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Prosperidad turística canaria: ¿quién gana realmente?

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Zona turística costera de Canarias con hoteles, playas, visitantes y trabajadores del sector, reflejo del contraste entre actividad turística y vida cotidiana.

Prosperidad turística canaria: Canarias gana más, pero ¿quién está ganando realmente?

La prosperidad turística canaria vuelve a ofrecer cifras difíciles de discutir. Durante el segundo trimestre de 2026, quienes visitaron las islas gastaron 4.851 millones de euros, un 10,2% más que un año antes. El gasto medio diario alcanzó los 181 euros. Son buenos datos económicos y sería absurdo negarlo. La pregunta empieza después: ¿cuánto de toda esa riqueza termina convirtiéndose en mejores salarios, vivienda accesible, empresas locales más fuertes, servicios públicos suficientes y calidad de vida para quienes vivimos aquí? Según la Encuesta sobre Gasto Turístico del ISTAC, el gasto sigue creciendo con fuerza.

Durante demasiado tiempo hemos juzgado el éxito del turismo contando visitantes, pernoctaciones, ocupación hotelera y millones gastados. Todos son indicadores necesarios. Ninguno responde, sin embargo, a la cuestión distributiva. Y esa debería ser ya una pregunta central del modelo económico canario.

No se trata de enfrentar turismo y población residente. Tampoco de repetir que «el turismo no deja nada», porque es falso. El turismo genera empleo, actividad empresarial, impuestos y demanda para multitud de sectores. Lo que necesitamos saber es algo mucho más exigente: quién captura el valor adicional cuando el turismo consigue producir cada vez más dinero con un volumen de actividad relativamente estable.

Canarias ya no busca solamente más turistas: busca más valor

El cambio de estrategia es visible. El último estudio IMPACTUR estima que el turismo aportó en 2025 unos 23.375 millones de euros a la economía canaria, equivalentes al 37,7% del PIB. Calcula además 413.064 empleos directos e indirectos y un aumento de la productividad del empleo turístico del 21,3% desde 2019. El estudio está elaborado por Exceltur y la Consejería de Turismo y Empleo utilizando, entre otras fuentes, información del ISTAC y del INE. Puede consultarse aquí el estudio IMPACTUR 2024 y avance 2025.

También ha aumentado considerablemente la capacidad de generar ingresos con cada habitación. IMPACTUR sitúa el ingreso por habitación disponible —el conocido RevPAR— en 121 euros en 2025, aproximadamente un 50,8% por encima de 2019. El ISTAC, utilizando su propia metodología para hoteles y apartamentos, calculó además que estos establecimientos facturaron 5.929,4 millones de euros en 2025, un 6,5% más que el año anterior, pese a que las pernoctaciones disminuyeron un 1,2%.

Ahí hay un cambio importante. Canarias está consiguiendo crecer más por precio, categoría, gasto y rentabilidad que simplemente por acumulación de noches. Desde una perspectiva económica y territorial, avanzar hacia mayor valor y no hacia un crecimiento infinito del número de visitantes puede tener sentido.

Pero precisamente por eso cambia también la pregunta política. Si producimos más valor con cada turista, ¿cómo se reparte ese valor adicional?

Infografía sobre el aumento del gasto turístico en Canarias, con datos de gasto total, gasto diario por turista y porcentaje de visitantes con paquete turístico.

El PIB turístico tampoco nos dice quién recibe el dinero

Conviene detenerse en una distinción que suele desaparecer del debate. Que el turismo genere 23.375 millones de PIB en Canarias no significa que esos 23.375 millones terminen en los bolsillos de los residentes.

El propio IMPACTUR descompone ese PIB turístico de 2025. Aproximadamente 11.037 millones corresponden al excedente bruto de explotación, 10.918 millones a remuneración de asalariados y 1.419 millones a impuestos sobre los productos. Es decir, alrededor del 47,2% del valor se sitúa en el excedente de explotación, otro 46,7% en remuneraciones laborales y el resto en impuestos sobre productos.

Hay que ser extremadamente cuidadosos con esta cifra. El excedente bruto de explotación no es equivalente al beneficio neto empresarial ni significa que los accionistas se lleven 47 euros de cada cien. Es una magnitud de contabilidad nacional anterior a diversos costes, amortizaciones, intereses, rentas y otras partidas.

