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Excedentes solares: qué ocurre con la energía que no consumes

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Vivienda con paneles solares donde la energía producida se reparte entre el consumo del hogar y los excedentes enviados a la red eléctrica.

Excedentes solares: qué ocurre con la electricidad que no consumes

Autoconsumo con criterio · 4/16
Antes de instalar, entender.

En las primeras entregas de esta serie hemos ido construyendo una idea sencilla. Una instalación de autoconsumo no puede dimensionarse mirando únicamente cuánto consume una vivienda al año. Necesitamos saber cuándo consume, cuánta potencia fotovoltaica tiene sentido instalar y cuánto coincidirá la producción solar con nuestra demanda.

En la primera entrega sobre autoconsumo solar vimos que, cuando los paneles producen más electricidad de la que estamos utilizando en ese instante, aparece una energía sobrante. Son los excedentes solares.

Después analizamos el consumo eléctrico de la vivienda y, en la tercera entrega, dimos un paso más para entender por qué la pregunta correcta no es cuántos paneles caben en el tejado, sino qué potencia fotovoltaica tiene sentido instalar.

Ahora toca seguir el recorrido de esa electricidad que producimos pero no consumimos. Porque un kilovatio hora autoconsumido y otro enviado a la red pueden ser exactamente iguales desde el punto de vista físico, pero no tienen necesariamente el mismo valor económico.

Los excedentes solares nacen de una diferencia instantánea

Imaginemos que, en un momento determinado, nuestros paneles están produciendo 4 kW mientras la vivienda demanda solamente 1,5 kW. Aproximadamente 1,5 kW de generación solar pueden alimentar directamente los consumos domésticos y quedan otros 2,5 kW que la vivienda no necesita en ese instante.

Ese sobrante es el origen del excedente. Si unos minutos después conectamos el horno, el termo eléctrico o cargamos un vehículo, nuestra demanda puede aumentar y una parte mayor de la generación quedará aprovechada dentro de la vivienda. Si el consumo vuelve a disminuir, los excedentes aumentarán.

Esta relación cambia continuamente. Por eso una instalación no tiene un porcentaje fijo e inmutable de autoconsumo: depende del perfil de consumo, de la potencia instalada, de la época del año, de las condiciones meteorológicas y de cómo utilicemos la electricidad.

La normativa española define precisamente la energía horaria excedentaria como la energía generada que no ha sido autoconsumida y que, cuando la modalidad elegida lo permite, puede salir hacia la red.

Infografía del flujo de energía en autoconsumo solar, desde los paneles hasta el consumo de la vivienda y el envío de excedentes a la red.

¿Qué podemos hacer con esa electricidad sobrante?

El Real Decreto 244/2019, que regula el autoconsumo en España establece dos grandes modalidades: autoconsumo sin excedentes y autoconsumo con excedentes.

En una instalación sin excedentes solares existe un mecanismo antivertido que impide inyectar energía a la red. Si en un momento determinado los paneles podrían producir más de lo que estamos consumiendo, el sistema actúa sobre la generación para evitar que ese sobrante salga hacia el sistema eléctrico.

En una instalación con excedentes ocurre algo diferente. La energía que no utilizamos puede atravesar el punto frontera e incorporarse a la red. El contador bidireccional permite registrar tanto la electricidad que recibimos como, cuando corresponde, la que enviamos.

Esto no significa todavía que todos los excedentes reciban el mismo tratamiento económico. Dentro del autoconsumo con excedentes debemos distinguir entre instalaciones acogidas a compensación simplificada e instalaciones no acogidas a ella.

Qué es realmente la compensación simplificada

La compensación simplificada es probablemente el mecanismo más conocido entre los pequeños autoconsumidores. Su funcionamiento básico es bastante sencillo: durante el periodo de facturación compramos electricidad de la red en determinados momentos y, en otros, enviamos energía excedentaria.

La comercializadora asigna un valor económico a esos excedentes y lo descuenta del coste correspondiente a la energía consumida de la red. No se trata de guardar físicamente nuestros kilovatios hora para recuperarlos durante la noche. La red no funciona como una batería particular donde depositamos una determinada energía y posteriormente retiramos exactamente la misma.

