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Autoconsumo solar: qué es realmente y qué no es

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Vivienda con paneles fotovoltaicos, inversor y conexión a la red eléctrica como ejemplo de una instalación doméstica de autoconsumo solar.

Autoconsumo solar: qué es realmente y qué no es

Autoconsumo con criterio · 1/16
Antes de instalar, entender.

En la entrada de presentación de esta serie expliqué que antes de decidir cuántas placas colocar, qué batería comprar o qué presupuesto aceptar conviene comprender algo mucho más elemental: qué estamos haciendo realmente cuando instalamos autoconsumo solar.

Puede parecer una pregunta demasiado básica. Todos tenemos una idea aproximada: ponemos paneles en el tejado, producen electricidad y utilizamos esa electricidad en casa.

Y, en esencia, así es.

Pero alrededor de esa explicación sencilla aparecen enseguida algunas ideas que conviene matizar: que toda la electricidad producida se consume en la vivienda, que tener placas significa depender mucho menos —o incluso nada— de la red, que los excedentes tienen prácticamente el mismo valor que la energía que dejamos de comprar o que, si hay sol, tendremos electricidad aunque se produzca un apagón.

El autoconsumo solar es una herramienta extraordinariamente útil para reducir la energía que tomamos de la red y aumentar la participación de las renovables en nuestro consumo. Pero entender bien cómo funciona es la primera condición para dimensionarlo con sentido.

Eso es lo que vamos a hacer en esta primera entrega.

¿Qué entendemos realmente por autoconsumo?

El IDAE define el autoconsumo como la posibilidad de que una persona, empresa o comunidad produzca electricidad renovable destinada a su propio consumo. En el ámbito doméstico, lo habitual es hacerlo mediante paneles solares fotovoltaicos.

El concepto importante está en las palabras “para su propio consumo”.

No estamos hablando simplemente de instalar una pequeña central eléctrica para vender toda su producción. La finalidad principal es que una parte de la electricidad que necesita la vivienda proceda directamente de nuestra instalación.

Imaginemos una casa que en un momento determinado está consumiendo 2 kW.

Si los paneles están produciendo también 2 kW, en términos simplificados la generación fotovoltaica puede cubrir prácticamente toda esa demanda instantánea.

Si la vivienda consume 3 kW y las placas producen 2 kW, esos 2 kW solares se aprovechan en casa y el kilovatio que falta llega desde la red.

Y si ocurre lo contrario —la vivienda consume 2 kW pero los paneles producen 3 kW— aparece 1 kW que en ese instante no necesitamos.

Ahí nacen los excedentes.

Esta relación entre producción y consumo cambia constantemente durante el día y es probablemente la idea más importante de toda esta serie.

Cómo funciona el autoconsumo solar: Infografía que muestra el recorrido de la energía desde los paneles fotovoltaicos y el inversor hasta la vivienda, la red eléctrica y los excedentes.

Los paneles no producen cuando nosotros queremos

Los módulos fotovoltaicos convierten la radiación solar en electricidad en corriente continua.

Pero su producción no responde a nuestras necesidades.

Puede ser máxima alrededor de determinadas horas centrales del día, disminuir por nubes o sombras, variar con la orientación e inclinación de la instalación y desaparecer, naturalmente, durante la noche.

Nuestra vivienda, en cambio, consume siguiendo nuestras propias costumbres.

Desayunamos, cocinamos, ponemos una lavadora, utilizamos climatización, cargamos un vehículo eléctrico o encendemos determinados equipos independientemente de que en ese momento haya mucha o poca generación solar.

Por eso dos conceptos que a veces se mezclan deben mantenerse separados:

producir electricidad y consumir electricidad.

El éxito de una instalación de autoconsumo depende en buena medida de cuánto coincidan ambas cosas.

Y esta será precisamente la cuestión central de la siguiente entrada de la serie, dedicada a entender el consumo eléctrico de una vivienda.

El inversor: mucho más que una caja en la pared

Entre los paneles y nuestra instalación eléctrica encontramos normalmente el inversor.

Los paneles generan electricidad en corriente continua, mientras que nuestra vivienda utiliza corriente alterna. Una de las funciones esenciales del inversor consiste en realizar esa conversión.

Pero reducirlo a un simple convertidor tampoco sería completamente justo.

En una instalación conectada a red, el inversor debe trabajar respetando determinadas condiciones eléctricas, controlar el funcionamiento de la generación, incorporar funciones de protección y coordinarse con el sistema al que está conectado.

Dependiendo del tipo de instalación, también puede gestionar baterías, monitorización, limitación de excedentes u otras funciones.