Pero sí nos permite plantear una cuestión legítima: cuánto del aumento de productividad y rentabilidad termina trasladándose al trabajo y cuánto remunera al capital, la propiedad y la actividad empresarial.

Y aquí aparece un contraste que merece atención. El INE situó en 2024 el salario medio mensual bruto de Canarias en 2.051,70 euros, el más bajo entre las comunidades autónomas. Además, el 38,2% de los asalariados canarios percibía menos de 1.582,20 euros mensuales. Los datos proceden del Decil de salarios de la EPA del INE.

No sería correcto comparar mecánicamente el aumento del RevPAR con la evolución de los salarios: son magnitudes diferentes. Pero tampoco resulta razonable ignorar que la rentabilidad, la productividad y el valor generado están creciendo intensamente mientras Canarias continúa ocupando las últimas posiciones salariales.

¿Quién está detrás de ese valor?

Aquí el asunto se vuelve más interesante porque no existe un único «dueño del turismo canario». La estructura hotelera está relativamente fragmentada. Un estudio de Colliers señala que los diez mayores operadores gestionan alrededor del 31% de las habitaciones. Encabezan la clasificación RIU, Barceló, H10, Lopesan, Meliá y Princess.

Además, gestionar un hotel no significa necesariamente ser propietario del inmueble. Puede existir un propietario que obtiene la rentabilidad del activo, una compañía que lo gestiona, una marca que cobra por su utilización, un banco que financia la operación y una plataforma digital que recibe una comisión por conseguir al cliente.

Las estructuras empresariales ayudan a entenderlo. Barceló, por ejemplo, no se limita al negocio hotelero. Su grupo integra también Ávoris, donde encontramos Travelplan en turoperación, Iberojet en transporte aéreo, Welcomebeds en distribución hotelera y servicios receptivos en destino. Un mismo grupo puede, por tanto, estar presente en diferentes eslabones del viaje.

RIU presenta otra estructura interesante. La familia Riu adquirió en 2021 la participación de TUI en un conjunto de activos hoteleros, pero TUI mantiene el 50% de RIUSA II, sociedad de explotación hotelera compartida con RIU. Es una relación que conecta directamente alojamiento y uno de los mayores grupos turísticos europeos.

Infografía que muestra cómo se reparten 100 euros de gasto turístico entre alojamiento, transporte, alimentación, compras, ocio y otros conceptos.

Las otras empresas

También existe capital genuinamente canario. Lopesan nació en Gran Canaria a partir de Hijos de Francisco López Sánchez y se ha convertido en un holding internacional con actividades hoteleras, construcción, agricultura e industria agroalimentaria. Su existencia desmonta cualquier relato simplista según el cual toda la rentabilidad turística se dirige necesariamente hacia empresas de fuera de las islas.

Meliá, por su parte, es una compañía cotizada. La CNMV registra actualmente una acción concertada que agrupa un 54,805% de sus derechos de voto a través de varias sociedades vinculadas a su núcleo accionarial histórico. La estructura accionarial puede consultarse en la CNMV.

El paisaje, por tanto, es bastante más complejo que una confrontación entre «empresarios extranjeros» y «trabajadores canarios». Hay capital local e internacional, empresas familiares y cotizadas, operadores, propietarios inmobiliarios y fondos de inversión. Lo relevante es qué proporción de la renta permanece finalmente en la economía residente y cómo se distribuye dentro de ella.

El intermediario que no vemos cuando miramos un hotel

Hay otra parte del negocio que permanece casi invisible para el ciudadano. El 47,2% de los turistas que visitaron Canarias en el segundo trimestre de 2026 llegó mediante un paquete turístico que incluía, como mínimo, transporte y alojamiento vendidos a un precio indivisible.

Eso significa que no podemos observar la factura de un hotel y concluir dónde terminó el dinero del visitante. Antes de llegar a Canarias pueden haber participado turoperadores, agencias, aerolíneas, distribuidores y plataformas.

