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Peregrinación en febrero: Candelaria ante el cambio climático

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Peregrinos caminan hacia Candelaria por un sendero de Tenerife entre un paisaje seco de verano y otro más frío, simbolizando la adaptación de la tradición al cambio climático.

Candelaria ante el cambio climático: cuando agosto obliga a mirar a febrero

Hay noticias que parecen locales y pequeñas hasta que uno se detiene a pensar en lo que realmente significan. La posibilidad de trasladar hacia el invierno la gran peregrinación popular a Candelaria pertenece a esa categoría. No estamos hablando solamente de cambiar una fecha en el calendario. Estamos contemplando cómo el cambio climático comienza a modificar costumbres profundamente arraigadas en nuestra manera de vivir las islas.

Por ahora no hay ninguna decisión adoptada. Pero la posibilidad de una peregrinación en febrero ya ha entrado en las conversaciones de quienes tienen que garantizar la seguridad de decenas de miles de personas. La alcaldesa de Candelaria, Mari Brito, confirmó el 14 de agosto que esa alternativa se ha abordado en las reuniones de seguridad ante las dificultades crecientes que plantean las altas temperaturas y el riesgo de incendios durante agosto. La información adelantada por Radio Club Tenerife deja claro que todavía se trata de una reflexión, no de un acuerdo.

Lo verdaderamente significativo es la razón que ha abierto ese debate: el clima está cambiando y nuestras tradiciones tendrán que aprender a convivir con una realidad física diferente.

La peregrinación en febrero ya está sobre la mesa

Durante generaciones, miles de personas han recorrido Tenerife durante las jornadas previas al 15 de agosto para llegar caminando hasta Candelaria. Algunos lo hacen por devoción religiosa, otros por tradición familiar y muchos sencillamente porque esta peregrinación forma parte de una cultura compartida que trasciende las convicciones personales.

El propio Ayuntamiento de Candelaria define la peregrinación como el único movimiento masivo a pie que existe actualmente en Tenerife. Se desarrolla principalmente los días 13 y 14 de agosto, aunque también existe peregrinación en otras fechas, particularmente el 1 de febrero. Es decir, pensar en febrero no supone inventar una celebración nueva ni trasladar artificialmente una costumbre a una fecha extraña a su historia.

Además, el 2 de febrero es la solemnidad propia de Nuestra Señora de Candelaria. El Ayuntamiento recuerda que durante esa jornada tienen lugar los principales actos civiles y religiosos, precedidos la noche anterior por la Procesión de las Candelas, que ya congrega a personas procedentes de numerosos municipios de Tenerife.

Por eso una eventual peregrinación en febrero tendría raíces históricas y culturales suficientes. La cuestión nueva no es la fecha. Es el motivo que puede acabar dándole nuevamente protagonismo.

Candelaria: por qué se abre el debate: Infografía sobre la peregrinación a Candelaria que explica el calor, el riesgo de incendios, las restricciones de caminos y la posibilidad de reforzar la peregrinación en febrero.

Dos años consecutivos obligados a restringir los caminos

El problema dejó de ser teórico hace tiempo. Este 13 de agosto de 2026, el Cabildo de Tenerife suspendió oficialmente el tránsito de peregrinos por diez senderos y pistas forestales utilizados tradicionalmente para llegar a Candelaria. La razón fue el riesgo de incendios y la imposibilidad de asumir una concentración importante de personas en espacios forestales bajo esas condiciones.

El Cabildo recomendó como alternativa el Camino Viejo de Candelaria desde la ermita de Machado. La medida tenía carácter preventivo, pero se producía por segundo año consecutivo. En agosto de 2025 ya se habían impuesto restricciones semejantes, prohibiendo la peregrinación por zonas de monte debido al riesgo de incendios forestales.

Aquí aparece el verdadero conflicto. Una peregrinación masiva por caminos, pistas y montes necesita unas condiciones mínimas de seguridad. Cuando el calendario tradicional coincide cada vez con mayor frecuencia con episodios de temperaturas elevadas, humedad muy baja y riesgo importante de incendio, mantener las cosas exactamente como siempre dejaron de hacerse puede terminar siendo la opción menos conservadora.

Preservar una tradición no significa necesariamente congelarla.

El cambio climático antropogénico no es una opinión

Conviene detenerse aquí porque seguimos viviendo una anomalía intelectual bastante desconcertante. En algunos espacios políticos y en las redes sociales todavía se presenta el origen humano del calentamiento global como si estuviera abierto a una discusión científica equivalente a elegir entre dos interpretaciones razonables.

No lo está.

El Informe de Síntesis del Sexto Informe de Evaluación del IPCC establece que las actividades humanas, fundamentalmente mediante las emisiones de gases de efecto invernadero, han causado inequívocamente el calentamiento global. El término empleado por la comunidad científica internacional es precisamente ese: inequívoco.

La temperatura media de la superficie del planeta alcanzó aproximadamente 1,1 °C por encima del periodo 1850-1900 durante la década 2011-2020. El IPCC concluye también que el cambio climático causado por el ser humano ya está afectando a fenómenos meteorológicos y climáticos extremos en todas las regiones del planeta.

Ya abordé con más profundidad estas conclusiones en mi análisis sobre el informe del IPCC. Conviene recordarlas porque hablar de cambio climático no consiste en adscribirse a una sensibilidad política determinada. Estamos hablando de física atmosférica, balance energético, concentraciones de gases de efecto invernadero y observaciones acumuladas durante décadas.

Negar esa realidad no modifica las leyes de la física.

Lo que dice la ciencia: Infografía sobre el calentamiento global antropogénico con datos del IPCC y AEMET, mostrando su relación con el aumento de temperaturas y el riesgo de incendios forestales.