Será uno de los equipos cuya elección tendremos que estudiar más adelante cuando analicemos el estado de la tecnología de autoconsumo.

Por ahora basta con una idea sencilla:

los paneles producen la energía; el inversor permite que esa energía pueda utilizarse correctamente dentro de nuestra instalación eléctrica.

La vivienda consume primero lo que está produciendo

Volvamos al ejemplo.

Nuestros paneles producen 3 kW y la vivienda consume 2 kW.

Esos 2 kW pueden ser utilizados directamente por los consumos domésticos. Esa energía no necesita ser comprada previamente a nuestra comercializadora.

Ese es el verdadero corazón económico del autoconsumo.

Cuando utilizamos directamente un kilovatio hora producido por nuestra instalación, evitamos adquirir aproximadamente ese kilovatio hora de la red, aunque el efecto económico exacto en la factura depende de la estructura de precios, impuestos y otros elementos del suministro.

El kilovatio hora sobrante, sin embargo, tiene otro destino.

Puede enviarse a la red en una instalación con excedentes o puede evitarse su vertido mediante un sistema específicamente configurado para ello.

El Real Decreto 244/2019, que constituye el marco básico del autoconsumo en España, diferencia precisamente entre modalidades sin excedentes y con excedentes.

Más adelante dedicaremos una entrada completa a saber qué ocurre con esa electricidad sobrante y cuánto puede valer realmente.

La red eléctrica sigue estando ahí

Este es uno de los puntos en los que más fácilmente podemos crear una imagen equivocada.

Una vivienda con autoconsumo solar conectado a red no se ha convertido en una isla eléctrica.

La red sigue desempeñando un papel fundamental.

Cuando necesitamos más energía de la que producen nuestros paneles, la red suministra la diferencia.

Cuando no existe generación solar, como ocurre durante la noche, y no disponemos de almacenamiento suficiente, la electricidad procede de la red.

Y cuando producimos más de lo que consumimos, en las modalidades correspondientes la red puede recibir ese excedente.

Por tanto, la relación no es:

paneles o red.

Normalmente es:

paneles y red funcionando de manera complementaria.

En Canarias esta realidad merece especial atención. Los sistemas eléctricos insulares necesitan integrar cada vez más generación renovable y distribuida, pero siguen necesitando redes, mecanismos de regulación, almacenamiento y recursos capaces de garantizar el equilibrio permanente entre generación y consumo.

Ya he tratado esta visión más amplia en otras reflexiones sobre la transición energética en Canarias y sobre las comunidades energéticas en Tenerife.

El autoconsumo no compite necesariamente con el sistema eléctrico. Forma parte de él.

Producción y consumo a lo largo del día: Infografía que compara la producción solar y el consumo eléctrico durante el mediodía, la tarde y la noche, mostrando excedentes y apoyo de la red.

¿Qué mide entonces el contador?

Otro error frecuente es imaginar que el contador situado en nuestra vivienda está midiendo toda la producción fotovoltaica.

No necesariamente.

En términos generales, el equipo de medida situado en el punto de conexión registra los intercambios de energía con la red: cuánto tomamos de ella y, cuando corresponde, cuánto enviamos.

La producción total de los paneles puede conocerse mediante la monitorización del inversor u otros equipos de medida de la propia instalación.

Supongamos que durante una hora nuestras placas producen 4 kWh y en casa consumimos simultáneamente 3 kWh.

Esos 3 kWh pueden aprovecharse directamente.

Solo el kilovatio hora sobrante tendría que salir hacia la red si la instalación permite excedentes.

Por eso no debemos confundir tres magnitudes:

producción fotovoltaica,
autoconsumo,
excedentes.

Más adelante veremos que esa diferencia tiene consecuencias económicas muy importantes.

Con excedentes y sin excedentes

La normativa distingue dos grandes modalidades.

En una instalación de autoconsumo sin excedentes, existe un sistema que evita que la energía sobrante sea vertida a la red.

Si la vivienda consume poco y los paneles podrían producir más, el sistema limita la generación para que no haya inyección hacia el exterior.

En una instalación de autoconsumo con excedentes, la energía que no utilizamos puede incorporarse a la red, de acuerdo con las condiciones correspondientes.

Dentro de esta segunda modalidad pueden existir diferentes tratamientos económicos y administrativos.

No vamos a desarrollarlos todavía.

La razón es sencilla: si empezamos en esta primera entrada a hablar de compensación, precios de excedentes, mercado eléctrico y facturación, acabaremos mezclando demasiadas decisiones distintas.