Booking es un buen ejemplo del poder de esta intermediación. La CNMC determinó que su cuota dentro del mercado español de intermediación hotelera mediante agencias de viajes online osciló entre el 70% y el 90% durante el periodo investigado. La plataforma cobra a los establecimientos una comisión sobre las reservas realizadas a través de ella. El dato corresponde al mercado español de OTA, no específicamente a Canarias, pero ilustra cuánto poder económico puede concentrarse fuera del establecimiento que finalmente presta el servicio. La CNMC explica aquí su investigación sobre Booking.

Ésta es una de las razones por las que todavía no podemos responder con rigor a una pregunta aparentemente sencilla: de cada cien euros gastados gracias al turismo canario, ¿cuántos terminan siendo renta de residentes en Canarias?

No he encontrado una estadística pública reciente que permita ofrecer ese porcentaje. Y sería irresponsable inventarlo.

Infografía sobre el reparto del valor añadido turístico en Canarias entre excedente bruto de explotación, remuneración de asalariados e impuestos.

El dinero también está en el valor de los activos

Hay otra forma de riqueza menos visible que la facturación diaria: la revalorización del patrimonio turístico. Canarias concentró en 2025 1.039 millones de euros de inversión hotelera, el mayor volumen de España según Colliers. El mismo análisis describe un mercado de alta ocupación, oferta relativamente contenida y creciente atractivo para cadenas e inversores. El informe Destino Islas de Colliers analiza este fenómeno.

Cuando un hotel aumenta sus ingresos futuros esperados, aumenta también el precio que un inversor está dispuesto a pagar por ese activo. Esa revalorización crea patrimonio para sus propietarios aunque no aparezca directamente en las estadísticas salariales.

No hay nada ilegítimo en ello. Quien invierte capital asume riesgos y espera obtener una rentabilidad. La cuestión política surge cuando preguntamos si el aumento del valor de los activos, de la productividad y del gasto turístico encuentra una correspondencia suficiente en las condiciones materiales de la sociedad que soporta y hace posible esa actividad.

Vivienda vacacional: una caída que todavía no podemos interpretar como victoria

En julio de 2026 el ISTAC contabilizó 39.678 viviendas vacacionales disponibles en las plataformas digitales analizadas, un 15% menos que un año antes. También descendieron un 16% las plazas disponibles. La estadística experimental del ISTAC puede consultarse aquí.

La cifra parece inicialmente una buena noticia para la vivienda residencial, pero debemos contener la tentación de interpretar más de lo que los datos permiten. Una vivienda que deja de estar ofertada en las plataformas analizadas por el ISTAC no tiene por qué haber regresado necesariamente al alquiler residencial. Puede haber cambiado de canal, estar temporalmente fuera de mercado o haber modificado su utilización.

Además, el marco regulatorio acaba de cambiar. La Ley 6/2025 de Ordenación Sostenible del Uso Turístico de Viviendas fue modificada en agosto de 2026 por la Ley 7/2026, que alteró varios de sus preceptos y disposiciones transitorias. El BOE recoge aquí las modificaciones de la normativa canaria.

Por eso conviene relacionar estos datos con algo que ya he defendido al analizar la moratoria turística en Canarias y el problema de la vivienda asequible en las islas: aumentar o reducir una determinada oferta turística no resolverá por sí solo la vivienda. Importan también el precio, la renta de los hogares, la oferta residencial permanente, el suelo, las compras de inversión y las políticas públicas.

Una economía que crece junto a una sociedad que sigue apretada

Aquí aparece la contradicción que explica buena parte del malestar canario.

En 2025, el 31,2% de la población de Canarias seguía en riesgo de pobreza o exclusión social. La mitad de la población no podía afrontar un gasto imprevisto y el 39% no podía permitirse una semana de vacaciones al año. Son datos oficiales del ISTAC. La Encuesta de Condiciones de Vida de 2025 puede consultarse aquí.

Esto no demuestra que el turismo provoque pobreza. Sería una conclusión intelectualmente insostenible. El empleo turístico contribuye precisamente a reducir desempleo y pobreza en muchas familias y produce importantes efectos indirectos sobre comercio, construcción, servicios empresariales o alimentación.

Lo que sí demuestra es algo diferente: un crecimiento extraordinario de nuestra principal actividad económica no garantiza por sí solo que desaparezcan los problemas estructurales de distribución de la renta.

