre que no se demuestre un pacto explícito entre empresas (un cártel). Pero que sea legal no significa que no sea una aberración ética y una falla democrática. Aprovechar el miedo y la necesidad para exprimir rentas se llama especulación en bienes de primera necesidad.

Los datos macroeconómicos nos dan la razón de forma abrumadora. Lo que hemos sufrido no ha sido solo una inflación por costes, sino una greedflation (inflación de la avaricia o impulsada por beneficios):

  • Récord histórico de márgenes: Según los últimos datos consolidados del Observatorio de Márgenes Empresariales del Gobierno y el Banco de España, el margen bruto empresarial sobre ventas ha llegado a tocar techos históricos del 13,1%.
  • La brecha capital-trabajo: Si tomamos la serie histórica desde 2009 hasta la consolidación de 2024-2025, el margen bruto por asalariado que obtiene una empresa ha crecido un 77%. Mientras tanto la remuneración media por asalariado (los salarios) apenas lo ha hecho en un 28%. La inflación ha sido un gigantesco mecanismo de transferencia de riqueza de abajo hacia arriba.
  • Beneficios caídos del cielo: La prueba más palpable de que los precios subieron muy por encima de los costes reales la tenemos en la Agencia Tributaria. En 2024, el Estado recaudó 2.859 millones de euros por los gravámenes extraordinarios a la banca (1.695 M€) y a las energéticas (1.164 M€), calculados sobre sus astronómicos beneficios de 2023. Si los costes hubieran ahogado a estas empresas tanto como decían, esos beneficios récord jamás habrían existido.

¿Por qué las plumas tardan tanto en caer?

La negativa a bajar los precios de forma rápida responde a varias patologías de nuestro sistema sociopolítico:

  1. Oligopolios de facto: En España, un puñado de cadenas de supermercados controla la inmensa mayoría de la cuota de mercado alimentario, al igual que tres grandes eléctricas dominan la energía. Sin competencia real, nadie tiene el incentivo de ser el primero en bajar los precios de forma agresiva. Se genera una colusión tácita: «si nadie baja el precio, todos ganamos más».
  2. La trampa de la demanda inelástica: Las empresas saben que no puedes dejar de comer, ni de encender la luz, ni de repostar combustible para ir a trabajar. Te obligan a asumir el nuevo precio reduciendo tu calidad de vida en otros aspectos.
  3. Adaptación psicológica: El shock inicial genera indignación, pero con los meses, el ciudadano asimila el sobreprecio como «la nueva normalidad». Las corporaciones estudian esta elasticidad social y estiran el chicle hasta el límite para maximizar dividendos.

Un horizonte progresista: Soberanía y Transición

Frente a esta tiranía de los mercados concentrados, la respuesta no puede ser la resignación. La política progresista debe intervenir para garantizar los derechos humanos fundamentales.

En primer lugar, la transición energética no es solo un salvavidas climático, es un escudo social. Nuestra dependencia histórica de los combustibles fósiles es lo que ha permitido a las multinacionales jugar a la ruleta con los precios de la energía. En 2024 y 2025 hemos visto cómo la generación renovable (solar y eólica) ha batido récords en España. Superando en muchos tramos más del 55% del mix eléctrico nacional. El sol y el viento no cotizan en los mercados de futuros de Chicago ni dependen de dictaduras petroleras. Acelerar la descarbonización es la vía más rápida para desmantelar el poder de fijación de precios del oligopolio fósil.

En segundo lugar, necesitamos valentía legislativa. Los impuestos a los beneficios extraordinarios de la banca y las energéticas no deben ser «gravámenes temporales», sino reformas fiscales permanentes y estructurales. Y el Estado debe dotarse de herramientas (como observatorios de precios con capacidad sancionadora) para intervenir topando márgenes en la cadena alimentaria cuando se demuestre, como en el caso del aceite, que el diferencial entre origen y destino es abusivo.

La economía tiene que estar subordinada a la dignidad de las personas. Permitir que el miedo a la siguiente crisis sea monetizado por cinco grandes corporaciones no es libre mercado; es feudalismo corporativo.


Me gustaría abrir el debate con ustedes en los comentarios. Con estos datos sobre la mesa, ¿les interesaría que dediquemos el próximo artículo a analizar cómo se podría implementar legalmente en España una Empresa Pública de Energía y Distribución Alimentaria para romper este dominio oligopólico?

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