Antes necesitamos dominar una idea fundamental:

el mejor kilovatio hora solar no es necesariamente el que producimos, sino el que podemos aprovechar adecuadamente.

Tener placas no significa necesariamente tener electricidad durante un apagón

Llegamos probablemente al malentendido técnico más importante.

Tenemos una vivienda con paneles solares.

Es mediodía.

El sol brilla.

Los paneles están produciendo perfectamente.

De repente se produce un apagón en nuestra zona.

¿Seguimos teniendo electricidad?

En una instalación convencional conectada a red, lo habitual es que no.

Las instalaciones generadoras conectadas a la red incorporan protecciones destinadas a evitar que continúen energizando una parte de la red cuando esta ha perdido tensión. Es una condición necesaria para la seguridad y para el correcto funcionamiento del sistema eléctrico.

Eso significa que la existencia de generación fotovoltaica no garantiza por sí sola que nuestra vivienda continúe alimentada durante una interrupción exterior.

¿Puede diseñarse una instalación que mantenga determinados consumos?

Sí.

Pero necesita equipos, funciones de separación y una arquitectura preparada específicamente para trabajar de esa manera. Una batería puede formar parte de esa solución, aunque disponer de batería tampoco significa automáticamente disponer de respaldo.

Esta cuestión merece tanta atención que será la protagonista de la entrada 6.

Por ahora basta recordar tres conceptos que no son equivalentes:

autoconsumo ≠ autonomía ≠ respaldo.

¿Y una batería cambia todo esto?

Puede cambiar muchas cosas, pero no todas.

Una batería permite almacenar parte de la energía disponible en determinadas horas para utilizarla posteriormente.

Eso puede aumentar nuestro grado de aprovechamiento de la generación fotovoltaica.

Pero para saber si tiene sentido necesitamos responder primero a varias preguntas:

¿Tenemos excedentes suficientes para cargarla?

¿Cuándo consumiremos esa energía?

¿Qué capacidad necesitamos?

¿Qué pérdidas existen?

¿Cuántos ciclos realizará?

¿Cuál es su coste?

¿Qué ahorro adicional proporciona?

Por eso tampoco vamos a resolver hoy la pregunta de si necesitamos batería.

Lo haremos en su momento con números.

Una batería puede ser técnicamente magnífica y, aun así, estar sobredimensionada para una vivienda concreta.

Placas solares y apagones: Infografía que explica por qué una instalación fotovoltaica convencional conectada a red deja de alimentar la vivienda durante un apagón y diferencia autoconsumo, autonomía y respaldo.

Más paneles tampoco significan automáticamente mejor autoconsumo

Otra idea que conviene dejar planteada desde esta primera entrega es la diferencia entre producir más y aprovechar mejor.

Si duplicamos el número de paneles, probablemente aumentaremos considerablemente nuestra producción anual.

Pero si gran parte de esa producción adicional aparece precisamente en horas en las que la vivienda ya tiene cubierto todo su consumo, aumentarán también los excedentes.

Eso puede seguir teniendo sentido.

O puede no tenerlo.

Dependerá del coste de la instalación, del valor de esos excedentes, del perfil de consumo y de otros factores.

Por eso la pregunta adecuada no será:

¿Cuántas placas caben en mi tejado?

La pregunta será:

¿Cuántas placas tienen sentido para la forma en que utilizo la electricidad?

Llegaremos a esa cuestión en la tercera entrega.

Autoconsumo con criterio significa entender primero

El autoconsumo fotovoltaico es una herramienta extraordinaria para aprovechar una fuente renovable disponible en nuestras propias cubiertas, reducir energía comprada a la red y participar directamente en la transición energética.

Pero no necesitamos exagerar sus virtudes para defenderlo.

Una instalación conectada a red sigue necesitando esa red.

Una batería no garantiza por sí sola respaldo.

Más paneles no significan automáticamente una inversión mejor.

Los excedentes no tienen necesariamente el mismo valor económico que la energía autoconsumida.

Y dos viviendas con exactamente el mismo consumo anual pueden necesitar soluciones muy diferentes.

Esa es precisamente la razón de ser de Autoconsumo con criterio.

En la Guía de autoconsumo iremos reuniendo todas las entregas para que puedan consultarse siguiendo un recorrido lógico. La página ya sirve como índice permanente de la serie.

Y el siguiente paso no será hablar todavía de paneles.

Será mirar nuestra factura, nuestros datos horarios y nuestros hábitos.

Porque antes de preguntarnos cuánta electricidad solar queremos producir necesitamos saber algo mucho más importante:

cuánta electricidad consumimos y, sobre todo, cuándo la consumimos.

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