Lo que existe es una compensación económica entre dos magnitudes diferentes: la energía que hemos comprado de la red y la energía excedentaria que hemos entregado.

El mecanismo está regulado en el artículo 14 del Real Decreto 244/2019. Entre sus requisitos se encuentra que la generación sea renovable, que la potencia total de las instalaciones de producción asociadas no supere los 100 kW y que se cumplan las restantes condiciones establecidas para esta modalidad. El MITECO resume estos requisitos y el funcionamiento del sistema en sus preguntas frecuentes sobre autoconsumo.

¿Cuánto vale un excedente solar?

Aquí aparece una cuestión fundamental para dimensionar correctamente una instalación. No existe un precio único y permanente para todos los excedentes solares.

Si tenemos un contrato en el mercado libre, la energía consumida de la red y los excedentes se valoran según las condiciones acordadas con la comercializadora. Por tanto, dos clientes pueden tener precios de compensación diferentes.

Cuando el suministro está acogido al PVPC con una comercializadora de referencia, la regulación establece otro procedimiento de valoración vinculado al mercado eléctrico. El propio artículo 14 distingue expresamente ambas situaciones.

Por eso conviene desconfiar de cualquier cálculo de rentabilidad que presuponga durante veinte o veinticinco años un precio elevado e invariable para los excedentes. Es una hipótesis económica y debe identificarse como tal.

Comparación entre un kWh autoconsumido en la vivienda y un kWh excedentario enviado a la red, mostrando su distinto valor económico.

El kilovatio hora más valioso suele ser el que no tenemos que comprar

Supongamos, únicamente para entender el mecanismo, que comprar un determinado kWh de la red tiene para nosotros un coste variable de 0,20 euros y que nuestra comercializadora compensa el excedente a 0,06 euros por kWh.

Son cifras hipotéticas, no una estimación de precios actuales.

Si conseguimos utilizar directamente un kWh producido por nuestros paneles, evitamos comprar aproximadamente ese kWh de la red. Si, por el contrario, no podemos consumirlo y lo exportamos, recibiríamos en este ejemplo una compensación de 0,06 euros.

La electricidad producida es la misma, pero su aprovechamiento económico es diferente.

Esto permite comprender por qué el diseño de una instalación no debería perseguir únicamente maximizar la producción anual. También interesa estudiar qué parte de esa producción podrá coincidir con nuestro consumo.

Una instalación puede producir muchos kilovatios hora y presentar, sin embargo, una elevada proporción de excedentes. Otra algo más pequeña podría generar menos electricidad anual, pero aprovechar directamente un porcentaje mayor de su producción. Decidir cuál resulta económicamente mejor exige hacer números, no mirar solamente el número de paneles.

La compensación simplificada tiene un límite importante

Existe además una característica que debemos conocer antes de calcular ahorros. En el mecanismo regulado de compensación simplificada, el valor económico de los excedentes no puede superar el valor económico de la energía consumida de la red durante el periodo de facturación, que no puede ser superior a un mes.

Imaginemos que durante un mes el valor de la energía que hemos tomado de la red asciende a 25 euros y nuestros excedentes, aplicando el precio correspondiente, alcanzarían un valor de 38 euros. Dentro del mecanismo regulado de compensación simplificada no obtendríamos 13 euros a nuestro favor: la compensación quedaría limitada por el valor económico de la energía adquirida de la red.

Esto tampoco significa que toda nuestra factura pueda necesariamente reducirse a cero. Continúan existiendo otros conceptos, como el término de potencia y los que correspondan según nuestro contrato y la fiscalidad aplicable.

Algunas comercializadoras ofrecen productos denominados habitualmente baterías virtuales, monederos solares o sistemas similares que pueden conservar determinados saldos o aplicarlos posteriormente según sus propias condiciones comerciales. Conviene no confundir esos productos con el mecanismo regulado de compensación simplificada. Son contratos comerciales que habrá que analizar por separado.

Compensar excedentes tampoco es lo mismo que vender electricidad

Existe otra posibilidad: una instalación con excedentes puede no acogerse al mecanismo de compensación simplificada y vender la energía excedentaria.

