Introducción: Un cierre de año agridulce
Diciembre siempre es un mes para hacer balance, mirar atrás y, sobre todo, proyectar qué esperamos del futuro. Si algo nos deja claro el último barómetro del CIS de diciembre de 2025, es que los españoles estamos viviendo una realidad dual. Por un lado, una ansiedad económica palpable que se niega a desaparecer; por otro, una resiliencia política que demuestra que, pese a las dificultades, la ciudadanía sigue apostando mayoritariamente por la protección social frente a los cantos de sirena de la austeridad o el populismo.
El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) se ha situado este mes en 75,9 puntos, una cifra que, aunque apenas varía respecto a noviembre, marca un descenso preocupante de 9,1 puntos si miramos al año anterior. Estamos por debajo de la barrera de los 100 puntos, lo que indica técnicamente una percepción negativa. Pero, más allá de la frialdad de los números, ¿qué nos está diciendo la calle?+2
La economía doméstica bajo asedio: Inflación y Tipos de Interés
Lo que realmente me preocupa al leer este informe no es la macroeconomía de los grandes titulares, sino la economía de la nevera y la hipoteca. La valoración de la situación actual ha bajado un 9,8% en el último año.
El dato más revelador —y alarmante— es la percepción sobre los precios. Un abrumador 62,7% de los encuestados cree que los precios crecerán aún más durante el próximo año. Esto no es solo una estadística; es el reflejo del miedo a perder poder adquisitivo, una ansiedad que golpea más fuerte a las clases trabajadoras.
Además, el fantasma de los tipos de interés sigue presente. Un 40,7% espera que sigan subiendo, lo que incide directamente en el acceso a una vivienda digna, un derecho humano que el mercado sigue tratando como un bien especulativo. Aquí es donde la transición energética juega un papel crucial: mientras sigamos dependiendo de combustibles fósiles volátiles, nuestra inflación seguirá atada a caprichos geopolíticos. Necesitamos acelerar la soberanía energética renovable no solo por el clima, sino por la estabilidad de nuestros bolsillos.
La Brecha: Lo «Mío» vs. Lo «Nuestro»
Es fascinante observar la disonancia cognitiva que muestra el estudio. Mientras que la valoración de la situación económica general del país se desploma, la valoración de la situación de los hogares es mucho más resistente, situándose en 85,1 puntos, muy por encima de la valoración económica general.
Esto sugiere que, gracias a las medidas de protección social y al escudo laboral desplegado, las familias están aguantando mejor de lo que los catastrofistas predecían. De hecho, un 41,9% de los hogares afirma que consigue ahorrar un poco de dinero cada mes. Sin embargo, no podemos conformarnos con «sobrevivir». La democracia necesita ciudadanos seguros, no angustiados.

El Tablero Político: La Resiliencia Progresista
En medio de este clima de pesimismo económico, uno esperaría un vuelco electoral masivo hacia la derecha, como suele ocurrir históricamente en tiempos de crisis de percepción. Sin embargo, el CIS de diciembre de 2025 nos muestra una fotografía política muy distinta.
En la estimación de voto más simpatía:
- El PSOE lidera con un 21,6%.
- El PP se sitúa en un 17,9%.
- Sumar mantiene un 6,4%, mientras que Podemos retiene un 3,3%.
- La extrema derecha de VOX se queda en un 10,6%.
¿Qué significa esto? Que la ciudadanía española, mayoritariamente, sigue ubicándose en el espectro progresista (la media de autoubicación es un 4,89, es decir, centro-izquierda). La gente entiende que la solución a la inflación o a la crisis de vivienda no pasa por desmantelar el Estado del Bienestar, sino por fortalecerlo.
Conclusión: Un llamado a la acción para 2026
Este informe del CIS de diciembre de 2025 debe servir como una señal de alerta para el gobierno de coalición y las fuerzas progresistas. La confianza política existe, pero es frágil. La ansiedad económica (inflación y vivienda) es el caldo de cultivo perfecto para la desafección democrática.
Para 2026, no basta con gestionar; hay que transformar. Necesitamos políticas valientes que intervengan el mercado de la vivienda para garantizar su función social y una aceleración de la transición verde que abarate la vida de la gente.
La ciudadanía está resistiendo, pero esa resistencia tiene un límite. Es hora de devolver la esperanza con hechos, asegurando que la recuperación llegue a todas las mesas, no solo a los balances corporativos.
¿Y tú, cómo afrontas el 2026? ¿Crees que la situación económica de tu hogar mejorará o compartes el pesimismo general? Te leo en los comentarios.
