Es una contradicción que ya aparecía en Canarias ante el espejo: crecer no basta si la vida sigue apretando. El problema no consiste solamente en cuánto crece la economía, sino en qué mecanismos convierten ese crecimiento en bienestar cotidiano.

Infografía con indicadores para medir si el crecimiento turístico mejora los salarios, la vivienda, la economía local, los servicios públicos y la calidad de vida de los residentes.

Los propios canarios entienden perfectamente la contradicción

Quizá uno de los datos más reveladores proceda de la propia opinión pública. Según la encuesta ECOSOC del ISTAC, el 76,4% de los residentes considera que el turismo contribuye al desarrollo económico de Canarias y el 68,2% cree que atrae inversiones.

Al mismo tiempo, el 76,6% considera que encarece la vivienda, el 69,1% que aumenta el coste de la vida y el 61,9% que genera empleo precario. Entre los jóvenes de 18 a 34 años, el 87,2% relaciona turismo y encarecimiento de la vivienda. El informe completo de percepción turística del ISTAC está disponible aquí.

Esa respuesta social me parece mucho más madura que buena parte del enfrentamiento político.

Canarias no está diciendo simplemente que rechaza el turismo. Está diciendo que reconoce perfectamente su importancia económica y, simultáneamente, percibe problemas serios en el reparto de sus beneficios y de sus costes.

Necesitamos otro cuadro de mando

Aquí está, a mi juicio, el verdadero problema. Tenemos magníficas estadísticas para conocer cuántos turistas llegan, cuánto gastan, dónde duermen, cuántas noches permanecen y cuánto factura una habitación. Pero sabemos mucho menos sobre cuánto bienestar residente produce todo ese movimiento.

Canarias debería incorporar un nuevo cuadro de mando que acompañara a las cifras tradicionales:

IndicadorLa pregunta que debería responder
Renta turística residente¿Qué parte del valor turístico termina en hogares y empresas residentes?
Participación salarial¿Cómo evoluciona la remuneración del trabajo respecto a productividad y valor añadido?
Compra local¿Qué porcentaje de la cadena de suministro se contrata dentro de Canarias?
Balance fiscal neto¿Cuánto ingresa el sector público por turismo y cuánto cuesta atender la presión adicional que genera?
Vivienda y coste de vida¿Cómo evoluciona la accesibilidad residencial en los principales territorios turísticos?
Bienestar residente¿Mejoran renta disponible, servicios públicos y calidad de vida al mismo ritmo que el negocio turístico?

IMPACTUR calcula, por ejemplo, que la actividad turística generó unos 4.107 millones de euros de ingresos fiscales en 2025. Es una aportación enorme. Pero todavía necesitamos un balance suficientemente completo que contraste esos ingresos con los costes públicos adicionales asociados a infraestructuras, movilidad, agua, residuos, seguridad, sanidad, territorio y otros servicios.

Medir esto no sería ir contra el turismo. Sería exactamente lo contrario: permitiría defender con datos qué turismo nos interesa y corregir aquello que no funciona.

El verdadero récord que Canarias debería perseguir

Canarias necesita el turismo. Negarlo sería desconocer nuestra estructura económica, nuestro empleo y nuestra historia reciente. Pero necesitar una actividad no obliga a renunciar a discutir cómo funciona.

El debate maduro ya no debería enfrentar a quienes quieren turismo contra quienes supuestamente quieren destruirlo. Debería enfrentar dos formas de entender el éxito.

Una consiste en seguir celebrando cada récord de visitantes, gasto, ocupación, RevPAR o inversión.

La otra exige algo más difícil: que esos récords puedan reconocerse también en las nóminas, en la capacidad de emanciparse, en la vivienda que puede pagar una familia, en unos servicios públicos suficientes, en empresas locales capaces de crecer y en una sociedad con menos pobreza.

Mi posición es clara. El turismo debe seguir creando riqueza en Canarias, pero el éxito de nuestro modelo no puede medirse únicamente por la riqueza que genera. También debe medirse por la riqueza que distribuye.

Porque el mejor dato turístico no será que quien nos visita gaste cada vez más.

Será que, cuando se marche, Canarias sea un poco mejor para quienes se quedan.

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