En ese caso entramos en un régimen diferente. El titular de la instalación actúa como productor respecto a esa energía y debe cumplir las obligaciones administrativas, fiscales, contractuales y de participación en el mercado que correspondan.

El propio MITECO diferencia claramente ambas alternativas: vender los excedentes o acogerse a la compensación simplificada. No son dos mecanismos que puedan utilizarse simultáneamente para la misma energía mientras se permanece acogido a la compensación.

Para una instalación doméstica convencional, la compensación simplificada suele resultar mucho más sencilla de entender y gestionar. Pero conocer la diferencia evita una confusión bastante frecuente: compensar nuestra factura por unos excedentes no equivale jurídicamente a tener una pequeña central vendiendo electricidad al mercado.

Producir más puede significar exportar mucho más

Volvamos ahora al dimensionamiento. Pensemos en una vivienda cuyo consumo durante las horas solares es relativamente bajo. Si aumentamos progresivamente la potencia fotovoltaica, al principio buena parte de la producción adicional puede servir para reducir energía comprada a la red.

Pero llegará un momento en que la vivienda tendrá cubierto prácticamente todo su consumo durante muchas horas soleadas. A partir de ahí, cada nuevo panel puede aportar proporcionalmente menos autoconsumo directo y más excedentes.

Eso no convierte automáticamente el panel adicional en una mala inversión. Puede seguir siendo rentable si su coste es suficientemente reducido y los excedentes mantienen un valor adecuado. Lo que cambia es el cálculo económico.

Por eso, cuando alguien nos presenta una estimación de ahorro, no basta con conocer la producción anual prevista. Necesitamos saber qué parte se estima que será autoconsumida, qué parte será excedentaria, qué precio se está suponiendo para compensarla y durante cuánto tiempo se ha mantenido constante esa hipótesis.

Sin esas cifras, una previsión de amortización puede parecer muy precisa y, sin embargo, esconder los datos que realmente determinan el resultado.

Infografía comparativa de autoconsumo sin excedentes, con excedentes y con compensación simplificada mediante conexión a la red eléctrica.

También podemos aumentar el autoconsumo sin instalar una batería

Los excedentes no dependen únicamente del tamaño de la instalación. También podemos actuar sobre nuestro consumo.

Programar determinados equipos durante las horas de mayor producción solar puede aumentar el aprovechamiento directo de la energía. Lavadoras, lavavajillas, termos eléctricos, climatización, bombas de calor o la carga de un vehículo eléctrico ofrecen, dependiendo de cada vivienda, posibilidades para desplazar una parte de la demanda.

No significa que debamos convertir nuestra vida cotidiana en una permanente persecución del sol. La automatización puede encargarse de muchas de estas funciones y cada hogar tiene unas posibilidades diferentes.

Pero existe una conclusión importante: antes de comprar más tecnología conviene saber cuánto margen tenemos para hacer coincidir generación y consumo.

Entender los excedentes cambia la forma de mirar una instalación

Los excedentes solares no son energía inútil. Pueden incorporarse a la red y recibir una compensación económica o, en otras modalidades, venderse. Pero tampoco debemos valorar automáticamente cada kWh excedentario como si hubiera evitado comprar un kWh de nuestra factura.

Esta diferencia es una de las claves económicas del autoconsumo.

Primero debemos conocer nuestro consumo. Después estimar razonablemente la producción. A continuación necesitamos saber cuánto podremos aprovechar directamente y cuánto terminará convirtiéndose en excedente. Solo entonces tendremos una base seria para hablar de ahorro y amortización.

En la Guía de autoconsumo de josereflexiona.es iré reuniendo todas las entregas siguiendo ese orden.

Y ahora que sabemos qué ocurre con la electricidad que no consumimos, aparece inevitablemente la siguiente pregunta: si parte de esa energía tiene menos valor cuando sale hacia la red, ¿merecería la pena almacenarla para utilizarla unas horas después?

Esa será la cuestión de la próxima entrega de Autoconsumo con criterio.

Porque una batería puede reducir excedentes y aumentar el autoconsumo, pero tiene un coste, pérdidas, degradación y una vida útil. Antes de decidir si compensa, tendremos que volver a hacer exactamente lo mismo que estamos haciendo desde el principio de esta serie: entender primero.

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