Canarias tampoco está fuera del calentamiento

El cambio climático global no significa que todos los años sean más cálidos que el anterior, ni que desaparezcan los episodios fríos, ni mucho menos que pueda atribuirse automáticamente cualquier día de calor al calentamiento antropogénico. El clima se analiza mediante tendencias prolongadas, mientras que el tiempo meteorológico describe situaciones concretas.

Esta distinción es importante también para no exagerar. No puede afirmarse sin un estudio específico de atribución que el episodio de calor que condicionó la peregrinación de 2026 haya sido causado exclusivamente por el cambio climático. Sería científicamente incorrecto.

Lo que sí sabemos es que ese episodio se produce sobre un planeta progresivamente más cálido debido fundamentalmente a la actividad humana. Y los datos españoles son suficientemente expresivos. Según AEMET, la temperatura media de España ha aumentado alrededor de 1,75 °C desde 1961, y los doce años más cálidos de la serie pertenecen ya al siglo XXI. Durante 2025 se registraron además dos olas de calor en Canarias.

El propio julio de 2026 volvió a ofrecer señales preocupantes. AEMET lo calificó como el mes más cálido de la serie histórica española, empatado con julio de 2022. En Canarias, concretamente, el mes tuvo carácter cálido o muy cálido dependiendo de las zonas.

No estamos ante una sucesión de anécdotas aisladas. Estamos observando una tendencia.

El cambio climático no prende el fuego, pero cambia las condiciones

También conviene evitar otra simplificación. El cambio climático no es quien prende una colilla, provoca una chispa eléctrica, realiza una quema imprudente o inicia deliberadamente un incendio. Muchos incendios tienen un origen directamente humano y la prevención, la limpieza forestal y una correcta gestión del territorio siguen siendo fundamentales.

Pero eso no significa que el clima sea irrelevante. Temperaturas más elevadas, sequedad ambiental y periodos favorables al fuego más intensos modifican las condiciones en las que una ignición puede convertirse en una emergencia. La Agencia Europea de Medio Ambiente advierte de que el calor extremo, las sequías y los incendios forestales empeorarán en Europa incluso bajo escenarios relativamente optimistas de calentamiento.

El propio 13 de agosto de 2026, el Gobierno de Canarias declaró la alerta por riesgo de incendios forestales en Tenerife y Gran Canaria. En determinadas zonas de Tenerife se esperaban temperaturas superiores a 30 °C, puntualmente próximas a 34 °C, junto a humedades relativas inferiores al 30 %, circunstancias que elevaban el peligro de incendio a niveles muy altos.

Cuando miles de personas tienen que atravesar espacios forestales bajo esas condiciones, una administración responsable no puede comportarse como si nada estuviera cambiando.

Adaptarse para proteger la tradición: Infografía sobre la adaptación de la peregrinación a Candelaria, con medidas para reducir riesgos, mejorar la organización y conservar la tradición en un clima cambiante.

Adaptarnos no significa resignarnos

Aquí aparece otra cuestión esencial. Frente al cambio climático existen dos grandes familias de respuestas que deben avanzar conjuntamente: mitigación y adaptación.

Mitigar significa reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para frenar el calentamiento. Implica abandonar progresivamente los combustibles fósiles, transformar la generación de energía, electrificar usos, mejorar la eficiencia y proteger los sumideros naturales de carbono. Sin una reducción profunda de las emisiones, cada décima adicional de calentamiento aumentará los riesgos. El IPCC es también inequívoco en este punto.

Adaptarse significa aceptar que una parte del cambio ya está aquí y preparar nuestras sociedades para convivir con ella. Hay que adaptar ciudades, sistemas sanitarios, infraestructuras hidráulicas, agricultura, protección civil, montes, viviendas y también determinadas actividades culturales o sociales.

Una eventual peregrinación en febrero encajaría precisamente en esta segunda dimensión. No sería una rendición ante el cambio climático. Podría ser una manera inteligente de proteger una tradición modificando determinadas condiciones para garantizar su continuidad.

Quizá dentro de unos años nos parezca evidente

Las tradiciones que sobreviven durante siglos no lo hacen porque permanezcan absolutamente inmóviles. Sobreviven porque las sociedades consiguen conservar aquello que les da sentido mientras transforman aquello que las circunstancias vuelven impracticable.

Candelaria lo sabe bien. Su peregrinación en febrero o en marzo, ha atravesado generaciones, cambios políticos, transformaciones económicas, nuevas carreteras, nuevos medios de transporte y una sociedad profundamente distinta de aquella que recorrió los primeros caminos hasta el santuario.

Ahora aparece un nuevo factor: un clima que ya no es exactamente el mismo.

Puede que finalmente la gran peregrinación continúe celebrándose en agosto. Puede que termine reforzándose febrero. También podría llegarse a alguna fórmula intermedia que distribuya de otra manera los actos y los desplazamientos. Todavía no lo sabemos y sería irresponsable presentar como decidido lo que apenas acaba de comenzar a debatirse.

Pero la conversación merece producirse.

Porque detrás de una cuestión aparentemente tan sencilla como decidir cuándo caminar hacia Candelaria hay una realidad mucho mayor. El cambio climático antropogénico ha dejado de ser una advertencia proyectada hacia finales de siglo. Empieza a entrar en nuestras ciudades, en nuestros montes, en nuestros sistemas eléctricos, en nuestra economía y hasta en nuestros calendarios.

Quizá esa sea una de las formas más sencillas de comprender lo que está ocurriendo: cuando el clima obliga a una sociedad a preguntarse si una tradición centenaria debe cambiar de estación, el cambio climático ya no pertenece al futuro. Forma parte de nuestra vida cotidiana.

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